Terminator Génesis | Camarero, una de nostalgia

Es interesante que Terminator Génesis (Terminator Genisys, 2015) se haya estrenado no muchos meses después que Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road, 2015) porque entre ellas existe una atracción magnética que las coloca en polos opuestos que bien se podrían representar gráficamente como las caras de una misma moneda. Dos sagas resucitadas (aunque la de Miller llevaba más tiempo en la tumba) en busca de ganarse un hueco en un panorama en el que el cine comercial y los grandes blockbusters se han hecho dueños de las principales portadas. ¿Será este, y nunca mejor dicho, la génesis de un nuevo tiempo para la franquicia iniciada por James Cameron?

Terminator es una saga que nació con fecha de caducidad, o al menos en cuanto a la historia de los Connor se refiere: en algún punto tendríamos que llegar a la resolución definitiva del conflicto. En la primera entrega nos contaron cómo un robot (o androide, o Chuache) viajaba al pasado para asesinar a Sarah Connor y evitar que diera a luz al futuro líder de la resistencia humana en la guerra contra las máquinas. En la segunda, en un brillante giro del planteamiento, el mismo robot que relacionábamos con el peligro y la destrucción se convertía en el más valioso aliado de Sarah y su joven hijo John contra una amenaza técnicamente más evolucionada. Si este tipo de películas no estuvieran tan condicionadas por su disposición, o casi obligación, a convertirse en grandes éxitos de taquilla, quizá la franquicia hubiera cerrado sus puertas con la genial segunda parte, pero en Hollywood hay que explotar la gallina hasta que los huevos salgan negros. La tercera entrega, que sin embargo tardó más de diez años en llegar y esta vez sin James Cameron al volante, demostró que realmente no había nada más que contar, repitiendo la estructura de la anterior pero de una forma torpe y sosa, y dejando en los últimos minutos la puerta bien abierta para que otras secuelas no tuvieran que colarse por la ventana. Terminator Salvation (íd., 2009) entró por la puerta, la destrozó, durmió en el piso y encima la muy cabrona se fue sin hacer la cama; un desastre en prácticamente todos los sentidos, en tal grado que parecía el punto y final a una saga que llevaba tiempo pidiendo paz y después (quién sabe si) gloria.

Terminator Génesis llega con la etiqueta de ser uno de los blockbusters peor vendidos de los últimos años, con permiso de la nueva versión de Los 4 fantásticos. Ya no solo es que los trailers nos hicieran esperar un festival de vergüenza ajena, sino que el propio planteamiento de la historia traía la frase “¿Pero esto otra vez?” grabada en lo más hondo de su ser. De nuevo Sarah Connor. De nuevo John Connor. De nuevo Kyle Reese. Y, cómo no e intentando olvidar eso que hicieron en Salvation, de nuevo el Terminator de Schwarzenegger (a partir de ahora, y para la eternidad, Chuache). El mero concepto daba pereza; ¿qué nos iban a contar que no supiéramos ya? 

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Quiero pararme en ese “que no supiéramos ya”, por dos motivos. El primero y principal es que, como veíamos venir, no nos cuentan prácticamente nada que no nos hubieran narrado en anteriores entregas. Por supuesto que hay nuevos giros, revelaciones y la historia no sigue punto por punto (como casi hacía la tercera con la segunda) lo anteriormente visto, pero todo huele a viejo, a conflicto cansino que, como hacía el Terminator de la original, se resiste a morir. Y el segundo motivo, tremendamente grave en términos de publicidad y bastante representativo de los días que corren, es que los trailers se han pasado con los spoilers. Un servidor tuvo la suerte de ver solo el primero y por encima, para hacerse una idea de lo que podía esperar, pero es que después de ver el film le he echado un vistazo a otros fragmentos publicitarios… y madre mía del amor hermoso, ¡pero si cuentan todo! Ya no hablo del “Seguro que todas las escenas buenas estaban ya en el trailer“, sino que literalmente todos los giros (menos, al parecer, uno y que tampoco me parece de los más reseñables) estaban destripados, incluso en carteles. Pero esto qué es. Hasta el director, Alan Taylor, se ha quejado del tema. Como para no.

Los dos grandes problemas de Terminator Génesis para este que escribe son la ya mencionada repetición de una historia que nos sabemos de memoria por mucho que la aliñen con giros inesperados (o esperados, si has visto los trailers) y la mala estructuración del argumento en relación al cuándo y el cómo de las escenas de acción. Uno de los principales puntos positivos de las dos primeras entregas de la saga es que anticipaba y creaba una notable tensión alrededor de las escenas de tiros y hostias. En Génesis, sin embargo, todo se nota mucho más gratuito, buscando la espectacularidad y no tanto la justificación; me cansa bastante que el malo aparezca de la nada, sin previo aviso, para inaugurar la ensalada de balas. Que la película necesita acción, y la tiene, pero hay que saber cuándo darla.

Es gratificante decir que para sorpresa de casi todos Terminator Génesis tiene dos ideas geniales (en esta película las cosas van de dos en dos, como podéis observar en estos párrafos) que aportan, aunque sea por unos minutos, algo de aire fresco: me refiero a la reimaginación de algunas partes de la primera Terminator (camarero, una de nostalgia); y todo lo que tiene que ver con John Connor. Realmente es aire fresco con tintes artificiales, porque sigue en el mismo esquema y se agarra a lo que ya conocíamos, pero son giros interesantes y sorpresas que, oye, provocan incluso la sensación de que la butaca esté más cómoda que cinco segundos antes.

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También hay que decir, aunque ya haya quedado bastante claro que esta Génesis es una película bastante floja y olvidable, que el entretenimiento es un factor que existe en ella y la convierte en un producto palomitero (y veraniego) con algo de fundamento. Además, me gusta los añadidos cómicos, prácticamente todos de las manos de Chuache (un actor horrible que encaja perfectamente en el papel, como ha demostrado en toda la franquicia), y aplaudo la elección de Emilia Clarke como la nueva Sarah Connor; tenía mis dudas, pero he acabado contento al respecto. De otros intérpretes como Jason Clarke, Jai Courtney, J.K. Simmons o Matt Smith solo tengo que decir que están. Bueno, algunos como Matt ni eso.

Oye, perdona, Dani, pero al principio de la crítica has dicho no sé qué sobre una conexión con la nueva Mad Max y tal; ¿has tirado la piedra y escondido la mano o qué pasa aquí?“. Qué lectores más exigentes tenemos (o no). A ver, me explico: la (contra)comparación con Mad Max: Furia en la carretera me sirve para demostrar cómo se puede hacer una cosa en dos (el artículos de los doses) direcciones opuestas. Una, la de George Miller, es la de revivir una saga dándole una vuelta de tuerca brutal, cogiendo la esencia y el mundo de las anteriores pero enfocándola hacia un nuevo horizonte. La otra, la de Terminator Génesis, es la de revivir una saga, y punto. Coger lo de antes y hacer lo mismo aprovechando la nostalgia y las posibilidades que la tecnología actual te ofrece. Terminator, como franquicia, necesita un punto y aparte; queridos, la historia de Sarah y John Connor está explotada hasta el agotamiento, ¡basta! Se requiere sangre nueva. Eso sí, por lo menos Terminator Génesis hace la cama. [★★½]

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