Mustang | Feminidad aprisionada

Pese a la modernización cada vez más evidente y palpable de la sociedad, aún se pueden observar resquicios de comunidades algo más anticuadas, donde las tradiciones van quedando obsoletas y chocan plenamente con comportamientos más actuales. Esta colisión de lo viejo contra lo nuevo está especialmente presente en áreas rurales o países menos desarrollados, y afectan temas tan diversos como la religión, la familia, el matrimonio y la figura femenina. Con este fondo es con el que Deniz Gamze Ergüven construye su ópera prima, Mustang (íd., 2015), la cual está nominada al Óscar a la mejor película de habla no inglesa representando a Francia, pese a estar rodada enteramente en turco.

Para tratar estos temas previamente expuestos, Ergüven nos hace recordar Las virgenes suicidas (The Virgin Suicides, 1999) al utilizar la historia de cinco hermanas adolescentes, quienes tras jugar inocentemente en la playa con sus compañeros de la escuela, algo que su familia considera comportamiento inapropiado, acaban siendo encerradas en casa, vestidas con ropa nada sensual (los vestidos parecen sacos de patatas) y aisladas tecnológicamente del mundo exterior. Durante el confinamiento, la abuela preparará a estas hermanas para que pronto se conviertan en esposas a través de matrimonios no amorosos concertados entre familias, mientras ellas intentarán aguantar su nueva situación y escaparse a toda costa para volver disfrutar de aquella libertad que les ha sido arrebatada.

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Uno de los principales aciertos del filme es el punto de vista bajo el cual está contada la historia, el cual corresponde a la más pequeña de las cinco hermanas y gran protagonista, Lale (Güneş Şensoy). Su corta edad hace que ella vea su alrededor con más inocencia que las demás, sin darse cuenta en su totalidad de la situación que está viviendo con las demás chicas y dejándose llevar por sus más ingenuos impulsos en busca de pasar un buen rato dentro de la prisión a la que llama hogar. Además, ella es la principal responsable de despertar ternura y empatizar con el espectador, algo que la directora hace fácil al darle casi todo el protagonismo de una preciosa cinta rodada con delicadeza y sensibilidad pero sin olvidar transmitir esa sensación de opresión que experimentan estas cinco hermanas turcas.

Por otro lado, la personalidad tan poco femenina de la pequeña de la casa contrasta con la impuesta feminidad y sensualidad que se les exige a las niñas para ser casadas con buenos hombres pero a la vez se intenta encerrar y controlar —con poca suerte— para evitar comportamientos que son considerados lascivos. Esto también forma parte del retrato que el filme hace de estas sociedades tan tradicionales y retrógradas, en las cuales se vive de las apariencias de cara a los demás pero los cotilleos a las espaldas siempre están presentes. Bajo este contexto sociocultural, Mustang se acaba erigiendo como un relato de liberación femenina con mensaje plenamente feminista (muy importante esa escena repleta de mujeres en el estadio de fútbol) y con una crítica rotunda a las costumbres religiosas patriarcales que tratan a la mujer como un mero objeto cuyo único objetivo es servir al hombre, tener hijos y hacerse cargo de las tareas domésticas.

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Sin embargo, centrar la atención constantemente en la pequeña Lale tiene un efecto colateral negativo, ya que el resto de personajes, a excepción del tiránico tío de las chavalas y la más grande de las cinco hermanas, apenas están desarrollados. Esto no es algo que sea excesivamente malo, ya que el resto de chicas solo sirven para dejar constancia los procesos matrimoniales, pero se le podría haber sacado algo más de juego a la aislada convivencia de haber definido un poco más estas figuras femeninas. Aún así, las interpretaciones que ellas hacen de estos sencillos personajes están bastante bien, destacando especialmente la labor de Şensoy de llevar el peso del filme de manera efectiva.

Mustang es un filme que durante sus 97 minutos de metraje estremece e indigna al espectador con su reflejo de las sociedades conservadoras y la represión contra el género femenino. Pero lo más importante de la película no es el retrato que hace del machismo en estas comunidades, si no el optimismo reinvidicativo que se desprende del desenlace y que se materializa constantemente en la figura de la más pequeña de las hermanas. Una muestra de la (aún) muy necesaria lucha feminista contra las diferencias existentes en función del género y a favor de la libertad de las mujeres. [★★★★]

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