Ice Age: El gran cataclismo | Las quintas partes nunca fueron buenas

El acierto más grande de aquella primera película que lo inició todo para la franquicia de Ice Age fue que, aparte de construir una emotiva y conmovedora historia sobre lo que significaba encontrar una familia (en esta gran y extraña jungla que es la vida, además), y aparte de transmitir efectivamente ese mensaje de respeto a lo que es diferente, del abandono de los prejuicios, y la valoración de la amistad, la película dirigida por Chris Wedge y Carlos Saldanha era un impecable trabajo de animación. Lo que en BlueSky deberían haber entendido ya, sin embargo, es que la fórmula de la original no se ha podido repetir con ninguna de sus secuelas y, como es lógico a estas alturas, la franquicia ha perdido tanto fuelle que lo mejor es colgar las botas y pasar al digno retiro cuanto antes.

No sé ya si sea eso una posibilidad, dado que estamos ante la quinta entrega de esta saga. Se han hecho cinco películas de esta pandilla de inusuales compañeros. Cinco. Piensa en eso un segundo, porque hay gente que no sabe que se siguen haciendo películas de Ice Age, que han perdido ya la cuenta. ¿Estamos esperando a que estas producciones de animación sean como las Fast and Furious para menores de diez años? ¿Hasta cuándo vamos a seguir a estos personajes? ¿Es Ice Age acaso, después de todos estos años, la nueva En busca del Valle Encantado (The Land Before Time, 1988)? ¿Alguien se acuerda ya de lo que pasaba en las secuelas de esa otra saga que terminó siendo material del directo-a-vídeo?

Pero, vamos por partes, porque la mera existencia de Ice Age: El gran cataclismo (Ice Age: Collision Course, 2016) es más compleja de lo que parece. Esta aventura nos lleva otra vez junto a Sid (que sigue siendo torpe y vago), Manny (que ahora tiene familia y se ha convertido en una versión increíblemente light de Robert De Niro en Los padres de ella (Meet the Parents, 2000)), y Diego (que ahora tiene pareja y pondera la idea de tener hijos con ella). Todos ellos llevan una vida lo más típica y normal posible hasta que se dan cuenta de que un asteroide está a punto de impactar con la Tierra, poniendo en peligro toda su existencia. ¿El causante de todo esto? Scrat, la ya icónica ardillita (cuyo papel es el de un deus ex machina constante, y cuyas escenas son lo mejor de la película), quien debido a su imparable ímpetu por encontrar su avellana ha provocado precisamente a lo que hace referencia el título: un gran cataclismo.

tumblr_oadhbv0vc11qc7b3so1_540

Y aquí empiezan los problemas. No es sólo que esta sea una película típica, que se vuelve a mover sobre la trillada trama de que los animales protagonistas deben sobrevivir a este tipo de debacles trabajando en equipo, haciendo largos viajes en medio de los cuales van resolviendo sus diferencias, y en los que siempre, antes de llegar al final, encuentran una solución milagrosa para salvarse de la devastación. Sino que los toques de humor y las escenas destinadas a causar la carcajada del espectador son de un nivel francamente bajo. El cliché, la predictibilidad y un falso sentido de la oportunidad convierten una película como esta en una pastilla excesivamente ligera de tragar. Tan ligera que, realmente, ni se siente ni sabe a nada.

Tiene puntos a favor, también hay que decirlo, por supuesto. Tales como el regreso de Buck, personaje doblado por un genial y carismático Simon Pegg, quien entra en escena con un número musical que desgraciadamente deja al espectador anhelando por un conjunto cinematográfico de mejor calidad que envuelva propiamente esa secuencia, brillante de principio a fin. Y hay algo que no puedo dejar de preguntarme en relación al sentido del humor de esta película: ¿la razón por la que no conecto con ello es porque mientras yo he crecido, las películas han decidido enfocarse cada vez más en un público menor? ¿Cómo puede ser que Zootrópolis (Zootopia, 2016) y Buscando a Dory (Finding Dory, 2016) me parezcan dos de las películas que más me han entretenido en el cine este año y esta me parezca tan mediocre? ¿La diferencia acaso reside en que mientras los productos de Disney son películas familiares, El gran cataclismo es una película para niños?

Bueno, sí y no. Porque no se puede negar que hay algo en esta quinta película de Ice Age que intenta contentar también a público que no ronde los diez años. ¿O acaso los niños saben ya quién es Neil DeGrasse Tyson y entienden las referencias a aquella maravilla documental llamada Cosmos: A Space Time Odissey? Así que el problema —y volvemos al inicio— recae fundamentalmente en que a El gran cataclismo le afecta ya la edad de la franquicia, el trajín de los años, y una clara falta de ideas. Y es que cuatro películas nos separan del acierto más grande, y probablemente el único acierto que valga la pena recordar, de toda la saga. Y es que, claro, quién dijo que las quintas partes son buenas. [★★]

0 thoughts on “Ice Age: El gran cataclismo | Las quintas partes nunca fueron buenas

  1. Aún no he visto la película, pero puede que sea sólo cosa de gustos. Zootopía, si bien no es mala, me pareció excesivamente “Disney”, con un mensaje (casi majadero) sobre la tolerancia. De todas formas, las anteriores “Era de Hielo”, si bien han comenzado a apuntar a publicos menores, no me parece que pierdan su gracia (al menos yo me sigo riendo) y la historia ha cumplido, cerrando de manera redonda la trama.

    1. Evidentemente es una cuestión de gustos, claro. Por eso, para mí, las películas de esta saga han sufrido un desgaste tremendo. No se puede coincidir en todo. Por ejemplo, yo no comparto para nada que el mensaje de Zootopia sea majadero. Y, además, creo yo que es una película que sabe trabajar sobre su mensaje para crear una trama entretenida y con personajes originales. Pero, eh, lo dicho, es todo cuestión de gustos al final. A mí me puede gustar Louie C.K. y tú puedes preferir a Kevin Hart. Cuestión de gustos.

Comentarios