Siete deseos | Destino Final 6

Si hace un par de semanas os hablaba en la web de Llega de noche (It Comes at Night, 2017), uno de los filmes de terror más especiales de entre los que se estrenarán este año —junto con Déjame salir (Get Out, 2017) y La cura del bienestar (A Cure for Wellness, 2016)—, hoy le toca el turno al otro lado de la balanza, el del terror adolescente más puramente mainstream y cuyas pretensiones son bastante menos artísticas y/o ambiciosas en lo que quieren transmitir (además de miedo en el espectador). Habitualmente hay menos luces que sombras entre las propuestas de este estilo que llegan a las salas, profunda oscuridad si hablamos de la horrenda Nunca digas su nombre (The Bye Bye Man, 2017), pero pueden ser una buena opción para pasar un rato entretenido bajo el fresco del aire acondicionado y así evitar el calor estival. La última de estas propuestas nos llega este verano bajo el título de Siete deseos (Wish Upon, 2017).

La premisa del film es simple y se centra en Clare, una chica de diecisiete años que vive con su desempleado padre tras el suicidio de su madre e intenta sobrevivir a las turbulencias propias del instituto y la adolescencia. Después de que su padre encuentre una misteriosa caja de música que concede deseos, Clare verá cómo su vida cambia a mejor de forma radical, sin darse cuenta que todo tiene un precio, el cual a veces puede ser demasiado alto. Tampoco hace falta ser tan críptico con una película como esta así que sí, con cada deseo que nuestra protagonista pide a la cajita de música, esta suena para asesinar a alguien de su entorno. Nos encontramos pues con un film ultracomercial, dirigido a esa franja demográfica cuya edad se escribe con un “teen” al final y busca iniciarse en esto del cine de terror. Podríamos incluso hablar de la Destino final (Final Destination, 2000) para los nacidos en el nuevo milenio, una comparación para nada gratuita. Esto se puede ver hasta en el reparto escogido, en el que no falta la diversidad para que cada joven se vea representado, y que cuenta con la presencia de una actriz bastante habitual en ficciones juveniles como protagonista (Joey King), un fenómeno viral como es Barb de Stranger Things (Shannon Purser) y uno de los actores principales de El corredor del laberinto (The Maze Runner, 2014) y la primera temporada de Unbreakable Kimmy Schmidt, Ki Hong Lee.

Quien busque originalidad desbordante aquí no la va a encontrar. El desarrollo es exactamente el que te puedes esperar de un film de estas características (la protagonista pide deseos, se muere gente, se da cuenta tarde e intenta solucionarlo), el mensaje moral sobre la codicia y el egoísmo tampoco es nada nuevo, y el desenlace prácticamente te lo explican en la primera escena, algo que, bajo mi punto de vista, se hubiese evitado de haber planteado mejor la información que querían dar en prólogo. Hasta tiene su trocito de flashbacks y la correspondiente explicación irrelevante del origen del elemento sobrenatural, uno de los clichés narrativos más socorridos en el cine de terror mainstream. También sigue al dedillo los códigos de las pelis de instituto con el “crush” por el tío bueno, el arquetípico conflicto entre populares y marginados y el también arquetípico enfado entre marginados cuando uno de ellos pasa al otro bando.

Pero tampoco voy a pedirle peras al olmo, especialmente teniendo en cuenta que nos encontramos delante de un film que simplemente pretende entretener, lo cual ha conseguido conmigo pese a ser yo muy reacio a ello antes de la proyección. El ritmo del film no decae, avanzando con un marcado tempo circular de problema-deseo-solución-muerte-problema, y apenas hay ramificaciones innecesarias de la trama principal que nos aproximen peligrosamente al aburrimiento. Aunque lo que verdaderamente destaca para un fan del terror como yo es cada una de las escenas mortales. Se nota y mucho la influencia de Destino final, una de las sagas de terror que más me entusiasman y divierten gracias a un concepto la mar de juguetón. En Siete deseos cada muerte también es un macabro accidente, y aunque no son tan creativos como los de las películas en las que se inspira, sí consigue construir una cierta tensión alrededor del inminente suceso a base de peligros constantes y amagos. Una lástima que las escenas en cuestión se vean censuradas en lo explícito ante las ataduras de la calificación PG-13.

En definitiva, Siete deseos no es en absoluto una maravilla, ni siquiera una peli “buena”, pero es bastante efectiva en lo que propone dentro del batiburrillo de clichés del cine de terror teen sobrenatural. Es por eso que puede resultar una buena opción cinematográfica para aquellos que busquen una sencilla propuesta de terror para ver en la pantalla grande durante una tarde-noche tonta de verano, para los que añoren la diversión de la saga Destino final —como yo— o para los fans más acérrimos de las ficciones adolescentes. [★★½]

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