Lolo | Otra comedia francesa

A estas alturas arquear la ceja parece la reacción coherente ante las películas que aterrizan en nuestras salas con el calificativo de “La comedia que ha triunfado en Francia”, quizá porque la mayor parte de ellas se han desvelado como meras anécdotas con poco que aportar. La nueva cinta de Julie Delpy, conocida principalmente por su faceta como actriz pero también con un buen puñado de obras ejerciendo de directora y guionista a sus espaldas, nos llega bajo el paraguas de los éxitos franceses; esto es Lolo (íd., 2015).

Lolo nos cuenta la historia de Violette, una mujer parisina soltera que conoce a Jean-René, un hombre del mundo rural francés que se trasladará a la gran ciudad, osease París, y tendrá que lidiar con un mundo esnob y, principalmente, con el hijo de ella, Lolo, que intentará hacer todo lo posible para que la nueva relación de su madre no llegue a buen puerto. Con estos elementos se compone una comedia en la que las soeces y los personajes malhablados no esconden un espíritu bastante blanco, centrado en tocar temas importantes como la relación madre-hijo o el retrato de parte de la sociedad parisina, pero siempre de una forma superficial. Algo de culpa recae en el hecho de tener unos personajes estereotipados sin demasiadas dobleces; quizá la que más profundidad tenga, por el hecho de estar en el centro del conflicto, sea Violette, pero tanto su nuevo novio como, sobre todo, Lolo parecen estar escritos de una manera muy básica: el primero en su puesto de pez fuera del agua, y el segundo recurriendo a la reiteración de zancadillas, cada vez más graves, que desembocarán en un final algo más oscuro de lo que la película nos estaba mostrando antes.

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El tramo final de la película, no demasiado hábil en el uso de la metáfora pero interesante por una conclusión bastante turbia, pone punto y final a la reflexión sobre los temas mencionados, a la vez que deja en evidencia la falta de profundidad en su trato. El reflejo de las familias disfuncionales está ahí, la tesis sobre la madurez también lo está, igual que un vistazo al esnobismo, pero llegamos a ellos mediante situaciones poco inspiradas y con un humor bastante básico que, en mi caso, apenas me sacó un par de sonrisas. Por suerte, remediando en parte la mediocridad del guión, tenemos a dos actores, Julie Delpy y Dany Boon, con bastante mano para la comedia y su timing; no puedo decir lo mismo de Vincent Lacoste que, quizá por su personaje de Lolo, quería que saliera en pantalla lo menos posible.

El cada vez más grande conglomerado de “La comedia que ha triunfado en Francia” recibe a un nuevo miembro por la puerta pequeña, como ya ocurrió el año pasado con, por ejemplo, La familia Bélier: películas simpáticas e inofensivas que te hacen pasar un buen rato y, sin embargo, se te olvidan a la semana de verlas. Lolo es más interesante por los temas que tiene de fondo que por cómo los trata, y me extraña viniendo de Julie Delpy, que si ha demostrado algo en su faceta como guionista en la trilogía colaborativa con Linklater y Ethan Hawke es su capacidad para escribir diálogos no solo brillantes en la forma, sino en el fondo. Si quieren refugiarse del calor veraniego con una película anecdótica y mínimamente competente, quizá Lolo sea una buena opción. [★★½]

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