madre! | Esto es un sindiós

Recuerdo las lecciones que nos daban en el colegio cuando yo era niño. Recuerdo cómo antes de la hora de la misa nos recordaban sobre aquel dios tan resentido, celoso y posesivo que nos observaba siempre desde el cielo; dios que, además, era quien nos perdonaba amorosamente después de haber pecado, siempre y cuando fuésemos nosotros los que nos arrepintiéramos y rogásemos por misericordia. Recuerdo aquel temor de no ser perdonado nunca, y temer también por aquellos a los que yo quería. No era cómodo ni agradable. Todas aquellas historias bíblicas eran, para un niño como yo que no llegaba ni a los diez años, ejemplos aterradores de castigo y tortura, especialmente porque más que simples cuentos eran leyes que, en caso de escoger la vida de una Buena Persona™, regirían mi vida. Y echando la mirada atrás, como ahora, siempre llego a la  conclusión de que la Biblia quizá sea uno de los mejores libros de terror que leerle a un niño.

Quizá cuando empezó a planear su más reciente proyecto Darren Aronofsky pensó algo similar. Después de todo, imagino que no es casualidad que antes de embarcarse en el guión de esta película, el director neoyorquino estaba preparando una película para niños que nunca llegó a rodar. Sin embargo, la película firmada por Aronofsky que llega ahora a las salas de cine tras una enigmática campaña promocional no es otra que madre! (mother!, 2017), inicial minúscula y signo de exclamación incluidos. Debido a dicha intrigante campaña, la trama de la cinta se mantuvo como un total misterio. Se teorizaba que trataría sobre el impacto en la vida cotidiana del, a veces, tortuoso proceso creativo, así como también se creía que en madre! se escondía un remake encubierto de La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, 1968), rumor que se acentuó por la similitud de sus pósteres. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos por atenerse a los códigos del género, madre! no es más que una parábola mal contada, un pretexto narrativo y una de las películas más infantiles estrenadas este año.

madre! se construye sobre una línea argumental simple: un matrimonio, conformado por Jennifer Lawrence y Javier Bardem, vive en aparente tranquilidad hasta que un día empiezan a recibir inesperadas visitas que desestabilizan su pacífico día a día. Mientras estas sorpresivas e indeseadas visitas estimulan a Bardem, un escritor que pasa por un bloqueo creativo, el efecto que tienen sobre Lawrence no podría ser más opuesto. Cada persona nueva que pisa un pie en esa casa se convierte en un invasor en el preciado paraíso que Lawrence ha construido con tanto amor y devoción para que su esposo pueda trabajar en paz.

Así, durante la primera hora de largometraje, Aronofsky, aferrado al bueno uso de clichés y lugares comunes, traza una historia sobre la ansiedad de una mujer a la que se le ha relegado a ocupar el papel de mera acompañante. No sin que el director la dote de la motivación más retrógrada y obsoleta que se le pueda ocurrir, ni siquiera  justificada por sus tan subrayadas alegorías bíblicas: la inquietud de engendrar un hijo. Todo esto mientras la cámara la asedia constantemente, erniéndose sobre su rostro, encerrándola en un encuadre claustrofóbico que no le cede espacio salvo para observar cómo su hogar es invadido.

Mientras esta primera mitad puede provocar lecturas sobre lo ponzoñoso que es estar ante la vorágine del éxito, todas son suscitadas mediante el uso de técnicas igual de nocivas que sobre lo que Aronofsky nos intenta advertir. No obstante, esta lectura, a pesar de ser aplicable, se agota ante la entrada del segundo acto, donde a la película se le empiezan a ver las costuras y termina convertida en una excusa con aires de pretenciosidad. Porque, envoltorio de thriller psicológico aparte, el mensaje que grita tan ridícula y desesperadamente una película como madre! es increíblemente simplón y nada imaginativo.  Eso sin tener en cuenta la desfachatada manera en la que Aronofsky pierde el control de su propia obra, intentando buscar el impacto en el espectador a toda costa, una búsqueda en la que todo vale, y en la que cualquier salvajada, no importa cuán repugnante ni cuán risible, tiene cabida. Qué sería de mi vida si Aronofsky no matara a un bebé y le partiera la cara a patadas a Jennifer Lawrence para demostrarme que el ser humano es el principal culpable de la destrucción de la Madre Naturaleza. Qué sería de mi vida si Aronofsky no hubiese  realizado la alegoría más chocarrera y presuntuosa que he visto en mucho tiempo. Ahora hasta la hipotética película para niños que se traía entre manos parece tentadora. Ahora hasta la Biblia parece una buena opción. [★]

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