Transformers: El último caballero | Robots con mal aspecto

La saga Transformers empezó allá por el 2007 con un producto que aunaba el estilo explosivo de Michael Bay con la atractiva premisa —basada en una colección de juguetes— de una guerra entre robots alienígenas que se convierten en automóviles. No era la quintaesencia del cine de acción, pero desde luego era todo un ejemplo de entretenimiento palomitero efectivo. Durante los últimos diez años hemos tenido unas cuantas entregas más, las cuales nos han dado más de lo mismo, aunque tampoco es que pudiéramos esperar mucho más de esta constante batalla entre Autobots, Decepticons y otros habitantes del planeta Cybertron en territorio terrestre. Sin embargo, la factura técnica de las tres secuelas que siguieron al film original se mantenía constante, con unas set pieces bastante espectaculares llenas de seres de metal destrozando ciudades y destrozándose de entre ellos. Este verano llega una más, Transformers: El último caballero (Transformers: The Last Knight, 2017), pero esta es muy especial, porque mientras las otras eran disfrutables o pasables, esta es totalmente horrorosa.

En Transformers 5 no funciona nada. Empezando por una historia que pretende explorar el pasado de los Transformers en la tierra y su relación con los humanos a través de la leyenda del rey Arturo y alguna que otra efeméride de la humanidad. Esta expansión de la mitología de la saga, además de desaprovechada, lo único que consigue es confundir al espectador dentro de la narrativa y complicar a base de sobreexposición una trama que, dentro de su simplicidad, se siente excesiva en su único objetivo de llenar cuantos más minutos mejor hasta un total de unos eternos 150 minutos, sin preocuparse de si los eventos construidos son atractivos o al menos no aburridos para el espectador. Las subtramas, que suelen ayudar a crear un todo más o menos interesante en otras entregas, aquí brillan por su ausencia, por lo que asistimos a una sucesión de escenas que giran exclusivamente alrededor de los dos protagonistas con un resultado extremadamente monótono.

Unos protagonistas encarnados por Mark Wahlberg y la joven actriz de turno con vestidos ceñidos en el fin del mundo (en este caso bajo el nombre de Laura Haddock), quienes continúan la dinámica madurito-jovencita que tan extendida suele estar últimamente en el cine de acción ante el immobililismo de los actores cuarentones y los límites de edad —invisibles— de las actrices. La dinámica entre ambos resulta tan explícitamente romántica desde las discusiones iniciales que a partir de ahí poco importan sus interacciones. Si profundizamos en el reparto nos encontramos posiblemente con lo más disfrutable de la película: Anthony Hopkins. No porque lo haga realmente bien y mucho menos porque sea el responsable de darnos de una clase de “Historia de los Transformers”, sino porque todo lo que rodea a su personaje es totalmente excéntrico. Desde sus líneas de diálogo a la relación con su Transformer/mayordomo con carácter chungo pasando por su ridículo papel en el clímax, Hopkins se convierte en el robaescenas oficial de la película y de alguna forma transmite que se lo está pasando en grande rodando esto y que básicamente lo hace por los loles —además de por los billetes—.

Algunas de las dolencias de la película que he expresado en esta crítica pueden aplicarse parcial o totalmente al resto de la saga y sin embargo he disfrutado con todas las películas de Transformers hasta el momento. ¿Qué pasa entonces para que El último caballero me parezca tan mala? Pues principalmente tres cosas. La primera es que el clímax que cierra el film es el peor rodado de todos con diferencia, hasta el punto de que no te enteras de absolutamente nada y se convierte en ruido. La segunda es el desastroso y apresurado montaje en algunas partes del metraje, su concordancia con la banda sonora y alguna que otra escena de unos segundos que no pinta nada y parece metida con calzador. El resultado final es menos fluido que en el resto de películas y de blockbusters en general, rompiendo el ritmo orgánico en varias ocasiones. La última y más grave de todas es el formato de la cinta. No es extraño que la relación de aspecto cambie durante el visionado de una película. Muchas veces se debe a una intención artística del cineasta y tiene su simbología dentro de la obra, mientras que en el cine de acción es habitual que ciertas escenas estén rodadas con IMAX con sus proporciones menos panorámicas. Transformers 5 entra en este segundo grupo y ha sido rodada con alrededor de ocho cámaras diferentes, lo que en este caso se traduce en un formato distinto para cada cámara. Y no sería un problema si no fuese porque la relación de aspecto cambia aleatoriamente durante toda la película, sacando completamente de quicio al espectador. Si estos cambios se realizaran solo durante las escenas de acción para incrementar el efecto visual del espectáculo pirotécnico se podría llegar a entender, pero que se produzcan cambios muy bruscos de formato en el plano-contraplano de una simple conversación es completamente demencial. Podéis hacer click aquí para ver un ejemplo de las diferentes relaciones de aspecto utilizadas.

Ruidosa, incoherente, molesta y desastrosa. Así se podría definir la última entrega de la saga Transformers, una franquicia que hasta ahora había entregado entretenimiento alocado pero decente para una profunda desconexión mental a base de robots peleándose entre ellos. El filme de Bay patina a la hora de construir una historia que expanda el mundo de los Autobots y Decepticons de forma interesante, decepciona con una acción excesivamente aparatosa y poco clara y fracasa también en los aspectos técnicos como el montaje y el uso de la relación de aspecto. Ahora solo cabe esperar que el spin-off dedicado a Bumblebee aporte algo muy diferente a lo visto hasta ahora dentro de este universo cinematográfico y, en el caso de que haya una sexta entrega, que la marcha del hasta ahora director de la franquicia sea definitiva para que alguien pueda aportar otro estilo y algo más nutritivo que explosiones sin alma. [★]

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