Llega de noche | Pero no es quien esperas

No es ninguna novedad que diga esto, pero el marketing que rodea una película suele ser importante a la hora de marcar el recorrido comercial de la misma. Una mala película puede atraer una espectacular masa de espectadores si los tráilers les venden bien aquello que van a ver, mientras que grandes cintas pueden ser fracasos si el material promocional no conecta con el público. Sin embargo, a veces nos encontramos con que aquello que los estudios nos han vendido es muy diferente al producto final. Es posible que a algunos espectadores les guste que les sorprendan, pero otros pueden salir de la sala pensando que les han estafado al no ver la película que les habían prometido.

Esto último es lo que ha sucedido con Llega de noche (It Comes at Night, 2017), un filme muy diferente a aquello que los tráilers y la sinopsis nos habían dicho que sería. Tan diferente que tras una buena entrada en taquilla en el primer día acabó hundiéndose a medida que avanzaban los días, una vez el público mainstream se dio cuenta que no se encontraba delante del típico filme de terror de usar y tirar —a la ‘D’ en Cinemascore me remito—. Sin embargo, eso no significa que el resultado final sea malo, en absoluto, porque la segunda película de Trey Edward Shults es otro trabajo ejemplar de terror psicológico que nos hace vislumbrar un futuro brillante para este joven cineasta.

Digo todo esto porque con el material promocional lanzado por A24 lo que te esperas cuando llegas al cine es una cinta de terror sobrenatural o una monster movie al uso, algo que visto en perspectiva no es lo que esperarías de Shults tras haber trabajado con Terrence Malick y Jeff Nichols, además de haber firmado un debut, Krisha (íd., 2015), que entraría dentro de una línea autoral. Pero de la misma forma que La bruja (The Witch, 2015) se centraba en otras cosas que no son una bruja aterrorizando a una familia del siglo XVII, Llega de noche no va sobre una criatura que llega cuando el sol se pone. O sí, pero no de la forma en que te lo venden. Sin intentar desvelar demasiado, el filme gira alrededor de una familia que vive recluida en el bosque con una rutina que les permite sobrevivir día a día a una constante amenaza que acecha en el mundo exterior.

Con su primer largometraje, Shults ya demostró talento a la hora de experimentar formalmente con las posibilidades que el cine puede aportar para expresar o transmitir lo abstracto, como pueden ser los conflictos internos del personaje titular. También se centró en atacar las luces y sombras del ambiente familiar, esa gente con la que estamos relacionados por caprichos del destino y no tanto por elección personal. Este último punto es importante porque la inspiración de Shults para sus dos primeros filmes llega desde sus —no muy alegres— experiencias familiares, motivo por el que tanto Krisha como la película que hoy nos ocupa comparten los elementos expuestos en este párrafo. La experimentación del director en Llega de noche es bastante más sutil pero no menos importante, haciendo uso de cambios en la relación de aspecto como recurso narrativo y simbólico, mientras que la exploración de la psicología familiar llega a niveles mucho más altos y satisfactorios, aportando el verdadero terror que se espera en la cinta.

Y es que a veces no necesitas más terror que aquel generado con un grupo de personas conviviendo en una casa. El entorno hostil juega un papel importante al ser el peligro que constantemente acecha a los protagonistas, pero está definido muy vagamente a propósito, con las pinceladas justas y necesarias, para así ceder importancia en el metraje a la construcción de los personajes. A esto hay que añadir una atmósfera malsana e inquietante que juega con la expectativa del espectador y genera una tensión que se va cocinando a fuego lento hasta el esperado y satisfactorio clímax final. Un desarrollo que viene acompañado de múltiples ideas y dilemas morales relacionados con el comportamiento humano en situaciones extremas y sus consecuencias dentro del núcleo familiar.

Aunque Llega de noche destaque y mucho en lo formal, sigue siendo un filme que depende de la construcción psicológica de los personajes y, por extensión, en las interpretaciones del reparto. Por suerte nos encontramos con un Joel Edgerton que deslumbra en ese rango que va de la firme apacibilidad a la explosiva violencia, algo similar a lo que ocurre con Christopher Abbott tras lo visto aquí y en la dramáticamente intensa James White (íd., 2015). El personaje del joven Kelvin Harrison Jr. también destaca al llevar el peso de buena parte de la acción e indagar en su punto de vista, mientras que, sin ánimo de menospreciar a ambas actrices, Riley Keough y Carmen Ejogo cumplen con lo esperado y requerido sin demasiados alardes.

Películas como Llega de noche demuestran el buen momento que vive el cine de género gracias a cineastas inventivos que exprimen las posibilidades cinematográficas para crear interesantes envoltorios que complementen historias inquietantes que se aproximan al terror con narrativas alejadas de tópicos, ahondando en la psicología humana y, en algunos casos, en la problemática social. Sin embargo, también demuestra cómo algunos de estos títulos se salen tanto de la norma que son extremadamente difíciles de vender de forma masiva —La cura del bienestar (A Cure for Wellness, 2016) es otro ejemplo—, incluso entre un público tan agradecido como el de películas de terror, teniendo que recurrir finalmente a material engañoso para intentar atraer a las masas con el riesgo de sufrir un efecto demasiado negativo. [★★★★]

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