¡Lumière! Comienza la aventura | Redescubriendo el pasado

Para todo aquel que empieza a interesarse en esto del cine el nombre de los hermanos Lumière es uno de los primeros que aprenderá si se pone a indagar en la historia del mismo, incluso diría que para muchos espectadores casuales el apellido de estos dos hermanos franceses les puede llegar a  sonar. No en vano sin ellos no podríamos entender el cine tal y como lo concebimos, no por su destreza detrás de las cámaras sino por directamente haber inventado/construido esa “cámara”, el cinematógrafo. Es cierto que ya estaba por aquel entonces Edison por Estados Unidos con su kinetoscopio y otros inventores de la época andaban detrás de proyectos similares, pero fueron realmente estos dos hermanos procedentes de Lyon los que sentaron precedentes con su invento, que originó nada más y nada menos que el cine mismo.

Si sabes quiénes son los hermanos Lumière muy probablemente también conozcas dos de sus películas más populares: La salida de la fábrica Lumière en Lyon y La llegada de un tren a La Ciotat, ambas del año 1895. La primera, eterna ya en la historia del audiovisual por ser la imagen con la que se identifica el comienzo del séptimo arte, no son más de cincuenta segundos de un plano general fijo de las puertas de la fábrica Lumière por las que vemos como van saliendo sus trabajadores tras una larga jornada. Y la segunda, por su emblemática imagen del tren llegando a la estación, de la que dicen —nunca sabremos con certeza si es un hecho o parte del mito— que en las primeras sesiones los espectadores se asustaban creyendo que el tren atravesaría la sala. Esas dos imágenes (en movimiento) por sí solas representan grosso modo el lugar que tiene la figura de los Lumière en la memoria colectiva de los cinéfilos. La función de Thierry Frémaux (director, guionista, montador y voz narradora del documental aquí presente) no es otra que revalorizar el cine de Louis y Auguste, no solo por su valor histórico sino por su valor artístico y el talento que rezuman en el centenar de obras que se muestran a lo largo de la cinta.

En ¡Lumière! Comienza la aventura (Lumière! L’aventure commence, 2017), Frémaux, con una entretenida, agradable y didáctica voz en off, no intenta repasar la historia de los orígenes del cine ni los entresijos de la carrera por la invención del cinematógrafo, para eso ya existen multitud de títulos donde documentarse sobre el tema. Aquí lo que hace, en contraposición, es darle un sentido a la obra de los Lumière comentando su trayectoria fílmica a través de una selección de 108 películas restauradas e insuflando la narración de un evidente amor por el cine que se contagia casi desde el minuto uno. El documental se encuentra dividido por capítulos entre las distintas temáticas que trataron en sus películas. Por ellas presenciaremos una mirada única y especial sobre Francia, y el mundo en general —sus operarios viajaron por todos los continentes en busca de otros sitios y culturas a las que filmar—, que estaba a punto de entrar en el vertiginoso siglo XX.

A pesar de que se les trate como documentalistas ante todo (una gran parte de su filmografía está compuesta por lo que se consideran cortos documentales), no quita el hecho de que fueran los pioneros en algunos de los géneros de ficción más prolíficos del cine como la comedia en El regador regado, el terror en Las calaveras o la ciencia ficción en La charcuterie mécanique. Así como Panorama de l’arrivée en gare de Perrache pris du train supuso uno de los primeros travellings de la historia (montaron la cámara dentro del propio tren) o La demolición de un muro emplearía uno de los primeros trucajes visuales (a raíz de una curiosa anécdota), también cuentan con una gran habilidad a la hora de encuadrar sabiendo siempre el sitio exacto donde colocar la cámara, beneficiándose de una iluminación y un encuadre —a veces— digno de comparar con algunas obras pictóricas y fotográficas de gran renombre. En definitiva, ¡Lumière! Comienza la aventura es uno de los documentales más cándidos y recomendables que he tenido la oportunidad de disfrutar en los últimos años. Ha sido fascinante recorrer este viaje hacia el origen mismo del séptimo arte de la mano de Thierry Fremaux, actual director del Festival de Cannes y del Instituto Lumière de Lyon. Imperdible esta carta abierta de y para los amantes del cine, un homenaje a aquellos dos señores franceses que lo iniciaron todo. [★★★½]

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