Paterson | Una ciudad, un poeta

Paterson es un conductor de autobús en Paterson, Nueva Jersey, una ciudad en la que no parece ocurrir nada especialmente interesante. O al menos no en la vida de Paterson, que se levanta cada día laborable de la semana para recorrer las mismas calles y recoger gente que, si no fuera por las historias que escucha de vez en cuando, no conseguiría diferenciar. Sin embargo, dentro de su cotidianidad, Paterson ejerce su verdadera pasión, que le convierte en lo que, quizá, realmente sea: un poeta. Subido en su viejo vehículo de trabajo le vemos escribir poemas que hablan de lo mundano, del amor, del pasado… o de una caja de cerillas que encierra en sí todo ello. Así nos sumergimos en su rico mundo interior durante una semana tan extraordinaria como la que podríamos tener cualquiera de nosotros, con sus puntos altos y sus puntos bajos, y la sensación de que a menudo tenemos que hacer un esfuerzo para conseguir que los días no parezcan copias del anterior.

Hay muchos aspectos extraordinarios en la nueva y, ya adelanto mi opinión, mejor película de Jim Jarmusch hasta la fecha, pero si tuviera que destacar algo sería su capacidad para convertir lo cotidiano en una creación literaria, en partir de cualquier cosa (una caja de cerillas, mismamente) y llegar a hablar de sentimientos humanos que, de una forma u otra, nos tocan a todos. Porque Paterson no escribe grandes poemas épicos que buscan el significado último de la existencia; de hecho no se preocupa ni en que rimen. Él se presenta delante de la hoja en blanco y habla de lo que conoce, de lo que ve y de lo que siente. Este acercamiento a la vida de una forma tan real y cercana convierte a Paterson (íd., 2016) en una película especial que te hace conectar con ella a unos niveles muy profundos, ya no solo empatizando con el protagonista, sino proyectando parte de tus inquietudes e identificándote de forma directa con lo que estás viendo. De nuevo, como suele ocurrir en el cine de Jarmusch, no importa tanto el punto A y el punto B, sino la línea que los une; no estamos ante una película con una trama al uso, no tiene una estructura convencional en el sentido de giros marcados y actos claros, sino que resulta una corriente (como ya pasaba, por ejemplo, con su anterior obra, Sólo los amantes sobreviven) que nos permite ser testigos del día a día de una persona concreta, una más, que además de autobusero también es poeta.

El guión es magnífico a la hora de construir a todos los personajes, no solo a Paterson, encontrándonos con su novia Laura (Golshifteh Farahani), una persona creativa y con diferentes inquietudes artísticas como la música o los cupcakes; con su perro Marvin, probablemente el canino mejor utilizado en la narrativa de un filme que he visto nunca; o con diferentes personajes con los que interactúa nuestro protagonista en un pequeño bar nocturno en el que se repasa, de forma visual en un muro, las personalidades que han tenido algo que ver con la ciudad de Paterson, Nueva Jersey. Porque esta película no es solo la historia de un poeta, sino también sobre la ciudad por la que se mueve: la visitamos con su autobús, andamos por sus calles y nos sentamos en sus bancos. La dirección de Jarmusch es exquisita, con la elegancia habitual y un ritmo que deja respirar a la historia, al ambiente; además, la estructura, dividida en días, nos permite saborear cada fragmento de forma individual y, al mismo tiempo, compararlo con el anterior y, después, con el siguiente. Se completa, en su resolución, un círculo del que ninguno podemos escapar; porque después del domingo llegará el lunes, y después el martes, y la semana volverá a terminar, y a empezar, y a terminar, y en nuestra mano estará escribir poemas, cantar canciones y cocinar cupcakes, o quedarnos parados dejando que las agujas del reloj avancen sin descanso.

Para terminar este comentario, espero que lo suficientemente ambiguo como para no haber desvelado en exceso (de una película que, por otra parte, es difícil desvelar puntos argumentales), me gustaría señalar dos cosas. La primera es la interpretación de Adam Driver, a la que solo puedo dedicar palabras de admiración y alegría; no solo porque sea un actor que se está ganando (o se ha ganado) un papel destacado en la escena cinematográfica actual a base de trabajar con cabeza eligiendo proyectos interesantes, sino porque creo que pocos intérpretes podrían haber realizado este papel de la forma que él lo hace. Le vemos fuera del registro de prepotente, abrazando aquí un personaje cálido, simpático, con un profundo amor hacia la persona con la que comparte su vida, Laura, y con la capacidad de caernos bien desde el primer momento; además de aprovechar su voz para recitar los versos que escribe, lo cual tampoco viene mal. Lo segundo, más como conclusión, es que Paterson es una película muy especial de la que me sorprende que haya tanto consenso por parte de la crítica, o al menos de los comentarios que vinieron de Cannes y otros festivales. No creo que sea un filme innacesible para cierto público, pero ya sabemos que Jarmusch es un director especial, con una sensibilidad y un ritmo determinado, y quizá la puerta de entrada, si es el primer acercamiento, no sea del todo plácida. En cualquier caso, como persona que disfruta mucho con el cine de este autor y como espectador que ha vivido a unos niveles muy personales su nueva obra, solo puedo recomendar esta maravilla imprescindible que, estoy seguro, crecerá con el paso del tiempo. [★★★★]

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