La suerte de los Logan | Océanos del sur

Es bastante curioso que un servidor esté escribiendo líneas de texto destinadas a formar parte de esta crítica, ya que el filme del que os hablaré a continuación no iba a existir, o al menos no de la forma en que lo ha hecho. ¿Por qué digo esto? Pues por su director, Steven Soderbergh, uno de esos cineastas que anuncian una y otra vez su posible retirada para acabar siguiendo al pie del cañón. Sí es cierto que desde Efectos secundarios (Side Effects, 2013) y Detrás del candelabro (Behind the Candelabra, 2013) no ha encabezado ningún largometraje, pero ha trabajado como editor y cinematógrafo de Magic Mike XXL (íd., 2015) y ha estado detrás de proyectos en otro medio audiovisual como es la televisión, como la adaptación de uno de sus filmes, The Girlfriend Experience, o el drama médico The Knick. Con una carrera versátil llena de obras de todo tipo, Soderbergh es un director al que tengo cierta estima por la gran sorpresa que fue Magic Mike (íd., 2013) y, sobre todo, la trilogía Ocean, propuestas que se fusionan en La suerte de los Logan (Logan Lucky, 2017).

La película se centra en los tres hermanos Logan: Jimmy (Channing Tatum), un trabajador de cuello azul —AKA obrero— cuyo prometedor futuro como deportista se vio truncado por una lesión en la rodilla; Clyde (Adam Driver), un camarero de brazo prostético tras perderlo mientras servía con el ejército en Irak; y Mellie (Riley Keough), una apasionada del motor que trabaja en una peluquería. Tras ser despedido y debido a problemas económicos, personales y sociales, Jimmy recluta a sus hermanos y a un excompañero encarcelado (Daniel Craig) para intentar robar el dinero recaudado en el Charlotte Motor Speedway durante la carrera más importante del año. Bueno, eso si la maldición de la familia, responsable de todas sus desgracias, no impide que se salgan con la suya.

Teniendo en cuenta mi precedente con la trilogía Ocean, tenía bastantes ganas de encontrarme con otro filme de robos lleno de actores conocidos dirigido por un experto en ellos, aunque en este caso pasemos de la alta tecnología y los deslumbrantes casinos de Las Vegas a las carreras de NASCAR y la clase obrera del sur de los EEUU. La suerte de los Logan bebe mucho de la habitual estructura preparación-robo-consecuencias propia del subgénero, de manera que su factor diferencial se encuentra en la forma en que se llena esa estructura. Como el uso de una narrativa similar a las historias cruzadas a base de gags y personajes secundarios conectados ligeramente con el atraco central para incrementar el número y la variedad de situaciones cómicas. De hecho, una de las escenas más hilarantes y memorables de la peli es un sketch en la prisión que no incluye a ninguno de los protagonistas.

La ambientación en el nada lujoso mundo de la América profunda, lleno de bares de carretera y concursos de belleza infantiles, permite aplicar a los personajes un interesante trasfondo de recesión y nulas oportunidades de éxito cercano al de Magic Mike o Comanchería (Hell or High Water, 2017), además de hacer crítica y comedia a partir de ello. Soderbergh ajusta su dirección acorde con este planteamiento, dejando a un lado la elegancia de Ocean para potenciar la humanidad de estos ciudadanos de clase baja sin renunciar al dinamismo y la diversión que le caracterizan. Tatum, Driver, Keough y especialmente Craig son convincentes y cumplen con sus respectivas interpretaciones de ciudadanos sureños, mientras que un abanico de secundarios, con nombres como Seth MacFarlane, Hilary Swank, Katherine Waterston, Katie Holmes, Sebastian Stan y otros muchos poco conocidos, expande un extenso reparto que puede estar más o menos aprovechado pero que en general funciona.

Lo mencionado anteriormente son piezas para un objetivo final que no es otro que el de hacer que el espectador se lo pase genial en la sala, algo que La suerte de los Logan logra sin problemas. Aun así, la propuesta no ha calado en el gran público de la forma que lo logró el filme capitaneado por George Clooney, algo que puedo llegar a entender ante la falta de ese carácter festivo y de diversión que Ocean desprendía. De todos modos, si analizamos los factores externos de ambos proyectos, podemos ver cómo han cambiado las cosas en estos dieciséis años. Ambas cintas podrían ser consideradas como entretenimiento adulto y cuentan con numerosos actores conocidos, pero su gestación no puede haber sido más distinta. Mientras el film protagonizado ambientado en Las Vegas es un puro producto de estudio, La suerte de los Logan ha sido desarrollada, publicitada y vendida de manera independiente por el propio Soderbergh, logrando así una total libertad creativa sobre el libreto de la misteriosa guionista Rebecca Blunt —nombre que según rumores podría ser un pseudónimo—. Aunque lo más llamativo es que un film de estas características posiblemente no hubiese tenido cabida en un gran estudio teniendo en cuenta el panorama comercial actual —repleto de franquicias y superproducciones— y el declive que parece estar sufriendo el star-system que convirtió Ocean’s Eleven (íd., 2001) en todo un taquillazo.

En definitiva, La suerte de los Logan es un film que no pasará a la historia del cine, ni mucho menos, pero es un buen regreso del eterno retirado al séptimo arte. Una película que cumple con creces sus intenciones de hacer pasar un muy buen rato a aquellos espectadores que se acerquen a buscar una cinta de robos bien rodada, con un extenso plantel de actores conocidos haciendo de las suyas y un aire de comedia muy agradecido. Esto mismo es lo que yo buscaba y salí más que satisfecho de la sala, así que poco más le puedo pedir al tito Soderbergh. [★★★]

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