La guerra del planeta de los simios | Simio malo

Que el desarrollo de cine comercial actual se centra en el reaprovechamiento y la creación obsesiva de franquicias audiovisuales es una pura obviedad a estas alturas para cualquiera que esté interesado por el mundo de Hollywood. Secuelas, precuelas, reboots, remakes, spin-offs y universos compartidos son el pan de cada día en la mesa de los grandes estudios cinematográficos. Entre todo este reciclaje de ideas, y dejando a los superhéroes a un lado, una de las franquicias que más ha conseguido calar en el público y la crítica, llegando a hablar de la mejor trilogía de ciencia-ficción desde Star Wars, es la tercera incursión en El planeta de los simios. La saga, iniciada en la gran pantalla en 1968 a partir de una novela francesa homónima, estrena ya su novena entrega con La guerra del planeta de los simios (War for the Planet of the Apes, 2017).

Ambientada en el presente, El origen del planeta de los simios (Rise of the Planet of the Apes, 2011) fue todo un soplo de aire fresco y un blockbuster más que satisfactorio que exploraba los eventos que dan lugar al inicio del conflicto entre humanos y simios y sientan las bases para el futuro apocalíptico mostrado en anteriores entregas. Su secuela expandió la narrativa alrededor de estos simios mejorados por los efectos de un virus y liderados por César, dándoles más tiempo en pantalla y repartiendo la trama entre ambos bandos. La guerra del planeta de los simios, tercera entrega de este reboot, sigue la evolución natural de la saga para presentarnos una historia centrada principalmente en los simios liderados por César, la cual se ve complementada por la presencia de humanos cumpliendo con su papel como bando opuesto del enfrentamiento, el cual se encuentra en un punto más violento que nunca, como indica el propio título del filme.

Si os soy sincero, nunca he sido un gran fan de esta franquicia. Es por eso que por mucho que las películas que componen el más reciente reboot sean cine comercial entretenido y más digno que muchas otras propuestas, no comparto el unánime entusiasmo que se ha generado alrededor de ellas. Así es como me enfrentaba a Guerra —a partir de ahora me referiré con ese nombre a la peli—, la cual me parece que se encuentra al nivel del resto de la trilogía pero siendo la que menos he disfrutado de las tres.

El film empieza con una inspirada secuencia de apertura puramente bélica que nos sitúa en el epicentro de la feroz guerra entre humanos y simios. Desde los primeros compases se nota cómo el tono predominante de la película va a ser oscuro, a caballo entre la amenaza inminente de la extinción humana y la desesperanza de César de lograr la paz entre facciones mientras las batallas reducen la población simia, algo que tras un episodio armado más se transforma en pura cólera y deseo de venganza contra el líder de los humanos, el despiadado Coronel (Woody Harrelson).

Este punto de inflexión dentro del film inicia los principales sentimientos encontrados que tengo alrededor de Guerra. Por un lado, el desarrollo psicológico y moral de César toma un giro de 180 grados, lo cual supone un planteamiento interesante sobre la reacciones del individuo a ciertos sucesos, pero a la vez empaña la figura razonable de héroe y líder generada en el espectador durante las dos entregas anteriores. Por otro lado, el camino que toma la narrativa hace que la primera mitad resulte algo tediosa, de forma similar a la road movie que acabó siendo Logan (íd., 2017) hace unos meses, con los protagonistas yendo de un lado a otro hasta llegar al emplazamiento de la segunda mitad y clímax del film. Sin embargo, algunas de las paradas que encontramos por el camino no son en absoluto un desperdicio, con un cierto componente emocional y esperanzador introducido a través del personaje de la joven Nova (Amiah Miller). Por desgracia, intentando aligerar innecesariamente el tono desolador, durante el viaje también se introduce lo peor de la película de lejos, un chimpancé que pretende ser el alivio cómico de la trama pero acaba llegando a un nivel de irritabilidad cercano al despertado por nuestro querido Jar Jar Binks.

Y si la primera parte de la película había sido una especie de road movie, la segunda mitad se erige como un drama carcelario que muchos han comparado, casi por defecto, con La gran evasión (The Great Escape, 1963). Unas instalaciones militares reconvertidas en campo de concentración para simios —o zoo— sirven para que el conflicto personal entre líderes alcance su zenit, y a la vez para que la habitual toma de prisioneros bélica se vea revisitada con un cierto simbolismo hacia la dinámica pre-guerra entre simios y humanos. Este tramo final resulta mucho más intrigante y entretenido pero también se siente un poco apresurado dentro de la cinta ante todo el metraje comido por el primer segmento de la historia, algo grave si tenemos en cuenta que ésta dura 140 minutos. El desenlace del film es explosivo y cierra con intensidad este irregular relato, mientras que el viaje interior de César acaba mejor de lo que se intuía, abriendo nuevas posibilidades que pueden dar de sí en próximas entregas.

A nivel técnico, aunque sea algo que mucho esperaban, hay que alabar el espectacular trabajo que hay en Guerra tanto a nivel de efectos visuales como detrás de la caracterización de los simios, uno de los mayores puntos fuertes de la saga y que ha sido una constante durante las tres películas gracias a la experiencia de Andy Serkis dentro del sector. Él mismo da vida a César y consigue imprimirle todo el rango de emociones humanas que esperarías de estos inteligentes monos. Si me permitís desvariar, esto último hace que mis sentimientos contradictorios afloren ante la noción de que al final los simios, al humanizarlos, se convierten en humanos, algo que de alguna forma son al estar interpretados por actores, y me hace plantear qué pasaría, teniendo en cuenta el carácter bélico propio de la humanidad, si en vez de simios nos encontráramos con humanos en esta película. ¿Sería la misma película o la presencia de simios en lugar de humanos cambia radicalmente el sentido del film?

En definitiva, La guerra del planeta de los simios entusiasmará a aquellos fans más acérrimos de las dos anteriores películas al incrementar la intensidad del conflicto y el tono solemne mientras explora con mayor incisión el mundo creado alrededor de los simios tras la devastadora propagación del virus de la gripe simia. Sin embargo, ciertos elementos, decisiones de personajes y desarrollos narrativos pueden atragantarse bastante a algunos espectadores, como ha sucedido con un servidor, lastrando la valoración final de este pretendidamente épico enfrentamiento entre humanos y simios por evitar la extinción y sobrevivir en un planeta prácticamente desolado. [★★★]

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