Hitman: Agente 47 | La consola se ha roto

Las adaptaciones de videojuegos en la gran pantalla casi nunca han gozado de una buena recepción entre el público y la crítica. Tan solo es necesario hacer una búsqueda rápida en Google con los términos “videojuego” y “adaptación” para empezar a navegar entre discusiones eternas sobre cuál es la peor de todas. No obstante, es curioso -y quizás hasta sintomático- que, en la mayoría de ocasiones, las críticas más feroces recaen sobre los títulos más populares. Lo cierto es que el panorama ha sido, hasta el día de hoy, bastante negativo, y Hitman: Agente 47 (íd., 2015) no ha hecho ningún mérito para insinuar que esta corriente podría empezar a cambiar.

El alemán Aleksander Bach debuta en la dirección de esta película de acción que marca el regreso -en forma de reboot- del Agente 47 al cine. Curiosamente, a pesar de ser el punto de reinicio con el que quizás se abra las puertas a una saga de películas sobre Hitman, el guión de Agente 47 está firmado por Skip Woods, quien también escribió la entrega original del 2007, decisión un tanto inexplicable, ya que la película de ese año obtuvo críticas fuertemente negativas.

Pero ¿cuál es la historia que narra Hitman: Agente 47? Me atrevería a decir que no hay historia. O mejor dicho, que no importa. Son solo puntos muy vagos marcados en la pizarra de algún ejecutivo del estudio que se fueron siguiendo sin interés alguno en el desarrollo de una historia o la evolución de los personajes. El esquema de “mercenario anti héroe se enfrenta a gran corporación con la que antes tuvo una relación conflictiva” es la única forma de resumir esta película. Y no por el temor al spoiler, sino porque no hay nada más que decir sobre ella, salvo decir que está repleta de clichés, versión cutre de la cita más famosa de El caballero oscuro (The Dark Knight, 2008) incluída.

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Sin embargo, esto parece ser algo que Aleksander Bach asume y, además, asume de la mejor manera. Es consciente de que esta es una película de acción, una película sobre un asesino virtualmente invencible, pero parece saber sobre todo que aquí la gente ha venido a ver tiros. En ese sentido, las escenas de acción son decentes, entretenidas, pero en ocasiones ilegibles y, precisamente por esa ausencia de una historia mínimamente convincente y atractiva, algunas de ellas se quedan en un número musical insípido y hasta inverosímil. ¿Es tanto pedir que haya más escenas de acción que sean entretenidas y al mismo tiempo conduzcan la historia hacia adelante? ¿Es tanto pedir más pinceladas de lo que vimos en películas como Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road, 2015,) o Kingsman: Servicio secreto (Kingsman: The Secret Service, 2014)?

Bajo la piel del Agente 47, Rupert Friend hace un buen trabajo con lo que se le entrega sobre el papel, y es una lástima que su personaje se quede a medio camino de ser alguien con un mínimo de carisma o con alguna seña de identidad personal más allá de ir disfrazado como el personaje que interpreta. Es una pena, también, que el reparto esté integrado por actores que pueden dar la talla: Zachary Quinto, el villano de esta cinta, está desperdiciado, al igual que Thomas Kretschmann en su papel de mente maestra detrás del malévolo Sindicato Internacional. Los modelados en 3D y los gráficos están bien en los videojuegos, pero que alguien le diga a la gente detrás de este largometraje que también es necesario tener personajes bien escritos.

Quizás habría que hablar con un estudioso del cine de Uwe Boll para preguntarle por qué es que las adaptaciones de videojuegos no parecen funcionar nunca. Francamente, yo sigo pensando que el problema reside en conocer el medio y saber escoger las herramientas para contar una historia compleja, interesante y atractiva. Y Hitman: Agente 47 no tiene nada de eso. [3]

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