La chica danesa | Emoción embotellada

No soy un entusiasta del cine de Tom Hooper, aunque por unas razones u otras terminé conectando con los dos largometrajes suyos que había visto hasta el momento: El discurso del rey (The King’s Speech, 2010), que sí me parece una película notable, muy académica y obsesionada por ser correcta pero que finalmente lo consigue; y Los miserables (Les Misérables, 2012), que como ejercicio cinematográfico me parece una vergüenza pero sin embargo acabo envuelto en la magia de esas canciones y en la fuerza de alguno de sus intérpretes. El director británico regresa tres años después con La chica danesa (The Danish Girl, 2015), en la que vuelve a trabajar con Eddie Redmayne, esta vez de protagonista.

Einar Weneger era un pintor danés que vivía de forma acomodada junto a su mujer, Gerda Weneger, también dedicada a la pintura. Un día cualquiera, Gerda le pide a su marido que sustituya temporalmente a una modelo de cara a un cuadro en proceso, siendo el desencadenante que desatará el descubrimiento de su yo verdadero: Einar es un hombre, pero realmente se siente —y quiere ser— una mujer, decisión que, como se puede suponer (y sobre todo en los años 20), cambiará su vida y la de Gerda para siempre.

La chica danesa cuenta con bastantes paralelismos con El discurso del rey: es una película académica, sobria, con el estilo visual propio de Tom Hooper (esos planos cortos que dejan el aire al lado contrario de hacia donde están hablando los personajes) y una gran importancia de los actores; vayamos por partes. En primer lugar, y reconociendo la belleza de algunas estancias y un vestuario precioso, no encuentro la fuerza visual en la gran mayoría de las secuencias; es más, hasta la casa de ellos parece excesivamente vacía, con paredes desnudas que aportan de todo menos profundidad y riqueza. Tampoco encuentro especialmente inspiradas las decisiones de encuadres de Hooper, al igual que me saca de la narración algunos cortes (provenientes o de montaje o de guión; seguramente de lo segundo) que parecen dejar a la mitad escenas que bien podrían haber servido para desarrollar a los personajes.

alicia.vikander

Esa es otra: más allá del tema en cuestión, que sí lo encuentro interesante y emocionante, no veo en Einar Weneger a un personaje que me apetezca seguir durante dos horas: su evolución es de cartón-piedra, evidenciada más por diálogos expositivos que por acciones o situaciones que permitan una evolución que sí, vemos, pero no la sentimos como natural o como psicológicamente bien desarrollada. Por otro lado tenemos a Gerda Weneger, que lamentablemente va perdiendo fuerza a medida que avanza el metraje, y aun así me resulta el personaje mejor tratado de la película. Quizá ayude el hecho de estar interpretado por lo mejor de la misma, una Alicia Vikander que parece tirar más de naturalidad y talento propio que de dirección de Hooper para si no comerse la pantalla, darle unos buenos bocados de vez en cuando. No se puede decir lo mismo de Eddie Redmayne, al que no me creo en prácticamente ningún momento y además, percepción subjetiva, no deja de distraer con unos movimientos de labios que rozan peligrosamente la sobreactuación más innecesaria.

La chica danesa es una película fallida en casi todos sus apartados. Hasta la banda sonora de Alexandre Desplat está utilizada de forma sobreexplicativa, para señalar momentos en los que nos intentan sacar una lágrima a la fuerza. Es una historia emocionante que se ve arruinada por un director —y un guión— que no saben tratar el tema de una forma interesante, siendo todo tan obvio y tedioso que el único disfrute acaba siendo una Alicia Vikander que intenta sujetar la película como puede. Por desgracia, y a pesar de sus esfuerzos, el filme se cae cual castillo de naipes. [★★]

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