Silencio | In nomine Patris

No os hacéis una idea de lo complicado que se me hace escribir esta crítica, quizás una de las más difíciles de las que me ha tocado enfrentar hasta ahora en la web. Principalmente se debe a que Silencio (Silence, 2016) me causó una mezcla de sensaciones casi indescriptible, y que intentaré materializar con los párrafos que escriba a continuación. Y es que la nueva película de Martin Scorsese es una que se hace casi indispensable dejarla reposar en tu memoria, que madure, para poder divagar con algo de sentido sobre ella. Pero no quiero asustaros, ni mucho menos. Sí que os hagáis al cuerpo antes de entrar en estas casi tres horas de metraje, que sepáis bien a que os metéis; o que lo mismo soy yo, que exagero demasiado y realmente no es necesaria tal parsimonia ante semejante obra. Lo que sí que está más allá de toda duda es el giro de 180 grados que ha realizado el director neoyorkino desde su anterior película, El lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street, 2013), a la que estrena ahora. Pero no es que haya sido un proyecto con el que se haya encontrado por casualidad en estos tres años de ausencia, si no que Silencio es una de aquellas películas que estaba destinado a hacer. Scorsese llevaba queriendo adaptar la novela de Shūsaku Endō desde hace algo más de 25 años, y tras una larga serie de diversas causas y acontecimientos, por fin ha podido echarle el guante a una historia que tanto respeto le profesa. De hecho, tal es su involucración con el proyecto que es la primera vez que mete mano en el guión de una de sus películas desde que lo hiciera a mitad de los noventa con Casino (íd., 1995).

Y por si no os habíais dado cuenta todavía, Silencio se aleja por completo de lo que el espectador medio conoce del cine de Scorsese. Aquí no hay mafias, ni tiroteos, ni antihéroes, tampoco cuenta con el frenetismo que caracteriza el montaje de sus películas, ni tiene una banda sonora para el recuerdo, ni Deniros ni Dicaprios. Silencio se encuentra mucho más cercana a La última tentación de Cristo (The Last Temptation of Christ, 1988) que a cualquier otra del director, aún teniendo un sin fin de diferencias entre sí. Aquí nos sitúan en el siglo XVII en el momento en el que dos jesuitas portugueses se ven en la obligación de partir hacia una Japón, desolada por el exterminio de cristianos, en busca de su mentor, un misionero que, tras ser perseguido y torturado, supuestamente abandonó la fe cristiana. La película se podría dividir en dos claras mitades, en la primera de ellas se nos relata todo el periplo que sufren los dos jesuitas y lo que se encuentran entre esos pueblos cristianos de Japón, mientras que en la segunda estamos ante un avance del relato mucho más pausado y profundo en sus temas, donde el silencio que da nombre a la película cobra un doble sentido. La primera mitad es la que personalmente más conseguí disfrutar, con un tacto especial y una capacidad de absorción increíble aunque también creo que es la más convencional de las dos. La otra parte sin embargo es la que más pavor me causa, me deja en jaque por todo lo que abarca con su narración, los procesos de la fe que vive el protagonista me resultan interesantes, pero el discurso temático acaba reiterándose demasiado como para que al final me importe algo de lo que me están contando.

Si por la trama y el guión en sí tengo mis reticencias, con el trabajo de Scorsese y su equipo tengo pocas quejas. La habilidad dirigiendo de un maestro como Marty no es algo que sorprenda a nadie a estas alturas, pero es que se luce como pocas veces. Esa soltura que tiene para adaptarse ante la radicalidad del cambio de tono y esencia de la obra respecto a su predecesora resulta de lo más satisfactoria, y más teniendo en cuenta lo extrema y caótica que era aquella en lo suyo. Y es que no cuesta admitir que Silencio es uno de los trabajos más sobrios y maduros de toda la carrera del neoyorkino, si no el que más. Y la verdad, esa sensación constante de saber que lo que estamos viendo en pantalla es justo la visión que Scorsese quería dar a esta historia durante todos estos años es un verdadero lujo. El filme cuenta con algunos de los planos más bellos de la filmografía del director, de una narrativa brillante. Todo un acierto que junto a Scorsese vuelva a colaborar Rodrigo Prieto, cuya excelsa fotografía hace palpable todo lo que el de Queens apenas logró imaginar que podía dar de sí la obra original, y es que la mayoría de los fotogramas de Silencio hablan por sí solos. El montaje de Thelma Schoonmaker, por su parte, se amolda a la perfección al cambio de registro de su fiel colaborador con un trabajo sin muchos artificios que acompaña a la sobriedad de la cinta. En el lado del reparto han habido muchos que han querido ver aquí un fallo de casting, pero personalmente estoy bastante satisfecho con lo que ha dado de sí. Andrew Garfield da todo lo que puede con su personaje protagonista, y así se siente, es la interpretación más destacada de la obra. Aunque tampoco es que otros actores hayan tenido mucho más tiempo para lucirse a pesar de lo prometido en la campaña promocional; hablo principalmente de actores cuyas interpretaciones me parecen dignas de mención como las de Adam Driver, Liam NeesonTadanobu Satō.

Sobre el papel parece una película que me ha encantado, pero en realidad resulta que Silencio aún me causa (y me temo que seguirá dando) dolores de cabeza, más por cómo me atrapó y porque me hubiera gustado disfrutarla más, pero la historia que cuenta se me va haciendo más pesada conforme el metraje avanza a partir del ecuador del filme, y eso acaba gastando. Aún así, me da la sensación que Silencio es una película que voy a disfrutar mucho más cuando vuelva a ella en unos cuantos años, y que no se va a poder valorar realmente hasta entonces, cuando se haya revisitado y reflexionado todas las veces necesarias. Artística y técnicamente ya me tiene ganado, pero el peso y la contundencia de los temas que abarca me hace no tenerla como una de las grandes obras de nuestro querido director. Sin duda es una película para tomarse con calma y mucha cautela. Y que, a pesar de todo, yo no sé vosotros, pero ya espero impaciente el próximo estreno de Scorsese. [★★★]

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