Jurassic World | No hemos reparado en gastos

En la época de los blockbusters millonarios y la falta de ideas en un Hollywood que intenta desesperadamente atraer a espectadores a las salas, previo pago de palomitas y gafas 3D (en caso de alguien despistado o ingenuo), era casi inevitable que una saga como Jurassic Park, que gozó de una maravillosa primera entrega y que se vio mancillada por dos secuelas de las que es mejor no pararse a pensar demasiado, volviera, cual dinosaurio genéticamente reconstruido, a la vida. Quieren dinero, y lo quieren ahora. Jurassic World (íd., 2015), dirigida por Colin Trevorrow, es la promesa de un nuevo inicio, una continuación con el espíritu de la original pero con aires de reboot, otro intento de devolver a la gran pantalla a los últimamente olvidados dinosaurios.

Cuando el poster de una película consiste en un tipo montado en una moto rodeado por un grupo de velociraptores hay dos opciones tremendamente claras: o va a molar o va a ser bochornosa. Jurassic World tenía el peligro de convertirse en una parodia de lo que intentaba reflejar, en acabar siendo la Scary Movie de Parque Jurásico (Jurassic Park, 1993) y apenas un burdo homenaje al que es uno de los mayores clásicos palomiteros jamás realizados. Por suerte, y a pesar de un buen puñado de problemas que comentaré a continuación, Jurassic World contiene los suficientes elementos como para ser una película entretenida, que te hace pasar un buen rato y acordarte, sobre todo en la primera mitad (que cuenta con varios guiños a su predecesora), de lo que hacía grande a la cinta de Spielberg.

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Jurassic World es el nombre del mega parque temático dedicado a los dinosaurios revividos por la más avanzada ciencia, y como era de esperar, tras diseñar un híbrido como táctica publicitaria para aumentar el número de visitantes, todo se les irá de las manos y comenzará una aventura por la supervivencia contra unos animales físicamente superiores a los humanos. La estructura de esta secuela recuerda irremediablemente a la original, niños incluidos, aunque aporta el nuevo punto de vista de tener un parque realmente operativo, con turistas en peligro y una masacre que se huele en el aire. No es que las grandes masas tengan especial protagonismo (quitando, quizás, cierta escena en el tramo final ya revelada en los trailers), pero condicionan la ambientación y el enfoque, al mismo tiempo que resultan la excusa perfecta para poner en pantalla a diferentes clases de dinosaurios, reclamo tanto para ellos como para los espectadores.

Uno de los apartados que siempre me han fascinado de Parque Jurásico es que, más allá de su carcasa de aspecto aventurero y de producto visualmente poderoso, se encontraba una película de tensión y hasta terror, en la que los dinosaurios pasaban de convertirse en la principal atracción a ser la pesadilla a evitar. Jurassic World es en este sentido lo que supuso Aliens: el regreso (Aliens, 1986) después de Alien: el octavo pasajero (Alien, 1979): coger los mismos elementos para darles la vuelta y colocar a la obra en otro género, que en este caso es la acción. Se intenta crear una atmósfera tensa y hay un puñado de sustos (bastante previsibles), pero en su conjunto es un film de aventuras y leñes, ya sean entre los humanos y los dinosaurios o entre los propios animales. El espectáculo por encima de todo lo demás, incluso de un guión que sale airoso a pesar de su no demasiada brillantez a la hora de desarrollar diálogos y haber tenido, según los créditos, cuatro guionistas a su servicio; no sé si se deberá a que se ha reescrito numerosas veces, pero el caso es que cuatro son multitud y el guión parece estar escrito por media persona.

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Chris Pratt es el encargado de interpretar al (co)protagonista de la función, un personaje bastante plano que se sustenta en el carisma que el propio actor ya trae puesto de casa. Algo más desarrollada está la mujer que realiza Jessica Chast… Bryce Dallas Howard, sin ser tampoco una maravilla pero con más conflictos que el maromo principal. Dos actores bastante decentes que llevan a sus espaldas la película en cuanto al plano interpretativo se refiere, y se ven acompañados por caras conocidas como Vincent D’Onofrio u Omar Sy (en un papel sin apenas importancia), y actores jóvenes emergentes como el interesante Nick Robinson. Son los dinosaurios los que atraen nuestra atención cada vez que aparecen en pantalla, pero nunca está de más tener un buen reparto que, como en las anteriores entregas de la saga (especialmente las secuelas), defiendan sus de por sí no muy profundos papeles.

Jurassic World es una película que va perdiendo los papeles a medida que avanza: su planteamiento es sencillo y la primera mitad funciona de una manera notable, pero poco a poco los sucesos se van tornando más reiterativos y palomiteros en el mal sentido de la palabra, hasta llegar a un tramo final que sí, es espectacular visualmente y no permite lugar al aburrimiento, pero que sobrepasa lo inverosímil y roza lo ridículo. Aun así, a pesar de sus evidentes fallos, me gustaría quedarme con la buena noticia: por fin tenemos una secuela decente de Parque Jurásico, y quizá una sólida base sobre la que construir (o reconstruir) una franquicia a la que le habían salido telarañas, y bien merecidas. ¿Es entonces una película recomendable? Un servidor la ha disfrutado. No viene mal este tipo de cine de vez en cuando. [★★★]

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