Profanación (Los casos del Departamento Q) | Más pasado que presente

El tardío estreno en nuestro país de la primera entrega de la adaptación de la saga de libros firmada por Jussi Adler-Olsen ha provocado que en apenas un mes volvamos a sentarnos en nuestras butacas para visionar la que es la segunda aventura de estos dos policías, Carl Mørck y Assad, y su marginal departamento especializado en reabrir casos. Profanación (Los casos del Departamento Q) (Fasandræberne, 2014) es el título de esta fría y predecible continuación. 

En mi crítica de Misericordia comenté que era una película correcta, que funcionaba relativamente bien pero que no sorprendía ni aportaba nada al ya de por sí muy explorado género policíaco. Guardaba esperanzas, sin embargo, de que esta segunda parte afilara un poco más sus armas y afinara con mayor precisión sus instrumentos con tal de contar una historia con más gracia, con más nervio, en definitiva más memorable. De primeras jugaban con una ventaja: los personajes, y sus respectivas relaciones, ya estaban construidos, por lo que era hora de edificar más alto y forzar la maquinaria en el buen sentido.

Es una pena que la decepción se filtre por cada fotograma que llega al espectador; a cada minuto demuestra que no se aprovecha ni lo anteriormente plantado ni el caso autoconclusivo que se está exponiendo. Sí, ya conocemos a los protagonistas, pero a lo largo de las (largas) dos horas que dura la película no se profundiza prácticamente nada en ellos, contamos con la misma información que al terminar la primera historia y su relación, como compañeros y amigos, se mueve en una línea vertical, sin variaciones.

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Y luego está el caso policial, que vuelve a tocar temas turbios y profundamente humanos (en esta ocasión el pasado juega un papel esencial), pero que está expuesto de una forma mucho más torpe que el misterio de la primera entrega, lo que ya de por sí es grave debido a que la historia del debut tampoco era la quinta maravilla del policíaco. Profanación apuesta de una forma firme por los flashbacks, que salpican todo el metraje y nos van conduciendo, a medida que avanzamos simultaneamente en el presente, hacia la resolución final. ¿Qué ocurre? Que los viajes al pasado resultan cansinos y, lo que es peor, redundantes; vuelven a manejar el “quién será el asesino” de una forma muy poco climática, señalando desde las primeras secuencias a los más que posibles culpables del tinglado, y sí, efectivamente, no hay una sorpresa final que cambie la perspectiva de lo visto con anterioridad. Todo es directo y, a medida que avanza, más aburrido.

Quiero dejar una cosa clara: tampoco esperaba que Profanación, después de haber comprendido la estructura de Misericordia, fuera a cambiar las intenciones de una saga que apuesta por el policíaco nórdico de escuadra y cartabón. De esta segunda parte solo deseaba que cogiera esos elementos y los elevara, que desarrollara a los personajes y los involucrara, quizá de otra forma, con el caso en el que se veían involucrados. Y es una pena que Profanación (Los casos del Departamento Q) prácticamente no tenga nada de eso; no es una película horrible y existen en ella pequeños destellos encapsulados en escenas puntuales con buenas ideas, pero claro, no es suficiente. [★★½]

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