The Propaganda Game | La verdad no existe

La vida en Corea del Norte es algo que, desde occidente, no podemos llegar a conocer ni comprender completamente. La podemos imaginar, sí, pero con imágenes que nacen a partir de un flujo de noticias completamente interesado y parcial. Los pocos acontecimientos noticiables se explotan al máximo y terminamos con algo más parecido a una caricatura que a la representación fiel de una nación entera. Una caricatura similar a la de un villano, un enemigo al que odiar desde este sistema que en los países capitalistas llamamos democrático. ¿Y es eso verdad? ¿Es Corea el enemigo?

No sé si Álvaro Longoria, director de The Propaganda Game (íd., 2014), tomó estas ideas como punto de partida para atreverse a dirigir un documental como este; documental que parece, desde su planteamiento hasta su ejecución, un ejercicio imposible, casi milagroso, especialmente si se tiene en cuenta la gran dificultad que representa ingresar en territorio coreano para rodar durante 10 días, casi sin parar. No obstante, Longoria no solo es consciente de que se encuentra en una posición de cierto privilegio, también sabe muy bien que necesitamos saber cuáles son las reglas del juego, qué podremos ver y qué no, y, sobre todo, si nos podemos fiar de aquello que estamos viendo.

Así, las condiciones impuestas por el gobierno anfitrión son las que marcan la pauta de la cinta y, francamente, en un inicio las condiciones parecen ser más bien pocas. Sin embargo, en la práctica, podemos enumerar ciertas restricciones: Longoria, por ejemplo, no se queda solo en ningún momento, siempre va acompañado de representantes oficiales del gobierno, y quien escoge a los entrevistados, así como también los lugares que visitar, es, casi siempre, alguno de estos acompañantes, liderados por Alejandro Caos de Benós.

Grupo de hombres en Corea del Norte rindiendo homenaje a los padres de la patria

Ahora bien, sería un ingenuo error pensar que el protagonista ─por así decirlo─ de este documental es Alejandro Caos de Benós. Para aquellos que no lo conozcan, Caos de Benós es el único representante occidental que forma parte del gobierno norcoreano como delegado especial en el Comité de Relaciones Culturales con Países Extranjeros. Desde esta posición, uno no puede dejar de preguntarse si Alejandro es realmente un miembro útil dentro de la maquinaria gubernamental ─o propagandística, en cualquier caso─ norcoreana o si acaso ocupa un cargo meramente ornamental. Lo que queda claro, no obstante, es que las convicciones políticas de este periodista convertido a embajador no tambalean nunca. Caos de Benós se planta frente a la cámara, uniformado y condecorado, y el amor al líder y a esa nación que él ama como si fuera suya son perturbadoramente sinceros.

El verdadero centro del documental son, en cualquier caso, las normas del juego que plantea Corea, la dinámica que ha implantado dentro de sus fronteras, los paralelismos y desequilibrios que aparecen si empezamos a comparar a Corea con los Estados Unidos, y especialmente los protagonistas son la gente de a pie que, a lo largo de este largometraje, nos mira desde la pantalla con la seguridad de que no serán comprendidos y, en ocasiones, indiferentes sobre si serán si quiera escuchados.

Y ahí es donde juega tan bien sus cartas este documental: escucha. Escucha a unos y a otros, a los de dentro y a los de fuera, a los fieles y a los desertores, a los que están a favor, a los que están en contra, a los que a estas alturas ya no saben muy bien qué pensar. Pero no hay que equivocarse, The Propaganda Game nunca deja, desde la sutileza y la observación, de plantear cuestiones importantes para comprender a Corea (¿de dónde sale el dinero del gobierno?, ¿en qué filosofía se basa su sistema político?, ¿por qué las universidades y los museos están permanentemente vacíos, como si de un pueblo fantasma se tratase?). Y quizás, paradójicamente, su mayor fortaleza es no poder contestarlas, dejando en el aire la pregunta más importante de todas, una pregunta inevitable al encontrarse entre las ideologías de uno y las ideologías de otro: Si es que existe, ¿cuál es la verdad? [7]

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