Spider-Man: Homecoming | Vuelta a casa, vuelta a la rutina

No hay que pedirle peras al olmo porque lo más seguro es que acabes decepcionado, pero estamos viviendo una época en el cine comercial americano que probablemente se estudiará dentro de décadas. Siempre han habido películas que se copiaban, inspiraban o basaban en otras, incluso los estudios clásicos solían tener una seña de identidad establecida. Actualmente, con la proliferación de los universos compartidos, esto se está llevando hasta el extremo: todas las películas del universo DC son de una manera reconocible, al igual que ocurre con lo que hoy nos incumbe, Marvel, que se caracteriza por un cine para todos los públicos, lleno de humor (aunque con sus dramas personales de por medio, claro) y de una homogeneidad que te hace entender de forma transparente que estás ante un mismo mundo dividido en pequeñas aventuras que los héroes viven a la espera de que llegue el gran evento que les reúna a todos. Este universo cinematográfico marvelita dio la bienvenida en Civil War a Spider-Man, uno de los superhéroes más conocidos del mundo y que había vivido cierto maltrato por parte de Sony con un par de entregas (o tres, si contamos el vergonzoso cierre de Raimi) que no estaban a la altura del enorme potencial del personaje. Así, con una alianza creativa y económica, Peter Parker aterrizó en la historia de Iron Man y Capitán América dando muy buenas sensaciones, algo que, esperábamos, se trasladase a su inevitable película en solitario, Spider-Man: Homecoming (íd., 2017).

Seguramente estemos ante la obra cinematográfica que mejor ha llevado a la pantalla a nuestro querido y vecino Spider-Man. Ya sea por las constantes bromas, por haber sabido captar la esencia de ese personaje inseguro y pardillo pero con un gran corazón, o también por haber elegido a un actor, Tom Holland, que parece haber nacido para interpretarlo, a diferencia de los anteriores (Tobey Maguire no daba el perfil en ningún sentido y Andrew Garfield no era creíble como marginado), el caso es que el Peter Parker que nos encontramos en Homecoming es estupendo. No deja de ser otro personaje que hace bromas mientras pelea y cuyos chistes son más efectivos que eficaces, y de esos ya hemos tenido muchos héroes en Marvel, pero es imposible no reconocer que tiene encanto. Un encanto que también proviene de su situación, es decir, no deja de ser un adolescente que va al instituto y flipa con todas las cosas que, por ejemplo, puede hacer el traje que le ha regalado Tony Stark.

Hablando de Tony Stark, existía el miedo de que Spider-Man: Homecoming fuera en realidad una mezcla de Iron Man y el joven arácnido, pero en absoluto ha sido así. El millonario chulesco que interpreta Robert Downey Jr. (“Robert, contigo empezó todo”) es un personaje absolutamente secundario que solo aparece que dos o tres escenas para ejercer de ángel de la guarda, físico o moral, de Peter. Y me parece bien, porque suficiente protagonismo tiene ya en el universo Marvel como para reclamar más en películas que no tratan sobre él. Por otro lado, tenemos de complemento a los amigos de Peter, entre los que se encuentra el interés amoroso de turno, y que no creo que funcionen demasiado bien. Por un lado era totalmente necesario, ya que en una película de instituto sería un crimen no meter a un grupo de allegados, pero por el otro no están muy bien desarrollados, a veces quedan como recursos cómicos sin más y el amigo que más importancia tiene, “el hombre en la silla”, acaba siendo algo cargante. No tanto por el personaje en sí o el actor, sino por el rol que le toca jugar: el de lanzar chistes en busca de una comicidad constante que el filme no consigue mantener.

Porque ahí está uno de sus grandes problemas: Homecoming intenta ser graciosa casi todo el rato, e inevitablemente muchas bromas caen en saco roto. Es la película más cómica de Marvel, quiere ser una comedia de instituto y también sacarle partido a las situaciones ridículas que pueden surgir de un adolescente siendo un superhéroe, pero el guion no lo equilibra bien y, por lo menos a mí, se me hace pesado. Además, supone un constraste muy fuerte con el enemigo principal de la función, ese Buitre que interpreta con efectividad Michael Keaton, que se encarga de abrir la película (con una escena terrible en cuanto a dirección y escritura) y que juega un papel muy serio, en su forma de ser y en sus intenciones. Yuxtaponer la comedia y el drama más intenso no es algo necesariamente malo, y más cuando ayuda a que Peter madure, pero se nota mucho el cambio de tono en según qué escenas, además del hecho de que, como enemigo, el Buitre no es un alarde de profundidad. ¿Da menos vergüenza ajena que casi todos los demás de Marvel y tiene una escena sorprendente? Sí, pero nada más.

Al final todo depende de lo cansado que esté uno de la fórmula Marvel. Spider-Man: Homecoming es una película de superhéroes muy decente, divertida como la mayoría, con un puñado de escenas notables y la reconfortante noción de que, por fin, han sabido trasladar a Peter Parker a la gran pantalla. Sin embargo, la sensación que se me queda es de haber presenciado un filme mediocre, una comedia del montón que solo consigue sacarme una sonrisa por el hecho de ver a Spider-Man en acción más que por haber creado situaciones graciosas u originales. Marvel está entrando (o, en realidad, ha entrado ya) en un bucle de repetición infinita: todas sus obras resuenan en la misma frecuencia, hasta tal punto de ser previsibles y agotadoras. No sé si os habréis dado cuenta de que hasta el momento no he mencionado al director de Homecoming, Jon Watts, y tiene una explicación muy sencilla: realmente da igual quién la haya dirigido. Más allá de lo que pudo hacer Whedon, no tiene importancia quién se ponga detrás de las cámaras, porque todas las películas del estudio están dirigidas por el Señor Marvel, o, si queremos ponerle una cara, Kevin Feige. Y es una pena, porque tienen recursos, personajes y talento como para arriesgarse un poco más; además, saben que van a hacer dinero. En definitiva: si os gusta Spider-Man, vais a disfrutar la película. Otra cosa es que os parezca buena. Aunque ya solo por ver a un entregado Tom Holland vale la pena. [★★½]

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