The Program | Traslación intrascendente

En 2012 cayó el que para muchos era un ejemplo de superación, la encarnación de los supuestos valores estadounidenses que declaran que con esfuerzo puedes conseguir lo que te propones. Lance Armstrong, habiendo superado un cáncer de testículo y volviendo para ganar varios Tours de Francia, fue seguido de cerca por periodistas deportivos que intuían que en el glorioso regreso había trampa, acusándole de doparse. Finalmente se demostró, y el propio Armstrong lo reconoció en una entrevista de Oprah Winfrey en 2013. The Program (íd., 2015), la nueva película de Stephen Frears, es el biopic que recoge el ascenso y la caída del ciclista estadounidense.

Hay que preguntarse qué aporta The Program al conocido suceso, qué tiene que decir como biopic y como plasmación cinematográfica, y la verdad es que resulta parco de intenciones sorprendentes: nos encontramos ante una película biográfica muy convencional que repasa los sucesos ocurridos con una superficialidad que provoca que veamos lo que pasó sin ahondar realmente en ello, con una representación de los conflictos psicológicos del protagonista a todas luces poco trabajada. No es que el desarrollo sea poco creíble, y ayuda que Armstrong sea el total protagonista y le vayamos acompañando en sus decisiones, pero lamentablemente no nos cuentan nada que no pudiéramos saber viendo o leyendo los numerosos reportajes que se hicieron en su día. Una traslación demasiado impersonal, con poco que aportar.

Además, resulta desconcertante la apuesta de Stephen Frears por mostrar el ciclismo de una forma tan poco realista, o por lo menos manipulando la esencia del deporte en pos de la espectacularidad: si el ciclismo se sustenta principlamente en la resistencia, The Program lo muestra como si fuera un spring continuo y constante, casi acercándose más a lo que se podría esperar de una grabación de Moto GP que de una etapa de este tipo. No es que afecte en demasía al conjunto, es de los problemas menores de la cinta, pero te lleva a pensar si los responsables de esta obra conocen de verdad el deporte del que están hablando.

Uno de los puntos positivos de The Program se encuentra en las interpretaciones, principalmente la de un creíble Ben Foster en el papel protagonista, encarnando a Armstrong. Se ve acompañado por unas actuaciones solventes por parte de actores como Jesse Plemons (que últimamente no para de trabajar) o Chris O’Dowd. Ninguno hace un trabajo memorable, pero todos están correctos.

The Program no es una mala película, simplemente una intrascendente: resulta preocupante lo rápido que te olvidas de ella, y es una pena que eso ocurra cuando tiene entre manos un tema tan interesante como el caso Armstrong. No es un visionado agónico ni mucho menos, sino más bien inofensivo. Como biopic resumen de un suceso interesante funciona a unos niveles muy básicos, pero no acudáis a ella en busca de un desarrollo profundo sobre la materia… porque no lo vais a encontrar. [★★½]

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