Mad Max: Furia en la carretera | El regreso que nos dejó locos

Por norma general, cuando voy al cine trato de ir con las expectativas bajas, esperando encontrarme una cinta entretenida y poco más, especialmente cuando se trata de una película que de verdad espero. Con Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road, 2015) esto me fue imposible. Desgraciadamente no pude verla en su estreno, y las redes sociales rápidamente se llenaron de comentarios que solo conseguían incrementar mis ganas de verla así como mis expectativas, llegando a leer incluso que era la mejor película de acción de la última década –cosa a la que tampoco hice excesivo caso, hay mucho flipado suelto-. La pregunta es, ¿cumplió Mad Max?

Sabiendo que el estreno se acercaba, sobre un par de meses antes, decidí saldar una deuda que tenía con el cine de acción y decidí echar un vistazo a la trilogía antigua de Mad Max. Las tres películas me gustaron, especialmente la segunda -a la cual rápidamente le cogí especial cariño-, pero no era capaz de imaginarme una película de este estilo que se saliese de la media de “siete” que le había colocado a esta trilogía, ni por muy avanzados que estén hoy en día los efectos especiales. Las películas siguen una línea simple de acción, apoyadas por un universo perfecto para esto: con un mundo devastado y lleno de locos en su lucha por la supervivencia o por el control. Es un universo que me encanta y cuya influencia podemos encontrar presente incluso en varios videojuegos.

Mad Max: Furia en la carretera sabe emplear este universo a la perfección y crea el que para mí es, al menos hasta la fecha, el blockbuster del año. No he visto película que sepa llevar la acción de una forma tan espectacular y loca al mismo tiempo. Porque locura es la palabra que define el conjunto que esta cinta supone, la auténtica locura. Las persecuciones y escenas al volante (que son la mayor parte de la película) están a un nivel para ser recordadas durante años y años, no pretendiendo bajo ningún concepto acercarse lo más mínimo al realismo. Más bien al contrario, todo parece estar preparado para volverse más y más demente conforme avanza la trama hasta el punto del total irrealismo. Vamos, que hasta los malos de turno tienen a un tio subido a un camión y que va tocando la guitarra mientras conducen. Todo normal, ¿verdad? Se ve que el bueno de George Miller se ha quedado tocado con los años, pero mientras siga haciendo películas así, me parece correcto.

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Debo destacar las interpretaciones de Tom Hardy y, especialmente, la de Charlize Theron, ambos con papeles principales. El primero esperaba ya que estuviese a un buen nivel, pero no esperaba ni sabía nada sobre Charlize en la película y, al menos para mí, su personaje se come al resto y sin muchos problemas. De hecho, casi me atrevería a decir que podría haber sido protagonista en solitario de la película. El personaje de Imperator Furiosa me parece de lo mejor y agradecí mucho un personaje femenino de este tipo y con ese lado salvaje. El papel de Nicholas Hoult también me parece destacable, aunque no llega ni de lejos al nivel de los mencionados. El resto de personajes, pues puro relleno. Porque, lo siento mucho, pero hasta las otras chicas que acompañan al bueno de Max y a Imperator Furiosa en esta aventura me parecen de relleno. Son simplemente el objeto con el que mover la trama pero que a veces casi me molestaban más de lo que aportaban a la película. Mención especial a la aparición de Hugh Keays-Byrne, actor que también hizo su aparición en la primera Mad Max: Salvajes de autopista (Mad Max, 1979).

La película es especialmente cañera de principio a fin: desde el comienzo ya está Max metido en problemas y estos le van acompañando a lo largo de la historia. El tiempo en el que la acción para es escaso, el mínimo necesario para explicar algunas –pocas- cosas y que esto no entorpezca el tono frenético que acompaña a toda la cinta. Por otro lado, quiero destacar el increíble apartado artístico: desde el diseño de personajes hasta el diseño de escenarios (aunque la mayoría sea en un jodido desierto, sí), pasando por el diseño de los espectaculares y caóticos vehículos. Porque correr es de cobardes si no vas montado en el coche más extraño posible. No hay palabras para describir esta demente joya artística.

Posiblemente, a estas alturas ya sepáis cual es mi respuesta a la pregunta inicial de esta crítica, pero, por si acaso hoy estáis menos avispados o acabáis de ver Mad Max y os habéis quedado igual de locos que yo, la respuesta es un sí rotundo. Mad Max: Furia en la carretera no solo cumplió con las elevadas expectativas que ya llevaba, si no que me gustó aún más de lo esperado. Es una maravilla visual con acción sin límites de la que sales del cine con ganas de volver a entrar. Es un puro subidón de adrenalina, es como tu atracción favorita del parque de atracciones más bestial que puedas imaginar. No sé si será la mejor película de acción de la última década como algunos dicen, pero sí que hay algo seguro: va a ser complicado bajarlo de la categoría de blockbuster del año. Lo siento, pero me ha podido esta locura. [9’5]