Peter Rabbit | Peluda gamberrada

La mezcla de live-action con dibujos animados en comedias familiares no es algo relativamente reciente, ya que películas como Mary Poppins (íd., 1964), La bruja novata (Bedknobs and Broomsticks, 1971) o Space Jam (íd., 1996) ya hacían uso de estas técnicas. Con la llegada del CGI, tanto la recreación de los personajes animados como su integración en los planos pasó a ser mucho más realista, algo que los estudios han aprovechado para actualizar de manera tridimensional las historias de personajes —especialmente animales peludos— que hasta ahora solo habían vivido en mundos de dos dimensiones. Garfield, la película (Garfield: The Movie, 2005), Alvin y las ardillas (Alvin and the Chipmunks, 2007) o la espléndida Paddington (íd., 2014) son algunos de esos ejemplos, a los que ahora se une Peter Rabbit (íd., 2018), cinta que se basa en la obra literaria de la ilustradora Beatrix Potter.

Peter Rabbit empieza fiel a su origen con la enemistad entre el conejo protagonista y Mr. McGregor, el cascarrabias dueño de un jardín donde Peter constantemente intenta robar verduras junto a su familia: su primo Benjamin y sus hermanas Mopsy, Flopsy y Cotton-Tail. Durante uno de sus enfrentamientos, McGregor muere de un infarto y su sobrino nieto Thomas, encargado en unos grandes almacenes londinenses —los archiconocidos Harrods—, hereda su lugar como propietario de la casa de campo. Esto se traduce en una mayor intensidad del conflicto entre ambos ante el carácter controlador de Thomas y su odio hacia los animales, además de la amenaza de que este robe el cariño que Bea, la vecina de al lado, tiene por los conejos.

Dirigida por Will Gluck, responsable de mi amada comedia Rumores y mentiras (Easy A, 2009), no tenía demasiadas esperanzas puestas en Peter Rabbit tras tener en cuenta las críticas tibias y los últimos precedentes de estos híbridos entre animación y live action provenientes desde los EEUU, además de lo meramente simpáticos que son los dos anteriores filmes de Gluck. Sin embargo, los astros se han alineado para traernos un producto con una calidad mucho más cercana a Paddington que al resto de entretenimientos infantiles de este estilo. Esto incluye un gran trabajo a la hora de animar los múltiples animales antropomórficos y su interacción con los personajes humanos y los distintos escenarios de la campiña inglesa y la ciudad de Londres.

El carácter rebelde y aventurero que tiene el conejo en la obra original es un terreno fértil a la hora de hacer una actualización a los tiempos que corren, una que sea menos dulce e inocente y tenga toques más gamberros, suponiendo a su vez un sacrilegio para los defensores del material escrito e ilustrado hace más de cien años. Yo no conozco los libros de Potter, pero defiendo los cambios aplicados al tono de la historia, porque tanto el público como el medio en que se presenta son distintos y, por otro lado, los responsables de esta adaptación triunfan con un Peter que resulta ser carismático y desvergonzado. Cierto es que puede llegar a caer mal siendo como es, pero en todo caso lo veo como una característica intencionada dentro de su personalidad que se aprovecha tanto en su evolución personal como, sobre todo, en la parte cómica.

La cinta está dotada de un ritmo rápido que no deja lugar al aburrimiento, una vertiginosidad que se ve alimentada por la presencia de montajes ágiles con canciones pop a modo de banda sonora, síntoma inevitable de que nos encontramos ante un entretenimiento infantil de esta década. La película tampoco cesa en la cantidad de gags que dispara al espectador, combinando la comedia slapstick con ingeniosos juegos de palabras y chistes metarreferenciales. La suerte es que muchos de ellos consiguen dar en el clavo, incluidos los running gags que se van repitiendo sin reducirse su efecto, y, al menos en mi caso, han logrado hacerme reír como hacía meses que no lo lograba una película. Por otro lado, bajo todas esas risas la película también se esconde un lado más tierno a través de los sentimientos de Peter con respecto a sus difuntos padres, los cuales son un punto clave en sus motivaciones de todo lo que hace durante el film y la relación que mantiene con los dos principales personajes de carne y hueso.

Bea, siendo una representación de la mismísima autora y su amor por los animales, y Thomas, el aparente villano de toda la función, interaccionan prácticamente en cada escena con sus compañeros peludos, pero también protagonizan una trama romántica por su cuenta. Es uno de los puntos menos agraciados de la película al seguir paso a paso la estructura convencional romántica, pero indirectamente convierte Peter Rabbit en la mejor comedia romántica que se ha estrenado recientemente. Rose Byrne y Domhnall Gleeson cumplen en su tarea de actuar ante animales que no existen, con este último destacando más ante el lado neurótico y alocado que muestra su personaje. En cuanto a las voces, James Corden logra recrear el desparpajo del nuevo Peter Rabbit, mientras que Margot Robbie, Daisy Ridley y Elizabeth Debicki hacen de las tres hermanas del protagonista. Aquí en España tenemos que conformarnos con Dani Rovira, Silvia Abril y Belén Cuesta, así que os recomiendo encarecidamente el encanto de los acentos british de la versión original.

Contra pronóstico, Peter Rabbit es de lo mejor que el cine infantil de carne, hueso y pelos nos ha traído últimamente, especialmente por lo tremendamente bien que funciona a la hora de convertir el material literario de Beatrix Potter en una hiperactiva comedia de acción parcialmente animada. Lo que más brilla, una combinación hilarante y gamberra de humor físico y autoconsciente que resulta ser muy representativa de la ruptura de códigos y convencionalismos que tan de moda está en ficción actual —y en las series de animación— y que a mí personalmente me apasiona. [★★★½]

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