Moonlight | Búsqueda y maduración

Es difícil no empezar a hablar de Moonlight (íd., 2016) en relación a su papel en la carrera de premios. Parecía llamada a convertirse en la gran vencedora de los premios de la Academia, y aunque el tremendo éxito de La La Land probablemente la relegue a un segundo plano, parece tener mucho que decir. Porque el segundo largometraje de Barry Jenkins es importante ya solo por lo que cuenta: la historia de un chico afroamericano a lo largo de su niñez, adolescencia y edad adulta, que vive bajo el abuso de otros por su orientación homosexual y una madre drogadicta. Un relato duro y real protagonizado exclusivamente por gente negra, y que deja entrever el compromiso de Jenkins con la visibilización de este tipo de historias, que, según él, ya contaba en cortometrajes en su etapa de estudiante de cine

Moonlight, en su desarrollo dramático, tampoco tiene nada realmente especial. La estructura, dividida en tres actos correspondientes a la evolución vital del protagonista, nos puede recordar a otras historias coming-of-age, de maduración. En la primera etapa, durante la niñez, se nos presenta a Chiron como un niño inadaptado que, además, no encuentra amor en su propia casa debido a una madre que coquetea con las drogas (una espectacular Naomi Harris), dándose de bruces con la que ejerce como figura paterna, Juan (brillante aunque demasiado breve Mahershala Ali); en la segunda etapa, la adolescente, se introduce de una forma más clara el conflicto de su sexualidad y la caída definitiva a los infiernos de su madre; y en la tercera, ya con un Chiron adulto, se reflexiona sobre cómo nuestras decisiones pasadas y el ambiente donde hemos crecido desembocan en lo que nos acabamos convirtiendo. En conjunto no deja de ser una historia sobre la búsqueda de uno mismo, contada con pulso y sensibilidad, especialmente en su desenlace; no cuenta con un guion extraordinario y algunas elipsis nos privan de momentos que quizá habría sido conveniente ver, pero en general funciona a la perfección.

Donde la película a veces se tambalea es en la realización de Barry Jenkins, con algunos momentos brillantes y otros que te desconciertan por lo arriesgado de la decisión, con resultados dispares. Es en la primera parte donde encuentro momentos más discutibles, como la exagerada cámara en mano o algunos travellings que aportan imágenes muy potentes pero que se agotan rápido narrativamente; por suerte, y a pesar de algunas excepciones (como ese personaje fumando y mirando a cámara), la película se estabiliza en su forma, con una narración muy fluida y llena de momentos mágicos. También ayuda la estupenda fotografía de James Laxton, con esos colores tan vivos. Sin embargo, a pesar de dichos momentos chocantes en la realización, el conjunto formal de Moonlight es muy compacto y, sobre todo, muy memorable; y es importante en una película así, que tiene una historia con muchos lugares comunes que, gracias a la forma, no importa volver a visitar.

Me parece muy injusta la etiqueta de “Película para premios” que se le está otorgando a Moonlight solo por el hecho del tema que trata: gente negra y homosexualidad, una mezcla que mucha gente cree suficiente para ser favorita en esta edición concreta de los Oscar. No es momento ni lugar para hablar sobre sus posibilidades de éxito en dicha gala, pero quería señalar que Moonlight es mucho más que eso. Es un filme con personalidad, con muchísimas luces y con alguna sombra que no empaña el resultado final. Me alegro de que alguien como Jenkins, al que no seguía en absoluto la pista, haya sorprendido con una obra tan personal y potente; sí, no es perfecta y tiene decisiones cuestionables, pero ya solo por el hecho de diferenciarse del resto de historias de este tipo y de tocar temas tan delicados con una sensibilidad como la que demuestra me parece digno de aplauso. Además, y ya que los premios parecen haberse olvidado de ellos en beneficio de caras más conocidas, he aquí tres de los responsables de que Moonlight funcione: Alex Hibbert, Ashton Sanders y Trevante Rhodes. Los tres interpretan al protagonista en las diferentes etapas de su vida. Y están espectaculares. [★★★½]

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