Kurt Cobain: Montage of Heck | Autodestrucción, fama y punk rock

Aunque no conocía al grupo, la primera vez que escuché una canción de Nirvana fue a los once años. Durante esa época solía tararear Smell Like Teen Spirit a menudo, pero cuando mi hermana me preguntaba dónde había oído antes esa canción no sabía qué responder porque no lo recordaba. Con el paso de los años y las influencias de familiares y amigos, supe de Nirvana, de su historia y especialmente del fatal destino de Kurt Cobain, líder de la banda. Así que, ahora, después de tanto tiempo, y con todo lo publicado en estos años, creía que no quedaba nada más por conocer de Cobain, pero Brett Morgen me ha demostrado lo contrario en su más reciente documental: Kurt Cobain: Montage of Heck (íd., 2014).

Morgen, experimentado director con una larga trayectoria en el cine documental, nos brinda la oportunidad de conocer aspectos de la vida de Cobain que hasta ahora habían sido inexplorados. Tras largos años de producción y con el apoyo de familiares del fallecido cantante (entre los que se encuentra su esposa Courtney Love y su hija Francis Bean Cobain, quien también hace de productora ejecutiva), el cineasta nos presenta el que sea probablemente el relato más importante para poder conocer al líder de Nirvana.

Hay dos aspectos en la construcción de este relato que me parecen sus principales aciertos. Primero: Morgen es consciente de la obsesión mediática que Nirvana despertó desde su aparición en el escenario musical, pero sabe muy bien que Kurt Cobain tuvo, en realidad, poca interacción con la prensa, a pesar de llegar a ser etiquetado como el gran portavoz de toda una generación de jóvenes durante los 90. Por eso es importante descubrir ese aspecto íntimo que solo fueron capaces de conocer esas personas tan cercanas a Cobain. Y segundo: esta cinta sabe evitar ser predecible y visitar lugares y momentos de la vida de Cobain que conocemos ampliamente. Algunos son episodios tan conocidos que han dado lugar a conspiraciones, y esas conspiraciones, a su vez, a documentales, como por ejemplo Kurt & Courtney (1998, Nick Broomfield) o Soaked in Bleach (2015, Benjamin Statler), en los que juega un papel importante la implicación que supuestamente tuvo Courtney Love en la muerte de Kurt.

Kurt Cobain sosteniendo en brazos a su hija, Francis Bean Cobain.

Es inevitable, de todas maneras, remitirse a trabajos previos que también han buscado desentrañar al ícono grunge hasta encontrar su lado más humano. Kurt Cobain: About a Son (2006, AJ Schnack) intentó lo mismo, pero tenía un alcance más limitado que partía de una intención quizás más conceptual.  La construcción que se hace en Montage of Heck de cada episodio de la vida de Kurt tiene un gran peso audiovisual proporcionado por el gran archivo de películas caseras a las que ha tenido acceso Morgen y de las que ha sabido sacar provecho de la mejor manera posible. Además, el trabajo de animación en el que se sostienen algunas de las historias más chocantes de Cobain es de una calidad excelente, mientras que el resto de escenas en las que vemos anotaciones del puño y letra de Kurt (garabatos, letras de canciones, confesiones y hasta los distintos nombres que pudo haber tenido Nirvana) sumados a la excelente mezcla musical hacen notar la influencia que tuvo la película Pink Floyd The Wall (1982, Alan Parker) a la hora de idear ese tipo de escenas y transiciones.

Tanto si son o no fans de Nirvana, creo que no se puede negar que Montage of Heck es un trabajo impecable y de una calidad cinematográfica que justifica totalmente su gran recibimiento en el Festival de Sundance. Lo que más temo, sin embargo, por culpa de mi vena periodística, es que todo lo dicho en cada una de las entrevistas en el documental se tome por cierto, ya que no existe ningún tipo de contraste entre la versión de unos y otros. Y aunque esto no evite que el trabajo de Morgen sea una propuesta visualmente atractiva, explica la reacción que han tenido otras personas aludidas en el documental sobre la veracidad de las declaraciones.

Montage of Heck es un documental minuciosamente cuidado que funciona tanto como homenaje sentido así como un ejercicio de análisis de Cobain a través de una serie de elementos personales (cartas, diarios, cintas de casette, películas caseras, etc) que Morgen supo interpretar con una sensibilidad envidiable. Una sensibilidad que, astutamente, no abandona la ira y la apatía que hacían de Nirvana el sonido de toda una generación, el sonido de la Generación X. [8]

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