Star Wars: El despertar de la fuerza | Estamos en casa

Esta crítica NO contiene spoilers de la película.

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…; así comenzaba hace treinta y ocho años la película que lo empezó y revolucionó todo. La frase ya dejaba claro que esto tenía más de aventuras y fantasía clásica que de ciencia ficción. Una premisa que se mantuvo en toda la trilogía original pero que se quedó algo olvidada en la irregular segunda  trilogía. Desde que se anunciase ya en octubre de 2012 la compra de Lucasfilm por parte de Disney y se confirmara entonces una futura trilogía que daría comienzo en 2015, internet y las charlas con amigos han teorizado y debatido sobre todos los temas posibles de cara al estreno de Star Wars: El despertar de la fuerza (Star Wars. Episode VII: The Force Awakens, 2015), y más aún estos últimos meses del año donde los fans de la saga estábamos algo insoportables, no lo neguemos. Y sí, vuelve a tenerse en cuenta que estamos ante una historia de épica, fantasía y mucho, mucho sentido de la aventura.

Era nuestro día. Un día marcado en el calendario como una de las fechas o eventos más importantes del año. Las expectativas puestas en ella eran inmensas, y yo, personalmente, nunca había tenido el hype por algo tan descontrolado. ¿Y ha merecido tanto la espera? No os hacéis una idea. J.J. Abrams y todo el equipo encargado de llevar a cabo la película ha cumplido. Se nota el cariño que se le tiene a la saga lo que lleva a que se hayan esforzado al máximo y tuvieran las ganas ideales para trabajar en hacer la mejor película posible. La esencia —e incluso estructura— del filme es inevitablemente similar a la trilogía original, pero también se siente como algo nuevo, moderno y que, evidentemente, empieza una nueva historia. Incluso si no fuera por la inclusión de personajes míticos de la la trilogía clásica, El despertar de la fuerza podría pasar como la primera entrega de una nueva saga. Abrams ha conseguido hacer un híbrido entre secuela —para los fieles seguidores de las dos trilogías anteriores— y reboot —para relanzar Star Wars y enamorar a futuros fieles seguidores que van a arrasar con el marketing estas navidades: los niños—.

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No quiero contar nada relevante de la trama porque una de las cosas que más sorprenden son sus revelaciones y giros de guión, además, en poco tiempo me da a mí que esta película va a integrarse dentro de la cultura popular —como el resto de la saga— y vamos a poder hablar de ella abiertamente. Con decir que el guión es una delicia ya vale. Tiene sus frases reiterativas y sobreexplicativas (como si no las tuvieran todos los blockbusters para —casi— todos los públicos), pero el trabajo hecho para desarrollar el argumento, crear personajes con tanto desarrollo y diálogos que se abrazan entre la épica y la comedia buenrollera tiene más que su merecido mérito. Han hecho falta seis manos para llevar adelante este libreto. Por un lado, J.J. Abrams, que aparte de dirigir y producir también quería hacerse cargo de esta ardua tarea. Por el otro a Lawrence Kasdan, quien personalmente desde que supe que estaba a cargo del guión me tranquilicé, es una de las personas que mejor conoce el universo Star Wars de primera mano —suyos son los guiones de El imperio contraataca y El retorno del Jedi— y probablemente el culpable de que Han Solo mole tanto, por ende, el que mejor entiende al personaje. El tercer par de manos corresponde, en parte, a Michael Arndt, guionista de películas tales como Pequeña Miss Sunshine (Little Miss Sunshine, 2006), Toy Story 3 (íd., 2010) o Los juegos del hambre: En llamas (The Hunger Games: Catching Fire, 2013), poca broma.

Creo que ya es hora de hablar de los personajes y el nuevo reparto. Os adelanto que varios de los nuevos son de lo mejor que ha pasado por las actuales siete películas. Daisy Ridley es la protagonista de la película y se entiende que de la nueva trilogía. Su personaje, Rey, es una grata sorpresa, para mí la perfecta heroína que podía tener esta historia. Por cierto, Ridley es sin duda la actriz revelación del año. También conoceremos a John Boyega haciendo de Finn, un personaje que me resulta bastante interesante y además su arco argumental interno es algo que nunca se había planteado anteriormente en la saga, resultando novedoso. Pero toda la atención queda relegada al villano de la película, Kylo Ren, interpretado por Adam Driver. Uno de los mejores personajes de todo Star Wars, lleno de matices y un trasfondo bastante llamativo al que sin embargo mucha gente va a odiar. Veo a Kylo Ren un villano mucho más humanizado que Vader, aún no sé si mejor, pero sin duda le hace frente. Contamos también con Oscar Isaac en el papel del piloto Poe Dameron, al que se le ve menos de lo que me gustaría pero que cuando sale en escena da gusto verlo en acción. Sin contar con BB-8, el robot más adorable que podríamos imaginar. También podría hablar del regreso de los actores originales pero no quiero arruinar a nadie la sorpresa (si es que no ha visto los trailers, claro).

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La dirección de J.J. Abrams es un portento, no me podía creer lo que estaba viendo. Acostumbrado a una dirección pobre de George Lucas en la segunda trilogía, aquí Abrams lo da todo y saca todo su talento para lograr el que es uno de los mejores trabajos de dirección del año. Sabe por dónde llevar a los actores, sabe qué es lo que quiere contar, sabe dónde colocar la cámara y lo mejor de todo, sabe lo les gusta a los fans de la saga, gracias a que él es uno más. La fotografía de Daniel Mindel no se queda atrás, nunca se ha visto mejor esa galaxia muy, muy lejana. También ayudado por una dirección de arte magnífica, que con la idea de hacer lo menos posible por ordenador hace que todo se sienta real, porque es real. Las explosiones, muchas de las criaturas, los escenarios y naves, se construyeron y se hicieron artesanalmente. Algo que también ha hecho este año George Miller con su rompedora Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road, 2015), y a ambas les sienta de maravilla.

Una de las claves de Star Wars siempre ha sido John Williams, del que considero que todo lo que ha compuesto para la saga es su magnum opus. En esta ocasión consigue estar a la altura y hace una de las mejores bandas sonoras del año, sí, pero no deja muchas piezas memorables más allá revisitar las genialidades ya compuestas. Aún así sí es cierto que construye nuevos leitmotivs que intuyo se explorarán más en las próximas entregas, las cuales desconocemos si seguirán contando con la batuta de uno de los compositores claves de la historia del cine. Como conclusión, y creo que con esto dejo claro mi posición, es que me muero de ganas por volver a verla. Espero que disfrutéis —o hayáis disfrutado— tanto como yo, y que las expectativas no os la hayan jugado. Si la fuerza es lo que nos explican en esta obra o como ya dijo el sabio de Yoda: “Debes sentir la Fuerza a tu alrededor, aquí, entre tu y yo, y el árbol y la roca, incluso entre la tierra y la nave”, ayer, en cuanto se apagaron las luces y en la sala se podía leer Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana… como se leía hace treinta y ocho años, sentí la fuerza. [★★★★]

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