Steve Jobs | El director de orquesta

Steve Jobs (íd., 2015) era un proyecto que suscitaba dudas debido a la inestable estancia de la alarmante cantidad de personas que han pasado por él. En un principio parecía que la dupla Fincher-Sorkin iba a volver al ataque después del buen resultado de esa obra maestra titulada La red social (The Social Network, 2010), pero finalmente el director abandonó el proyecto, al igual que los dos actores que se postularon para interpretar a la que fuera la cara más conocida de Apple, Leonardo DiCaprio y Christian Bale. Finalmente han sido Danny Boyle a las riendas y Michael Fassbender encarnando al protagonista los encargados de llevar, de una vez por todas, esta película adelante.

Hace meses leí el guión de esta película, que supongo se filtraría por todas las manos por las que ha pasado, y confirmé dos cosas: la primera es que Aaron Sorkin es uno de los mejores guionistas que tiene el cine (y la televisión) a día de hoy y su capacidad para escribir diálogos brillantes parece tener las cualidades del mejor vino; y la segunda, que me condicionó notablemente de cara al posterior visionado del filme, es que Steve Jobs no es un biopic al uso, o al menos no uno con las intenciones de retratar cada paso del conocido individuo, cada highlight de su vida. Con una estructura en tres actos diferenciados por cambios temporales —y corporales en el propio Steve—, la película ahonda más en quién era este hombre, en qué le hacía “especial”, que en los avances conseguidos por el Mac o los archiconocidos productos de la marca. Por supuesto que éstos tienen su importancia y su momento, además de que sirven como excusa para ambientar los tres fragmentos en diferentes presentaciones, pero la clave de Steve Jobs es, certeramente, Steve Jobs.

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Respondía Sorkin a la pregunta de si había alterado algún aspecto de la vida de Steve Jobs que la única licencia que se había tomado, comprensible a la hora de construir una estructura que utiliza la reiteración en las situaciones como método para progresar, era la de situar prácticamente todas las discusiones pocos minutos antes de las respectivas presentaciones. Lo demás, según la biografía en la que el propio Sorkin se basó, es totalmente cierto. Lo sea o no, aspecto del que no puedo discutir pues no conozco en profundidad la vida de este señor, la decisión resulta totalmente acertada: crea una urgencia que, aliñada con la rapidez característica de los diálogos de este guionista, otorga un ritmo vertiginoso y la sensación de que no hay ni un segundo para pararse a respirar.

Se necesitaba la pericia del director para conseguir que la dinámica “de sala a pasillo, de pasillo a escenario, de escenario a pasillo y vuelta a empezar” no se volviera cansina y rutinaria, y Danny Boyle desarrolla un trabajo notable en este aspecto. Me convence, y mucho, la fuerza y dinamismo que le aporta a algunos momentos, la mayoría discusiones (destacando la que se desarrolla entre Jobs y Wozniak al final de la cinta), pero sin embargo en otras escenas las decisiones de montaje —con planos demasiado cortos o repeticiones que no vienen a cuento— me descolocan y empañan ligeramente un conjunto que en general funciona.  También es cierto, aunque la mera suposición sea algo injusto al alejarnos de la obra que finalmente tenemos en frente, que el resultado deja con la inquietante pregunta de qué hubiera salido de aquí si alguien como David Fincher se hubiera mantenido a bordo.

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En el plano actoral nos encontramos con dos de los principales puntos fuertes de la película: Michael Fassbender y Kate Winslet. Ambos están espectaculares en sus respectivos papeles, aunque hay que hacer especial mención al señor Fassbender, que realiza, y ya van unas cuantas en los últimos años, una interpretación para el recuerdo. Completan el reparto Seth Rogen, Jeff Daniels, Michael Stuhlbarg y Katherine Waterston, todos correctos pero sin llegar al nivel del dúo principal.

Me gusta mucho que Steve Jobs no haya caído en el típico biopic complaciente que alaba a su protagonista hasta el cansancio. A pesar de un algo azucarado final, la película nos muestra a una persona prepotente, ególatra, incapaz de relacionarse socialmente; alguien perfecto para ser escrito por alguien como Sorkin, que siempre le añade un grado de superioridad a sus trabajos. En cualquier caso, y a pesar de algún tropiezo proveniente más de la dirección de Boyle que del guión, Steve Jobs es una muy buena película, recomendable más que por conocer a la persona, que también, por disfrutar de un torbellino de diálogos brillantes. [★★★½]

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