Macbeth | La fuerza visual de Shakespeare

Muchos llevarán esperándola desde que se anunció el reparto, otros desde que vieron sus geniales posters, otros desde la avalancha de buenas críticas que lleva cosechando desde su estreno en la sección oficial de Cannes o simplemente desde que vieron su hipnótico trailer. Y ahora, el último viernes del año, más concretamente el día de Navidad, se estrena por fin la enésima adaptación del clásico de Shakespeare, Macbeth (íd., 2015).

No son pocas las virtudes que desprende Justin Kurzel como director de este drama shakesperiano, y todo contando que estamos ante su segundo largometraje. Las secuencias de acción son una maravilla, y en las que se necesita más desarrollo interpretativo se nota que Kurzel sabe congeniar con los actores y moldearlos en la visión que tiene de la obra original. El guión está adaptado casi literalmente, los personajes hablan como lo hacen en la obra y esto puede echar para atrás a cierta parte del público pero es lo que hay, a mí me encanta que sea así, le da más autenticidad. Por eso me extraña que la adaptación haya sido escrita por tres guionistas casi debutantes como son Todd Louiso, Jacob Koskoff, Michael Lesslie. He de decir que es de esas películas que es impensable verla doblada, ya no solo por la interpretación de los actores sino por el apego a la obra original.

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Sin duda la baza más importante de cara a atraer al público a las salas —más allá de lo famosa que sea la obra del conocido dramaturgo— es que su reparto está encabezado por Michael Fassbender y Marion Cotillard. Ambos se meten por completo en la piel de sus personajes. Son Macbeth y Lady Macbeth las casi dos horas que dura el filme, no veo a los actores interpretando a esos personajes. Los dos están increíbles, y a mi juicio consiguen hacer dos de las mejores interpretaciones que hemos visto en todo el año. También se pueden ver por el reparto a David ThewlisPaddy Considine, entre otros.

Antes hablaba de que las secuencias de acción, mejor dicho, las batallas, estaban rodadas de maravilla. Pero es que la película entera luce espectacular. Para mí hay dos factores claros que hacen que la película sea lo que es, aparte de por lo hablado hasta ahora, y son la dirección de fotografía de Adam Arkapaw y el montaje de Chris Dickens. Lo que hace Arkapaw es una locura. Toda la atmósfera de la película se lo debemos a él. Esos colores intensos y esos juegos de luces que podrían resultar hasta esperpénticos a según quien dotan a la cinta del misticismo y cierto grado de locura que la historia necesita, y lo consigue. Es uno de los trabajos de fotografía que seguro mejor recordaré de lo que hemos podido ver este 2015 en el cine. No en vano es el director de fotografía de toda la primera temporada de True Detective (por la que consiguió su segundo Emmy; el primero lo obtuvo por la también serie Top of the Lake).

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Chris Dickens, montador de las dos primeras películas de la trilogía del cornetto de Edgar Wright como Zombies Party (Shaun of the Dead, 2004) y Arma Fatal (Hot Fuzz, 2007) o  filmes de la talla de Submarine (íd., 2010), Los miserables (Les Misérables, 2012) o Slumdog Millionaire (íd., 2008), por la que ganó su por ahora único Oscar, es el responsable de hacer tan dinámicas y únicas las batallas que presenciamos —sobre todo la primera—, pero su mano se percibe a lo largo del metraje donde el montaje se va volviendo más enrevesado conforme la locura y paranoia de Macbeth va empeorando.

Creo que no puedo destacar más cosas de la cinta más allá de una sobria y hasta cierto punto angustiosa banda sonora compuesta por Jed Kurzel, hermano del director y que este año también ha compuesto para Slow West (íd., 2015), otra película protagonizada por Fassbender. Puede que Macbeth sea un tanto pretenciosa para según que círculos, e incluso aburrida, pero pueden estar tranquilos que el producto más comercial va a llegar con la próxima producción de Justin Kurzel, que pasa de adaptar una obra de teatro a un videojuego, nada menos que Assassin’s Creed, con los dos mismos actores protagonistas y el director de fotografía. Tienen mi confianza para hacer por fin algo bueno cinematograficamente hablando con una licencia del mundo de los videojuegos. Y si sale mal —que esperemos que no—, siempre nos quedará Macbeth. [★★★½ ]

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