¿Qué invadimos ahora? | La invasión que hizo llorar a Obama

Los documentales siempre son enriquecedores, o deberían serlo, hasta los peores. Viendo un documental siempre he pensado que vas a irte a dormir sabiendo una cosa más (o varias). Y aunque hay una variedad tremenda de temas en el género, sí es cierto que la mayoría se pueden clasificar en unos pocos subgrupos por cómo tratan en la realización ciertos temas —la vida de un personaje público con videos caseros del mismo, un conflicto nacional en la que la cámara está presente, etc—. Una buena forma de ver esto es en la por momentos brillante serie Documentary Now, donde se parodia el género desde todos los formatos posibles. Un tipo de documental per se es el realizado por Michael Moore, una figura clave dentro de la historia del cine documental reciente que popularizó el género  a principios de siglo entre las grandes masas, haciendo verdaderos taquillazos. Seis años después de Capitalismo: Una historia de amor (Capitalism: A Love Story, 2009) nos llega su nuevo, controvertido y polémico documental: ¿Qué invadimos ahora? (Where to Invade Next?, 2015).

En el cine de Moore es una constante la crítica hacía su país, Estados Unidos. La ha abordado desde varios campos, entre ellos se encuentran su sistema sanitario (Sicko), el uso y posesión de armas (Bowling for Columbine) o el propio gobierno, en concreto a la administración de Bush y su relación con Bin Laden y el 11S (Fahrenheit 9/11). Sus documentales no suelen dejar indiferente a nadie, al igual que sus declaraciones. Aún me acuerdo de su icónico discurso de recogida al Oscar en 2003 hablando de la guerra ficticia de Irak que había creado Bush, en la que muchos arrancaron a aplaudirle y otros tantos a abuchearle. Aunque la gran mayoría no supo como reaccionar ante aquello; digno de ver. Ahora, con ¿Qué invadimos ahora? ha decidido hacer su crítica más general a la actual primera potencia mundial, analizando cada uno de los grandes problemas que sufre la sociedad estadounidense. Lo curioso de la propuesta es que para ello va a alejarse de allí (Moore explica que ni un solo plano se ha rodado en EEUU) e irá viajando por diversos países “invadiendo” aquellos que tengan buenas ideas y poder proponérselas a sus compatriotas.

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Lo bueno del documental es que la mayoría aprendemos por partida doble, mientras que vamos descubriendo las ventajas que existen en cada país que Moore visita también nos concienciamos de lo mal que se encuentra el gigante norteamericano en cierto aspectos. Moore se mueve sobre todo por Europa, aunque curiosamente por España no pasa (¿por qué será?) a pesar de que sí lo hace por países vecinos como Portugal, Francia e incluso Italia; no debería extrañarnos. Como siempre ocurre con los documentales de Michael Moore, nunca se abandona ese humor irreverente y las bromas políticamente incorrectas que tanto nos gustan a los seguidores del oscarizado director. En este aspecto, me parece una de las mejores comedias de lo que llevamos de año, a pesar de que en su segunda hora el tema se vuelve demasiado serio como para que el humor sea el protagonista del tono del filme, pero no deja de estar presente. La clave del éxito por el que me resulta tan atractivo y se siente tan fresco su humor es que los comentarios de Moore suelen estar acompañados por un montaje que sabe muy bien jugar sus cartas para hacer reír al público sin que parezca cargante ni excesivo. Todo lo contrario, por ejemplo, a la reciente La gran apuesta (The Big Short, 2015).

La propuesta del documental es bastante interesante y creo que ha conseguido un resultado bastante satisfactorio de lo que Moore quería hacer aquí. Pero como en casi todos los documentales, y en concreto los de este señor, siempre hay quienes se quejan de que se idealiza demasiado el punto de vista de su autor y nunca se enseña la otra cara de la moneda. Y puedo entenderlo, de hecho incluso me puede llegar a molestar que solo muestre las virtudes de los países a los que va cuando sabemos que en otros aspectos no tienen nada de lo que presumir, sumado a que solo cuenta con entrevistas de gente que sabe que no va a darle la contraria al pensamiento crítico que tiene hacia EEUU. Sin embargo, y a pesar de ese evidente reduccionismo, gran parte de lo que cuenta es totalmente cierto y tiene su valor. En definitiva, tanto si sois seguidores del director como si no ¿Qué invadimos ahora? merece bastante la pena, aunque solo sea por ver uno de los documentales más ligeros y divertidos que recuerdo, y todo mientras Moore vuelve a despotricar sobre su ¿querídisimo? país. [★★★½]

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