Independence Day: Contraataque | Diversión descerebrada

No es ninguna novedad el hecho de que Hollywood está falto de ideas originales desde hace tiempo. Ya sea por adaptaciones de videojuegos, libros, series de televisión o apps de móviles; universos cinemáticos compartidos o numerosas secuelas con el objetivo de sacar el máximo beneficio a partir del éxito de filmes previos. Sin embargo, parece que cada vez más se está recurriendo a resucitar franquicias que hace muchos años fueron exitosas. Jurassic World  (íd., 2015) y Star Wars: El despertar de la fuerza (Star Wars: The Force Awakens, 2015) consiguieron rentabilizar al máximo la nostalgia de aquellos que crecieron con ellas, algo que intentará Cazafantasmas (Ghostbusters, 2016) y que —tras las primeras cifras de taquilla— no parece haber funcionado del todo con el renacimiento de una de las películas más míticas de los 90, Independence Day: Contraataque (Independence Day: Resurgence, 2016).

Hace ya veinte años que se estrenó Independence Day (íd., 1996), un blockbuster que en su momento fue todo un hito a nivel de efectos especiales y que combinando una invasión alienígena y una disaster movie consigue concentrar la esencia del cine comercial de los noventa. Estos mismos veinte años son los que han pasado en el universo de la “franquicia” desde que los aliens llegaron para invadir la Tierra. Obviamente, la humanidad consiguió ganar aquella primera batalla —si no, no habría secuela— y desde entonces todo el planeta ha unido fuerzas para reconstruir ciudades y se ha preparado para hacer frente a un posible regreso con la tecnología que los extraterrestres dejaron. Un regreso que se produce en ID: Contraataque, esta vez con una nave más grande y letal, lo que produce una destrucción más catastrófica.

Hablando claro, ID: Contraataque es, a grandes rasgos, un remake/reboot del anterior filme que se disfraza de secuela. La película cuenta con un punto de inicio algo diferente y sucede años después en una Tierra que se nos presenta mucho más moderna, algo que se aplica especialmente en términos logísticos (armamento, vehículos…), pero la estructura narrativa del filme acaba siendo prácticamente la misma respecto a la del anterior: llegada alienígena, destrucción masiva e intentos de derrotar a los invasores.

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El regreso de casi todo el reparto principal —excepto Will Smith— no ayuda a la hora de evitar el efecto déjà vu, pero a la vez juega con el sentimiento de nostalgia de aquellos que tienen un buen recuerdo de la primera invasión. Bill Pullman vuelve en modo atormentado y conspiranoico, el combo Jeff Goldblum-Judd Hirsch vuelve a darle un toque cómico que acierta de vez en cuando y Brent Spiner vuelve a estar muy muy loco. Entre los nuevos sorprende la presencia de una actriz como Charlotte Gainsbourg en un papel casi de florero, mientras que Maika Monroe y Liam Hemsworth cumplen como los nuevos protagonistas (más la de It Follows (íd., 2015) que el hermano de Thor) aunque sin destacar demasiado. La nota más negativa la pone Nicholas Wright como comic relief ridículo metido con calzador, un papel que llega a unos niveles de irritabilidad a la altura de Jar Jar Binks.

Puestos a seguir comparando con Independence Day, aunque esta inferior secuela tardía comparte muchos elementos con la original, también carece de otros que probablemente fueron clave en el gran éxito comercial que aquella disfrutó en su año de estreno. En ID2 falta la épica y la emoción que el filme de los noventa transmite y que consiguió grabar en la retina de muchos fans escenas bastante míticas como las piezas destructivas paralelas de Washington, New York y LA o el emotivo discurso del presidente Whitmore.

Sin embargo, en estos veinte años que han pasado entre película y película la tecnología aplicada al cine ha mejorado mucho, algo que permite a ID: Contraataque compensar sus carencias siendo mucho más espectacular a nivel visual. Si bien el guión que Roland Emmerich y cuatro personas más construyen tiene una historia bastante regulera y simple, algunas subtramas prescindibles y diálogos pobres repletos de intentos de chistes que intentan —y consiguen— restarle importancia al fin del mundo, el realizador alemán se deja la piel cuando llega el momento de mostrar el catastrófico aterrizaje alienígena y llenar la pantalla de acción desenfrenada con miles naves y algún que otro monstruo extraterrestre. Esto puede ser algo positivo o negativo según las exigencias de cada espectador, ya que aquellos amantes de los efectos especiales posiblemente acaben muy satisfechos con el resultado mientras otros se aburran con toda este descerebrado repertorio de CGI.

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Por último, además de los muy logrados efectos lo que merece más la pena de este filme es la inesperada expansión de la “mitología” de la franquicia. Y es que más allá de mostrar una segunda invasión,  ID: Contraataque sirve, esencialmente, para preparar el camino a una tercera entrega, algo que ilusiona pero da mucha rabia al mismo tiempo. Ilusión porque lo que plantea es muchísimo más interesante y original que esta primera secuela que han tenido que hacer para introducir las ideas y rabia porque podrían haber comprimido los eventos de estos dos filmes en uno solo y el resultado sería un blockbuster bastante mejor.

Emmerich no innova demasiado en Independence Day: Contraataque e intenta repetir lo conseguido hace veinte años con un producto similar pero más grande y espectacular. El resultado final acaba siendo una secuela con menos emoción y empaque dramático, pero a su vez más ligera y divertida, lo que juega bastante a su favor si lo que se busca es un entretenimiento destructivo y poco trascendental, uno de esos de dejar el cerebro en casa. Ahora solo queda esperar a ver si los resultados en taquilla finalmente justifican el rodaje de la —a priori— interesante tercera entrega con las ideas que ID2 empieza a introducir. [★★★]

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