The Discovery | Choose life

Los tiempos están cambiando de una forma muy veloz en lo que se refiere a la creación y distribución de material audiovisual. Mientras que hace unos años nos sorprendía que una plataforma como Netflix realizara series con un impacto enorme, tanto en público como crítica y premios, ahora es el pan de cada día. Que un portal online haga tanto ruido como los canales convencionales ya no es tan raro, y aunque en la actualidad están más centradas en la creación de productos televisivos, tarde o temprano sabíamos que iban a apostar fuerte por el cine. Así está ocurriendo con el jefe de todo esto, Netflix, que no solo se aventura a producir películas propias, sino que también quiere consolidarse como una distribuidora más. Pero claro, una diferente, como hemos podido ver con su último estreno, The Discovery (íd., 2017). La segunda película de Charlie McDowell se presentó en uno de los festivales más consolidados del mundo, Sundance, y dos meses después la tenemos en nuestra disposición para verla en el salón de nuestra casa. Esto abre un debate en el que ambos bandos tienen numerosos argumentos: por un lado es positivo que Netflix la comprara pues, primero, ha provocado que tengamos que esperar mucho menos tiempo para verla (algo que se acentúa aún más cuando consideramos que Netflix la ha puesto a la disposición de todo el mundo, y no solo en Estados Unidos), y segundo, que tenga menos competencia al ser el gran estreno cinematográfico de la plataforma en esta semana; y por el otro es una mala noticia para los interesados en verla en pantalla grande, algo que, más allá de algun filme con pases especiales (como puede ser la nueva de Scorsese que van a producir), se va a ver descartado. Se abre una nueva época en la distribución, y esperemos que en la variedad esté el gusto.

Pero aquí hemos venido a hablar de The Discovery, así que entremos en materia. Situada en la ciencia-ficción, la película nos propone un mundo en el que un científico ha conseguido demostrar que hay vida después de la muerte. Esta noticia, en principio positiva, ha provocado una ola de suicidios que no deja de aumentar, con gente que, desesperados con sus vidas actuales, espera encontrar algo mejor al otro lado. Dos años después de este gran descubrimiento nos encontramos con Will e Isla, dos extraños que se encuentran en un ferri en dirección a una anodina isla, y cuyos destinos se verán entrelazados. Como podéis comprobar, uno de los más grandes atractivos de la película es su planteamiento. Uno en el que nunca llega a profundizar en un sentido filosófico y psicológico extremadamente profundo, con un guion que plantea muchas cuestiones para después no desarrollarlas, pero que a su vez es inteligente a la hora de hablarnos de una situación tan global (con marcadores que señalan el número de suicidios acontecidos desde la revelación) a través de personajes que llegamos a conocer íntimamente.

Los momentos en los que mejor funciona The Discovery son cuando deja que las escenas respiren y que los dos protagonistas hablen entre ellos, lleguen a conocerse y a desvelar su visión del mundo y los acontecimientos de sus respectivos pasados que les han llevado hasta así. Hay una escena, por ejemplo, en la que están durmiendo en una litera, que sientes una conexión muy fuerte con ellos, por lo que están diciendo y por la naturalidad que desprenden. Es una pena, por otro lado, que la química entre Rooney Mara y Jason Segel no brille con demasiada fuerza; sin embargo ninguno de los dos es un eslabón débil, a pesar de que claramente es el personaje de Rooney el que más deseas que esté en pantalla, tanto por complejidad como por su interpretación (y pelazo). El reparto se ve completado por unos correctos Robert Redford, Jesse Plemons y Riley Keough, interpretando a personajes que, con mayor o menor peso, contribuyen al buen devenir del desarrollo.

Un desarrollo que acaba desembocando en un final que se retuerce sobre sí mismo y que no evita algunos agujeros que se intentan tapar con su espíritu de relato de ciencia-ficción. Es una conclusión valiente, diría, y muy bonita; es cierto que me habría gustado que el giro que explica toda la película hubiera sido más sencillo, pues la complejidad de lo que se nos cuenta acaba dando un poco de vértigo y provoca escepticismo, pero aun así me alegra que nos otorgue la confirmación de que lo verdaderamente importante de The Discovery son los personajes. El planteamiento, tan atractivo e inabarcable, se acaba poniendo al servicio de la historia de Will y Isla; una historia imperfecta, narrada a veces con gracia, otras veces de forma torpe por parte de Charlie McDowell, pero que personalmente me ha dejado un buen sabor de boca. La sensación de que un guion más profundo (no por lo temas que toca, que lo hace, sino por llevarlos más allá) podría haberla convertido en una gran película está ahí, pero lo que tenemos es como para estar contentos. Una cinta de ciencia-ficción especial e imperfecta. Como sus dos protagonistas. [★★★]

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