Life | Vida propia

El space horror es un subgénero tanto de la ciencia ficción como del terror que no se ha explotado demasiado en el mundillo cinematográfico, o al menos no de una forma tan extensa como los slashers o las películas de invasiones alienígenas. Uno de los posibles argumentos que rondan mi cabeza es que el subgénero prácticamente nació con una obra maestra llamada Alien, el octavo pasajero (Alien, 1979) y todo lo que pudiese venir después iba a palidecer en comparación, pero justamente los slashers nacieron con filmes terroríficamente excelentes como son Halloween o La matanza de Texas. Este desvarío no es más que una forma de empezar este artículo sobre Life (Vida) (Life, 2017) y mencionar dos cosas por el camino: Alien y los slashers.

¿Por qué quiero mencionar estos dos elementos? En primer lugar porque el filme del que os voy a hablar ha sido constantemente comparado con la obra de Ridley Scott, especialmente para referirse a él como una marca blanca que toma prestado el planteamiento a la vez que pierde parte de las virtudes de aquella. Sin embargo, también quiero traer a colación los slashers, ya para los fans del género —y no tan fans—, todos son prácticamente iguales. En todos hay un grupo de personas, normalmente adolescentes salidos y estúpidos, que va a una localización con poca actividad humana, normalmente un bosque o una cabaña construida en el mismo, y es perseguido por un asesino en serie, normalmente enmascarado y con motivaciones vengativas. Y aunque haya dos que tengan premisas idénticas y desarrollos parecidos, ambos pueden ser muy disfrutables. De este modo rompo una lanza a favor de Life, ya que se puede disfrutar muchísimo aún teniendo un fantasma xenomórfico a las espaldas.

Entrando ya en lo que es la película en sí, Life trata sobre un grupo variopinto de científicos que se encuentran en la Estación Espacial Internacional realizando una misión de recogida y análisis de muestras provenientes de Marte. Unas muestras que, por desgracia, contienen evidencias de vida sobre el planeta rojo en forma celular. Y digo por desgracia porque durante las pruebas de investigación la forma de vida marciana irá creciendo y madurando hasta volverse hostil y hacer peligrar la misión, la vida de los tripulantes de la estación e incluso la vida de toda la humanidad. En resumidas cuentas, un slasher espacial en el que el asesino es un bicho marciano.

La película empieza presentando a todo el grupito a través de un inicio en falso plano secuencia rodado en gravedad cero que resulta bastante ambicioso y sorprendente teniendo en cuenta el filme que tenemos entre manos, una escena con la que el director Daniel Espinosa y el director de fotografía Seamus McGarvey parecen dejar claros que Gravity (íd., 2013) ha sido otro de sus referentes, sobre todo teniendo en cuenta que le pidieron consejo al mismísimo Emmanuel Lubezki. Entre el “numeroso” reparto, que es el doble de coral con respecto a lo que el material promocional sugiere, curiosamente —o no tanto— destacan los tres famosos: Ryan Reynolds, Jake Gyllenhaal y Rebecca Ferguson. El primero parece anclado a funcionar como comic relief, Gyllenhaal sigue con los personajes pochos —aunque aquí se rebaja el nivel— como médico militar emocionalmente desencantado con la humanidad, mientras que la actriz nórdica parece haberse hecho un hueco permanente en Hollywood sin hacer demasiado ruido a base de papeles en proyectos de envergadura media como este mismo. El resto de nombres, desde el recurrente Hiroyuki Sanada a los desconocidos Ariyon Bakare y Olga Dihovichnaya, le dan un toque diverso al filme que es de agradecer pese a que sus personajes no estén dibujados con demasiados trazos.  Aunque si os soy sincero, tampoco me parece un sacrilegio el tener unos personajes planos teniendo en cuenta la decisión de los guionistas Rhett Reese y Paul Wernick de potenciar la narrativa y las set pieces.

El desarrollo de Life apuesta por una sucesión constante de escenas que llevan la ley de Murphy al extremo y buscan generar tensión y claustrofobia en el espectador, algo que en mi caso consiguen con creces. Desde el momento en que el extraterrestre escapa del control humano se establece un juego del gato y el ratón en el que los astronautas escapan de él a la vez que intentan atraparlo para evitar que definitivamente llegue a la superficie terrestre. Paralelamente se van acumulando los problemas técnicos típicos de cualquier aventura espacial, desatando un caos en la estación que deja pocos momentos para respirar. Unos problemas técnicos que no tiene el equipo de la película para simular la gravedad cero durante los cien minutos de metraje ni para brindarnos un filme muy cuidado en los aspectos visuales, especialmente en aquellos relacionadas con nuestro marciano favorito. Y ya que hablamos de lo que se ve, no esperaba en absoluto la violencia explícita de algunos momentos, los cuales hacen que se merezca esa calificación R sin problemas.

No esperaba que Life fuese otra cosa que una propuesta de ciencia ficción del montón que palideciera mucho con respecto a otras propuestas comerciales de este año. De ahí que la sorpresa haya sido mayúscula al haberse convertido en el mejor blockbuster de lo que llevamos de 2017 pese a ser de escala mucho más reducida —un presupuesto de apenas $58M—. Tenso, inquietante y con sus dosis de sangre cuando se requieren, esta historia sobre el primer contacto humano con otras formas de vida extraterrestre consigue destacar dentro del género en el que se enmarca y crear una satisfacción suficiente como para hacerte olvidar que beba mucho de otros filmes similares. Porque, sinceramente, prefiero propuestas originales que recuerden a otras películas antes que interminables remakes que reciclan la marca y cuentan lo mismo. Life entraría dentro del primer grupo, y funciona tan bien que para mí siempre va a tener vida propia. [★★★½]

Comentarios