Los exámenes | La importancia de aprobar

No sabría decir con exactitud cuando empezó mi cinefilia en serio, pero hace menos de lo que me gustaría. Ya desde pequeño me sentía atraído por este noble arte y me quedaba maravillado por algunas películas que con suerte encontraba en la estantería de mi casa o que bien habían programado en algún canal de televisión. Hubo un momento de mi vida, en gran parte de adolescencia sobre todo, en el que simplemente me sentaba a disfrutar de la experiencia y no ver más allá de eso, donde lo que más consumía eran superproducciones y apenas conocía un par de nombres propios dentro de la industria. Por entonces percibía como algo de otro universo el ver cine que no fuera anglosajón, la existencia de películas que vinieran de festivales de cine (un concepto que no creo que llegara a entender muy bien del todo, más allá de lo evidente) o incluso la posibilidad de ver algo que fuera anterior a los ochenta. Ha sido en el último lustro cuando todo estas dudas y estos prejuicios sin sentido se han ido curando, y cuando he empezado de verdad a valorar el cine como arte y forma de expresión. Es esta innecesaria introducción la forma en la quería recordar cómo era yo hace no tanto para poner en contexto lo que a mucha gente le pasará con algunos realizadores de nombre extraño, y que a la larga, están prescindiendo de un cine muy necesario y que puede transmitir tanto (o más) que las cuatro películas de siempre.

El cine de la nueva ola rumana me parece interesantísimo, afrontando la realidad sin tapujos, con un estilo austero y casi siempre contando con muy pocos medios; y no necesitan más. Cristian Mungiu es uno de los directores que afronta ser uno de los mayores exponentes de este cine tan propio de su país, el cual se consolidó en 2007 cuando se convirtió en el primer rumano en ganar la Palma de Oro en Cannes. Un festival que le dio reconocimiento mundial, siendo actualmente uno de los nombres más interesantes a nivel europeo. Si con su anterior película, Más allá de las colinas (După dealuri, 2012), volvió a ganar en el festival francés —en esa ocasión el premio al mejor guión—, con Los exámenes (Bacalaureat, 2016), la película que llega ahora a (no muchos de) nuestros cines, Mungiu se ha llevado el premio al mejor director (en un ex aqueo compartido con Olivier Assayas). 

En Los exámenes asistimos a un frío retrato de la Rumanía actual a través de una relación paternofilial entre un padre y su hija de dieciocho años. El padre le da una importancia soberana a los estudios de ella, se entiende como una forma de ofrecerle la oportunidad de salir de allí y poder hacer su vida fuera del país, como no pudieron hacer los de su generación. Sin dar muchos más detalles de la trama (aunque no sea algo especialmente crucial), esta relación se tensará a raíz de un ataque en plena calle que sufre la hija en la víspera de los exámenes. La visión de la sociedad rumana que Mungiu refleja en su cine es la de estar en constante peligro, se mete de lleno en la vida privada de sus personajes con planos de cámara en mano sobrecogidos por la atmósfera angustiosa y a ratos turbia que construye a su alrededor. Esa Rumanía y sus gentes son el verdadero personaje central de la película, la manera que tiene de contar Mungiu la depresión que sufre su país desde hace años. Y es que la historia aporta esa crítica necesaria para argumentar su visión, siempre con el toque de humor negro característico del cine de la nueva ola.

A pesar de seguir muy de cerca a los protagonistas a lo largo de todo el filme, en especial al padre, hay una cierta distancia (no sé si moral o empática) que me impide implicarme tanto como me gustaría con la obra. Y es algo que en teoría siempre ha estado ahí, pues el cine de Mungiu se sustenta en plantear al espectador una serie de dilemas morales en las que se enfrentan las acciones de los personajes a los que sigue la historia. Sin embargo, en la maravillosa 4 meses, 3 semanas, 2 días (4 luni, 3 saptamini si 2 zile, 2007) me sentía dentro de la película, hasta que no comenzaron los créditos no me di cuenta de que realmente yo no estaba allí. Y más de lo mismo con la ya mencionada Más allá de las colinas. Quizás por esta desconexión, o porque realmente el tema que toca no es tan atrayente, creo que estamos ante una película inferior a sus dos trabajos anteriores. De todas formas, si hay algo que no se le puede negar a Mungiu es que Los exámenes es una película totalmente suya. El tremendo trabajo que consigue hacer siempre con sus actrices y actores principales me parece magnífico, lleva la interpretaciones al límite. Aquí lo vuelve a lograr, no a tan altas cotas de calidad, pero dejándonos dos interpretaciones que ya bien merece la pena el visionado de la cinta. Tanto Adrian Titieni como Maria-Victoria Dragus consiguen sacar jugo de esta curiosa relación padre-hija. No es ni la mejor película para iniciarse con un director tan imprescindible ni la más idónea para comenzar con la nueva ola rumana, pero no deja de ser una cinta muy recomendable, que toca temas importantes y que lo hace con exacerbada honestidad. [★★★]

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