Redención (Los casos del Departamento Q) | Perdiendo la fe

La interesante primera entrega de estas adaptaciones cinematográficas de las novelas de Jussi Adler-Olsen apuntaba a la que podría convertirse en una serie de películas recomendables para los amantes del policíaco nórdico. Sin embargo, el segundo caso del Departamento Q me supo a poco, ya fuera porque el caso no estaba especialmente bien llevado o porque la relación entre los dos protagonistas, que tan buenas maneras apuntaba en sus inicios, no se desarrollaba en absoluto. Ahora nos llega Redención (Flaskepost fra P, 2016), la tercera entrega de esta sucesión de casos a resolver; veamos si finalmente han dado un paso hacia adelante.

En esta ocasión el Departamento Q se hará cargado de la investigación de un mensaje llegado en una botella que parece llevar años a la deriva, y que les conducirá a un secuestrador de niños con una relación complicada con Dios. Hay algo que ya de primeras cambia en Redención: a diferencia de las anteriores dos historias, donde el caso se desarrollaba de tal forma que descubríamos al culpable y/o sus motivos en los últimos compases, en esta ocasión nos damos de frente con el responsable, primero el espectador, siendo testigo de forma clara de qué ha ocurrido (no tanto los motivos, que se irán desgranando poco a poco, aunque resultan predecibles ya solo con un fotograma de los flashbacks que muy ocasionalmente salpican la narración), y después los dos policías, que descubrirán quién es muy pronto y convertirán la trama en un “atrápame si puedes”. Esta nueva estructura les acaba perjudicando más que aportando un soplo de aire fresco: ya no es que lo que se nos cuenta suene a visto, sino que la propia propuesta no juega sus cartas con demasiada inteligencia. No se aprovecha que el espectador sepa quién es el asesino ni tampoco se desarrolla el juego del gato y el ratón, quedando todo en una sucesión de hechos que no chirrían ni molestan, que avanzan con cierta solidez, pero que no te emocionan en absoluto.

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Y ahí considero que se encuentra uno de los grandes problemas no solo de esta Redención, sino de la saga del Departamento Q en general: son historias que no se quedan contigo a ningún nivel. No he leído las novelas y no soy conocedor si tienen una profundidad mayor o mejor expuesta, pero el caso es que las adaptaciones son poco más que capítulos televisivos alargados con un caso no especialmente bien escrito, sí llevado con cierto interés pero sin apasionar, y unos personajes que no avanzan. En esta entrega es especialmente sangrante el papel de Carl Mørck (Nikolaj Lie Kaas), en una situación de aún mayor amargura que en anteriores ocasiones y cuyo estado emocional no aporta absolutamente nada. Parece estar triste para acompañar de la mano las frías localizaciones donde se desarrolla la historia y poco más; tampoco ayuda que su compañero, Assad (Fares Fares), tenga un desarrollo tan nimio, limitándose a ser el fiel amigo, el amigo que discute o el amigo que hace bromas para relajar el tenso ambiente.

A su vez, con la correspondiente culpa del guión, la realización de Hans Petter Moland no parece rematar prácticamente ninguna escena y adorna algunas secuencias con cortes bruscos que más que transmitir inestabilidad mental solo consiguen descolocar al espectador y sacarle de la película. Logra, como ya lo hacía Mikkel Nørgaard en las dos entregas previas, transmitir el frío de esos ambientes nórdicos, al igual que cae en su mismo problema: más allá de un uso eficiente de la tensión en contadas escenas, no hay nada memorable en la forma en la que esta historia se nos cuenta.

No es que Redención sea una mala película, que no lo es, sino que su problema es que apuesta todo lo que tiene en el caso policial y éste no consigue atrapar tanto como debería. En la primera entrega, para un servidor la mejor de las tres hasta el momento, se construía una trama policíaca con solvencia y además se jugaba con la relación entre los dos policías, que se estaban empezando a conocer; ya en la continuación, con un caso más endeble y una relación estancada, se podía empezar a temer que quizá esto fuera simplemente una saga de historias autoconclusivas sin demasiado que decir; y, lamentablemente, esta Redención confirma la sospecha. Celebro que al menos sea un filme decente, de los que se puede ver sin llevarse las manos a la cabeza y pasando un rato entretenido, pero qué pena que, de nuevo, no hayan ido un poquito más allá. [★★½]

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