Hereditary | Impuesto de sucesiones

Es muy inusual que una película de Sundance alejada de las majors llegue a las salas apenas cinco meses después de su presentación, pero totalmente entendible si el film en cuestión es Hereditary (íd., 2018), el último gran fenómeno del cine de terror americano. La unanimidad de críticas extremadamente positivas que hubo detrás de su estreno en el festival indie dejó a la comunidad cinéfila con muchísimas ganas de ver la opera prima de Ari Aster, creando un hype similar al de cintas como La bruja (The Witch, 2015) o It Follows (íd., 2014). He puesto como ejemplo estos dos títulos porque ambos films fueron vendidos de la misma forma y las altas expectativas jugaron en contra hasta el punto de convertirse en dos grandes decepciones. Es por eso que a la hora de ver Hereditary había ganas de disfrutarla y miedo de las expectativas a partes iguales.

La película se centra en el día a día de los Graham y sus intentos por sobrellevar la muerte de la abuela y matriarca de la familia, con quien tenían una complicada relación. No voy a decir más de ella porque es importante descubrir poco a poco todo lo que esconde la historia de Hereditary. En esta ocasión sí puedo decir que la pretendiente a “mejor película de terror de los últimos años” haya estado a la altura de las circunstancias, dejando un muy mal cuerpo constante en el espectador en múltiples ocasiones gracias a numerosos elementos que el debutante Ari Aster maneja a la perfección.

Lo que más destaca a primera vista es lo mucho que se potencia el drama familiar dentro del envoltorio de película de género. Aquello que mueve la película hacia delante es el luto de los protagonistas, y el guion se encarga de explorar esa particularmente compleja noción de la naturaleza humana a través de cada miembro de la familia por sus comportamientos y las relaciones que hay entre ellos tras la pérdida. Esa carga dramática hace que los personajes logren suscitar una empatía que te haga sufrir con ellos cuando sucesos cada vez más trágicos y espeluznantes se muestren en la gran pantalla. Estos sucesos, que sirven como puntos de giro del guion, juegan con el estado psicológico de la familia y posiblemente se conviertan en aquello que hará que algunos espectadores se enamoren irremediablemente de la película y otros la repudien tanto por la forma en que está construido todo —quizás es el punto menos fuerte del film— como por no ser en absoluto lo que esperaban. Adivinen de qué lado he caído.

Pero como se ha dicho antes, estamos ante una película de género y, además de por la historia, eso se nota en cada fotograma. Los aspectos formales hacen que Hereditary se encuentre varios peldaños por encima de algunas de las propuestas de terror más recientes. los encuadres y movimientos de cámara nada aleatorios logran conducirte por el hogar familiar con destreza e inteligencia, mientras que el nivel de detalle de la puesta en escena es muy notable, casi tanto como el de las espectaculares miniaturas que construye la madre de familia y que se aprovechan ampliamente durante la película de forma simbólica. La atmósfera que se consigue construir a través del sonido, con inquietantes efectos sonoros y la banda sonora de Colin Stetson, y la imagen, con la oscura fotografía de Pawel Pogorzelski e interesantes juegos de luces, contribuye en buena medida a crear ese sentimiento de malestar que tanto deseamos los fans del género. Y todo esto sin recurrir a scare jumps baratos, lo cual habla bastante bien del éxito de Aster en sus intentos de alejarse del terror de baratillo.

Por último, hay que destacar ámpliamente el trabajo de un reparto que deseo con todas mis fuerzas llegue a la temporada de premios dentro de medio año. Toni Collette llevaba unos cuantos papeles sin convencerme demasiado, por lo que la visceral interpretación que hace de la desesperada Annie resulta una agradable sorpresa. Aunque una de las grandes revelaciones es el otro miembro femenino de la familia: Charlie. La hija pequeña, a la que da vida Milly Shapiro, se convierte en la figura más icónica de la película en cada escena en la que aparece, todo gracias a su apariencia absolutamente malrollera y su inquietante chasquido bucal. El personaje de Gabriel Byrne cumple su función de pilar familiar pero no llega a tener demasiado peso ni espacio para brillar, mientras que Alex Wolff empieza como un adolescente del montón y su progresiva fractura emocional deja escenas en las que logra destacar bastante.

Pese a que a España llega de la mano de la distribuidora DeAPlaneta, Hereditary es un producto de A24 al otro lado del charco, una compañía que se está convirtiendo en la reina del panorama indie y de autor en Estados Unidos, al menos en términos de calidad. Además de por motivos reivindicativos a favor de A24, quería traer esto a colación porque su última película me recuerda muchísimo —salvando las distancias— a aquél film que precisamente estrenaron más o menos por estas mismas fechas hace un año y que también entusiasmó a un servidor: Llega de noche (It Comes at Night, 2017). Ambas cintas de terror tienen a talentosos directores de nueva generación que brillan en la puesta en escena y a la hora de generar los componentes del cine de género a través de potenciar el drama de los personajes, logrando que su estado psicológico y emocional forme parte de la experiencia. [★★★★]

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