Marte (The Martian) | No habrá paz para los marcianos

Me asomo a la ventana y no eres la chica de ayer, Ridley Scott. Duele recordar que la mano que compuso dos de las mejores películas de ciencia ficción de la historia pase por un momento de horas bajas, o de horas mediocres. El pulso es errante, nervioso. ¿Qué pasó, Ridley? Cuéntamelo ahora, que no nos escucha nadie.

Habiendo dejado pasar de largo a Exodus: Dioses y Reyes (Exodus, 2014), mis últimos encuentros con el señor Scott se resumen en decepciones. Prometheus (íd., 2012) prometía, y perdonen la redundancia si es que la hay, el regreso del padre de Alien, el octavo pasajero (Alien, 1979) a su santa casa. Quizá como cinta de domingo por la tarde con una buena factura técnica diera el pego, pero era pensar en ella como precuela de la obra maestra mencionada y llevarse las manos a la cabeza parecía la única reacción coherente. No muy distinta reacción producía El consejero (The Counselor, 2013), esa extraña película con elementos aparentemente ganadores, como Michael Fassbender o un guión firmado por Cormac McCarthy, pero con resultados desastrosos y desconcertantes. Con este panorama, tan negro que nos hace olvidar que a principios de siglo Ridley Scott nos guiñó el ojo bueno con Gladiator (íd., 2000) y Black Hawk derribado (Black Hawk Down, 2001), aterriza Marte (The Martian, 2015), su nuevo regreso a la ciencia ficción.

El chiste de comparar Marte con Interstellar (íd., 2014) se olvida a los pocos minutos, a pesar de que sus coincidencias (un par de actores y el género) te hagan pensar en las probabilidades de que dos grandes directores, en cuanto a nombre al menos, se lanzaran a contar historias más allá de nuestro planeta; pero lo dicho: no va más allá de un chiste. Y lo es porque no pueden ser más diferentes; nos olvidamos de la buscada trascendencia de la cinta de Christopher Nolan para abrazar una historia de supervivencia aliñada con toques de humor que forma un conjunto bastante más ligero, que incluso en sus momentos de tensión no se olvida de sacarte una sonrisa, gag mediante. Marte es una película que se toma en serio a sí misma, pero lo justo, que aquí hemos venido a emborracharnos y el resultado nos da igual.

THE MARTIAN

No he tenido la oportunidad de leer el libro de Andy Weir al que adapta, pero he encontrado en la película factores que me llevan a pesar que su estructura es posible que funcione mejor en el papel. Se debe principalmente a que la narración, dividida en tres líneas que incumben Marte, la nave Ares III y la central de la NASA, no cuenta con un desarrollo equitativo, provocando la sensación de que, por ejemplo y siendo la parte que menos peso tiene -en cuanto a minutos, no así en el desenlace-, la tripulación de la Ares III se note algo coja en lo referido a profundidad, a conflictos más allá de los típicos clichés que no dejan de ser potentes, pero restan interés o prácticamente no dan ninguno. Tanto es así que después del accidente que deja al personaje de Matt Damon tirado en el planeta rojo al principio de la película, tardamos un buen rato en volver a visitar la mencionada nave. En cualquier caso, la película se presenta como una historia de supervivencia, y realmente es lo que quiere ser.

Es curioso cómo en los últimos tiempos se ha puesto de moda, aunque en círculos más o menos cerrados, las historias protagonizadas por un solo personaje: me vienen a la cabeza Náufrago (Cast Away, 2000), 127 horas (127 Hours, 2010) o Locke (íd., 2013). En cierta medida Marte se suscribe a ese grupo, aunque solo en una de sus partes: la de Matt Damon, evidentemente. Le vemos sobrevivir en las duras condiciones de un planeta no demasiado diseñado para el relax y la prosperidad, y para aligerar todas las penas el simpático señor graba un diario de bitácora -otro cliché, pero qué queréis que se inventen: mejor esto que un silencio infinito- en el que nos cuenta directamente a los espectadores lo que planea hacer para aguantar hasta el -supuesto- rescate, siendo ésta una de las principales ventanas por las que se introduce la mayor parte del humor de la película. No perder la risa ante las adversidades; un rollo “Estoy en un planeta hostil, lejos de casa, no sé cuándo me van a rescatar, estoy muy jodido en general, pero déjame que os cuente la cosa más graciosa que me ha pasado esta mañana” que le viene bien al conjunto. Lo dicho: para grandes historias trascendentales y serias ya tenemos a otros.

The-Martian-viral-teaser

Para no caer en un monólogo constante, la película va alternando la narración con lo que ocurre tanto en la nave Ares III como, principalmente, en la central de la NASA. Nos olvidamos de ver a un personaje hablando solo y entramos en un torbellino de individuos que, si bien no es complicado identificar quién es quién y a qué se dedicada cada uno, sí te saca -poco, pero te saca- encontrarte con tantas caras conocidas y con introducciones tan desperdigadas a lo largo del metraje. Con esto no quiero quejarme de que el reparto tenga muchos actores famosos, es más, brindo por la variedad y la calidad por la que apuesta, pero cuando ya llevas hora y media de película -de las dos horas y veinte que dura- y de repente te encuentras con Donald Glover, pues… te saca. Se te viene a la cabeza que salía dicho actor, que ha tardado mucho tiempo en aparecer y demás factores externos al film. Y encima pongo como ejemplo a Glover, que es un tipo bastante desconocido en comparación con un reparto de ida y vuelta lleno de gente como Jessica Chastain, Kate Mara, Jeff Daniels, Kristen Wiig, Chiwetel Ejiofor o Sean Bean. De todas maneras es algo poco importante y muy personal, así que no le daría especial importancia.

Tampoco le daría demasiada importancia a Marte, tanto para lo bueno como para lo malo. Es una película que aterriza cargada de una noticia positiva: Ridley Scott ha vuelto a hacer una buena película. Visualmente cumple, el guión funciona a pesar de su clara irregularidad, la mayoría de los actores -especialmente Matt Damon- están correctos y su extensa duración no resulta pesada. Ahora bien, es una noticia positiva siempre y cuando miremos a las últimas obras de este señor, porque comparar Marte con Alien o Blade Runner (íd., 1982) es algo peligrosamente cercano al suicidio. Juegan en diferentes ligas. Ridley Scott ganó la Liga y la Champions con esas dos obras maestras, y con Marte está luchando por subir a primera división. Quizá en la próxima temporada tendremos un derbi contra Nolan. [★★★]

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