Misericordia (Los casos del Departamento Q) | La fría obstinación

Con dos años de retraso nos llega la primera adaptación de la saga literaria policíaca de Jussi Adler-Olsen, Misericordia (Los casos del Departamento Q) (Kvinden i buret, 2013), que, como no podía ser de otra manera, lleva a la gran pantalla la historia narrada en el primer libro. Al no haber tenido la ocasión de leer ninguno de los volúmenes de la franquicia, mi visión está en cierta manera limitada y la crítica se limitará a analizar la cinta de una forma independiente, dejando de lado su carácter como adaptación.

Carl Mørck es un policía que, tras haber perdido a un compañero y ser testigo de cómo su mejor amigo, también agente de la ley, se quedaba inválido, decide volver a trabajar en la comisaría, donde se ve renegado a un nuevo departamento, con el subtítulo Q, en el que básicamente deberá encargarse de revisar y archivar casos de los últimos veinte años, ayudado por un nuevo compañero, Assad. Sin embargo, y alimentado por la tediosa tarea, se encuentra con un caso, a primera vista cerrado, que le llama la atención, comenzado así una investigación casi a espaldas de sus propios jefes.

A la hora de enfrentarse a una película policíaca uno va pensando que poco pueden hacer ya para sorprenderle, y si además el film viene de los países nórdicos muy difícil es no adivinar los ingredientes que va a contener la mezcla. Los paisajes grises, la lluvia, los personajes turbios y cierto sentido de decadencia y falta de esperanza inundan una trama protagonizada por un individuo que ya conocemos muy bien a pesar de que se cruza por primera vez en nuestro camino: un policía amargado, que busca redención a pesar de que sus acciones y actitudes (terco como una mula) parecen arrastrarle de nuevo hacia el desastre. La dinámica entre los dos compañeros tampoco se aleja de lo reconocible, y su relación avanza hacia lo inevitable y adivinable.

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Ahora bien, que el caso policial y la mil veces vista situación de los personajes no nos sorprendan no provocan que una película policíaca tenga que ser mediocre: es un género que, como tantos otros, no necesita de por sí la originalidad. La historia de Misericordia (Los casos del Departamento Q) funciona dentro de lo que podríamos esperar de una narración como esta, con una estructura sencilla a pesar de que los flashbacks, elemento que se camufla mucho mejor en la literatura, nos golpean con revelaciones que quizá se podían haber jugado con mayor inteligencia. No es que la investigación posea un final poco satisfactorio, en absoluto, sino que el factor sorpresa no está lo suficientemente afilado, y esta era una historia que habría agradecido una última revelación; calentar ese frío ambiente con pistas que permitieran al espectador jugar con las posibilidades. Es una trama casi sin sospechosos: en cierto punto descubren gran parte del pastel mientras tú, hasta el momento intentando ir por delante de ellos, te ves renegado a la mesa de los pequeños. Me gustaría saber cuánta culpa de esto tiene la novela y cuánta el guión (firmado por Nikolaj Arcel, que fue el encargado de adaptar la primera Millennium).

El film presenta una dirección sobria por parte de Mikkel Nørgaard, sin demasiadas florituras más allá de algunos momentos visualmente potentes relacionados con cierto lugar claustrofóbico y los últimos flashbacks aclarativos. El plano actoral se mueve en lo decente, con una pareja protagonista, Nikolaj Lie Kaas (Carl) y Fares Fares (Assad), que funciona como vía de transporte.

Misericordia (Los casos del Departamento Q) es una película correcta que no aporta mucho al género policíaco (desconozco si la novela es más trascendental o deja más poso) pero que funciona con soltura en su limitado terreno. El caso, que es lo importante, se sigue con interés, la ambientación grisácea resulta, como casi siempre para un servidor, atractiva, y la duración del film (no llega a los 100 minutos) permite la fácil digestión de una obra decente aunque olvidable. [★★★]

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