Sexo fácil, películas tristes | Desmenuzando la comedia romántica

Billy Wilder dijo una vez que cuando estaba deprimido escribía comedias; en cambio, cuando se encontraba feliz escribía sobre temas más bien trágicos. El guionista argentino Alejo Flah anotó esta frase en la primera página del libreto de Sexo fácil, películas tristes (íd., 2015) y es, precisamente, esta dualidad el componente principal que marca este, su primer largometraje como director.

La historia de Sexo fácil, películas tristes pretende ser la historia de toda película romántica: Víctor (Quim Gutiérrez) y Marina (Marta Etura) se conocen, se atraen y se quieren como locos. Lo tienen todo para ser felices, hay declaraciones, paseos por la playa y días perfectos. El único problema es que ni Víctor ni Marina son personas reales; ellos son, en realidad, personajes de ficción en el guión que escribe nuestro protagonista, Pablo (Ernesto Alterio), un escritor venido a menos que se encuentra en el peor momento de la relación con su pareja (Julieta Cardinelli) y debe escribir una comedia romántica, envuelto en una situación similar a la de la cita de Wilder.

Existen, por lo tanto, estas dos tramas que alimentan la estructura de la película: una alegre -la ficticia-, la de un romance ideal en Madrid; y otra amarga -la real-, la de un escritor melancólico en Buenos Aires. Dos tramas enfrentadas constantemente en un esfuerzo del director por descomponer todos los clichés y lugares comunes de un género tan denostado como la comedia romántica para, así, traernos gentilmente una idea de amor más real, singular y muy personal. La contradicción entre estos dos mundos -realidad y ficción- es trasladada con naturalidad y sin pretensiones a la pantalla, de manera que el contraste resulta efectivo.

Madrid

Asimismo, la cinta aprovecha su estructura no sólo para examinar un género, sino también para explorar el proceso creativo y mostrarnos cómo las situaciones personales del autor condicionan y moldean el resultado de su obra. Esto queda evidenciado en ocasiones puntuales, con ciertos paralelismos, pero, sobre todo, por el nexo que crea un personaje que conocemos en la realidad de Pablo y que volvemos a encontrar en la ficción que él mismo escribe. La imaginación y la capacidad de crear son elementos a los que se referencia constantemente y es evidente que constituye una de las preocupaciones principales del director.

Las dos parejas protagonistas son casi totalmente opuestas la una de la otra, pero ambas ejecutan su papel de manera acertada, tocando las notas precisas. Por un lado, Víctor y Marina son personajes que, a pesar de seguir al pie de la letra cada cliché de toda comedia romántica, tienen personalidades decentemente dibujadas, un carácter humano que es potenciado por la excelente química que existe entre Quim Gutiérrez y Marta Etura.  La dinámica entre Ernesto Alterio y Julieta Cardinelli, por otro lado, posee un matiz diferente, más desorientado y más caótico, que hace su relación más rica y llena de detalles. Estas dos parejas me salvaron de echar de menos la intervención más sólida de algunos personajes secundarios (todos interpretativamente correctos), así como evitaron que pensara en que la incorporación al relato de ciertos eventos era quizás un tanto plana o forzada. 

Sexo fácil, películas tristes está lejos de ser una película perfecta, es cierto, pero es una película que se atreve a ser audaz y arriesga mucho desde el planteamiento inicial. Su mayor logro es poder presumir de ser diferente y única. Más que novedosa o innovadora, yo la calificaría como certera, ya que cuenta bien lo que quiere contar y no exige ir más allá. Alejo Flah firma no solamente un guión inteligente, también dirige en su primer largometraje una película sensible y encantadora sobre el cine, los autores y los puentes que unen la realidad y la fantasía. [7]

Comentarios