Redada asesina 2 | Dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis…

…seis y dos son ocho, y ocho dieciséis. Dieciséis hostias. Como panes.

La primera Redada asesina (The Raid, 2011) es una de las películas de acción más interesantes de los últimos años, más por forma que por fondo. Planteándonos una historia de guardería con ecos de los videojuegos de los ochenta y noventa, la travesía de este grupo de policías por un edificio repleto de matones con ansias de sangre y de dinero colocó a su director, Gareth Evans, en el punto de mira de los seguidores del género. Tres años después y con tres veces más presupuesto, aterriza de nuevo con la secuela, Redada asesina 2 (The Raid 2, 2014), y el ánimo de darnos más y (mucho) mejor.

Siéntate, apaga el cerebro y disfruta de una ensalada de hostias como pocas has visto. Esa era la oferta de la primera entrega de esta franquicia. Los personajes no pasaban del cliché y dudo que la historia ocupara más de diez páginas de guión, pero la película siempre era consciente de eso y se centraba en su plato principal, unos combates rodados con una maestría tremenda, con coreografías sublimes y un ritmo que no dejaba de crecer a cada paso. En lo suyo, Redada asesina era muy buena. Y ahora nos llega su segunda parte, una continuación que se ve en cierta manera obligada a mejorar los puntos más endebles de la original, es decir, a mejorar la trama, los personajes y todas aquellas secuencias en las que los individuos que aparecen en pantalla no se están partiendo la crisma en dos.

El resultado no solo es satisfactorio en comparación con la anterior entrega, sino que la historia de esta Redada asesina 2 es más interesante que la de las películas de acción que suelen salpicar cada mes las carteleras. Y todo es gracias a dos aspectos fundamentales: la ampliación de ese universo de violencia, pues la trama ya no se ve atrapada en un edificio singular sino que se mueve por muchas y variadas localizaciones, y el posicionamiento de un personaje protagonista moralmente más gris que lo anteriormente visto. En la primera película la faena acababa resumida en la lucha entre un grupo de gente buena y un grupo de gente mala, apenas había hueco para las dudas morales, mientras que en esta secuela el campo se vuelve mucho más amplio y la propia naturaleza de la misión principal (infiltrarse en una organización mafiosa, teniendo que pasarse por uno de ellos, con todo lo que conlleva) ya aporta de por sí más herramientas con las que jugar.

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Sin embargo, y como era prácticamente inevitable, Redada asesina 2 se alza por encima de todas las películas del género de los últimos años gracias a unas escenas de acción que son auténticas maravillas. Con las bases ya asentadas, Gareth Evans se permite realizar virguerías con coreografías medidas al milímetro y un montaje que las enlaza de una manera exquisita, mezclando las diferentes tomas o cogiendo los planos secuencia directamente rodados en un set que debía ser una auténtica locura. La estructura videojueguil de “yo contra el barrio” sigue estando muy presente, con personajes que tumban a treinta personas como quien no quiere la cosa, pero me gusta que en muchas de estas escenas se le de un toque argumental que hila cada fragmento. Por supuesto que hay combates “gratuitos” (o mejor dicho, diseñados pensando mucho más en la acción que en cómo van a encajar en la historia), e incluso contamos con tres jefes finales con batallas absolutamente memorables, pero la sensación general es que hay más construcción de las situaciones en las que ocurren estos combates y no es tanto subir un nivel tras otro (literalmente, pues así se podía definir a cada piso del edificio) en la primera entrega. Que el film dure dos horas y media (casi una hora más que el anterior) también ayuda a dosificar más los momentos frenéticos y rodearlos de chicha, de sustancia proveniente de un guión más elaborado.

Si tuviera que definir a Redada asesina 2 con una palabra (ni idea de cómo habría llegado a esa situación), esta sería “cuidada”. Es una película cuidada en todos y cada uno de sus apartados, destacando los técnicos. Contando con una historia no redonda pero sí más compleja e interesante, nos propone un torbellino de hostias como panes al que una vez estás dentro es difícil escapar. Es un film atractivo visualmente, espectacular en cada patada y rodado con mucha inteligencia (esa secuencia de coches) por parte de un director al que habrá que seguirle la pista. En definitiva, una película estupenda. [★★★★]

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