La novia | Bendita parafernalia

Recuerdo que un antiguo profesor, de cuyo nombre no consigo acordarme, nos hizo leer hace muchos años una de los más reconocidas y reconocibles tragedias escritas por Federico García Lorca, Bodas de sangre. Aunque quizá la edad no era la más indicada para la introducción de una obra de tal calibre, sí que recuerdo la lectura con más claridad de la que quizá debería por los inviernos que han pasado. Por ello, y por el buen acogimiento que tuvo en el Festival de San Sebastián (donde desgraciadamente nos la perdimos), tenía ganas de ver la adaptación de las palabras de Lorca al cine, en esta ocasión bajo el título La novia (íd., 2015).

Iba con expectación y con ganas de encontrarme finalmente este año con una película española que me entusiasmase; hemos tenido cintas más que recomendables, como Truman, Amama o Requisitos para ser una persona normal, pero hasta este punto no habíamos contado con la suerte de una Magical Girl o una La isla mínima, o por lo menos no en la opinión de este que escribe. Y La novia, sin llegar a unas cotas extraordinarias, me ha parecido sin ningún tipo de duda la película española del año.

Paula Ortiz, la directora, apuesta por ser fiel al texto de Lorca pero no esconderse tras una representación teatral, sino más bien todo lo contrario: tanto ella como el director de fotografía, Migue Amoedo, buscan una estética extrema, jugando con la iluminación y los planos a cámara lenta para conseguir trasmitir mediante las imágenes lo que las palabras esconden. Es un estilo que me recuerda al Lars von Trier de Melancolía o Anticristro, con ese tono tan pomposo que se recrea en su propia belleza pero que, en el caso de La novia, funciona a la perfección. Una apuesta tan radical en su puesta en escena, sumada a un ritmo marcado más por lo visual que por lo hablado, es probable que cause rechazo a quien esperaba una traslación de la historia de una forma más convencional; no lo es en absoluto, y menos en un cine español que últimamente no está acostumbrado a este tipo de apuestas.

vlcsnap-2015-12-09-18h30m42s149

Y a pesar de la importancia y fuerza de la imagen, el texto necesitaba de buenos actores para que el conjunto no resultara más artificial de lo que —conscientemente— ya es. Inma Cuesta está espectacular como La novia, transmitiendo todo tipo de emociones y siendo creíble a cada paso; una actuación prodigiosa que no se deja engullir por la parafernalia que tiene alrededor. Luisa Gavasa también cumple como la Madre, con esa frialdad que define al susodicho personaje, y Leticia Dolera está correcta sin poseer ni demasiado peso ni escenas de lucimiento. En la parte masculina de la tabla nos encontramos con un Álex García cumplidor como Leonardo, aportando el carisma que necesita el personaje pero sin ir más allá, ateniéndose a las palabras marcadas y sentimientos preestablecidos; y por último está uno de los mayores puntos negros de la cinta, un Asier Etxeandía cuya actuación se pierde especialmente en el último tramo, donde se le nota superficial y con una actitud casi de recitador.

De hecho quizá sea ese último tramo el que provoca que La novia no sea directamente una maravilla, pero en cualquier caso, y ateniéndome a todo lo que he dicho, me parece una película estupenda, diferente y en la que se nota talento. Paula Ortiz conduce la tragedia de Lorca por unos caminos inesperados, llenos de luces y sombras, de canciones populares y momentos que apetece revisitar. No es un film redondo, y generará bandos a favor y en contra (de hecho ya los hay), pero para un servidor ha resultado una experiencia más que gratificante. Especial. [★★★½]

Comentarios