Tres anuncios en las afueras | Publicidad agresiva

Desde hace un par de meses podíamos dar por empezada la carrera por el Oscar, la preciada estatuilla que tantos profesionales de la industria cinematográfica anhelan como reconocimiento a su trabajo en producciones estrenadas durante todo un año —en este caso, durante el 2017—. En los EEUU, la mayoría de filmes con ciertas opciones se estrenan en la época otoñal tras pasar por diferentes festivales, pero el juego de distribuidoras hace que aquí en España, excepto en contadas ocasiones, estas propuestas no empiecen a llegar aproximadamente hasta enero. Curiosamente, ya estamos en enero, mes en el que veremos llegar muchas candidatas a triunfar en los premios de la Academia y entre las que se encuentra Tres anuncios en las afueras (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, 2017), lo nuevo del director angloirlandés Martin McDonagh que los Danis pudieron disfrutar en el Festival de San Sebastián —donde además se alzó con el Premio del Público—.

La carrera de McDonagh empezó en el teatro, escribiendo una buena cantidad de libretos antes de dar el salto al mundo audiovisual con un corto que le llevó a ganar un Oscar al Mejor Cortometraje. La descripción que se hace de esta primera obra en su portada es “una comedia negra y sangrienta”, palabras que desde entonces han sido una constante en sus siguientes películas. La inteligente forma en que el cineasta entremezcla el humor con la violencia dentro de relatos propios del thriller criminal hacen del análisis emocional de un asesino a sueldo de Escodidos en Brujas (In Bruges, 2008) y de la metaficcional sátira al género y la creación artística de Siete psicópatas (Seven Psychopaths, 2012) dos propuestas muy notables y recomendables, además de grandes entretenimientos alejados del cine comercial prefabricado.

Para su tercer film, Tres anuncios en las afueras, el cineasta se inspira en la historia real de un padre que reclamó justicia ante el asesinato de su hija a través de una serie de carteles publicitarios en los márgenes de la carretera. Aquello sucedió hace diecisiete años, pero ha servido de base para construir la historia de Mildred Hayes, quien también busca justicia para su hija tras la ausencia de detención alguna siete meses después de haber sido violada y asesinada. Los suyos son tres carteles, enormes, uno detrás de otro, de color rojo sangre con letras negras. Tres carteles que recriminan la pasividad policial y despiertan de todo menos indiferencia en el pequeño pueblo de Ebbing, enfrentando a Mildred con las fuerzas de seguridad y parte de la polarizada comunidad loca y creando un clima de tensión y violencia.

McDonagh aprovecha muy bien la premisa para hacer su película más completa hasta la fecha, golpeando de manera mordaz el microuniverso de la América profunda que construye dentro y a las afueras de Ebbing a través de la crítica que hace a ciertos temas, la mayoría relacionados con los abusos de poder masculinos, raciales o policiales. No se abandonan la violencia explícita y el humor característicos de sus obras, pero sí se reduce ligeramente su presencia para dejar paso a un enfoque dramático. Eso sí, semejante abanico de elementos deja lugar a unos constantes cambios de tono que desafían la lógica cinematográfica y que van de la emoción pura a la carcajada y a la tensión explosiva que logran funcionar dentro de ese microuniverso. Este desafío de las expectativas también se aplica al anticlímax del tercer acto, con un final abierto que en manos de cualquier otro director se hubiese cerrado de forma violenta y poco sutil.

La inclusión de este enfoque dramático puede resultar un punto negativo a quienes esperen un thriller más superficial, pero lo que logra es añadir más profundidad a la hora de narrar la historia de los tres protagonistas del film: Mildred Hayes, el sheriff William Willoughby y el agente Jason Dixon. Tres personajes llenos de grises morales y matices que se encuentran alejados de ser meros clichés al servicio de los giros de guion narrativos. Más allá de todos los episodios violentos que se sucedan en Ebbing, la importancia del conflicto reside en su función catalizadora del desarrollo psicológico de estos protagonistas. En el caso del agente Dixon, el camino que toma su personaje —un poli racista que torturó a un detenido negro— ha levantado un caldeado debate en la crítica americana por la permisiva ideología que puede esconder, pero teniendo en cuenta la amplia ambigüedad moral pretendida por McDonagh que sobrevuela por encima de todos, incluida nuestra heroína, y la autoconsciencia sobre las relaciones de poder mencionada anteriormente, no veo una intencionalidad hacia ese objetivo.

La evolución psicológica de estos personajes y su importancia en la historia, como ya se ha dicho, es uno de los puntos más importantes del film, pero no llegaría a calar en el espectador si no fuera por las grandes interpretaciones que las sostienen. Woody Harrelson cumple en su registro bonachón, pero dentro de comisaría se ve eclipsado totalmente por el todoterreno Sam Rockwell haciendo de Dixon, un papel de esos tan pasados de vueltas con los que suele disfrutar delante de las cámaras. Aunque la que de verdad se come la pantalla es Frances McDormand, quien maneja a la perfección tanto el lado más emocional ante la pérdida como la dureza y el carácter inherentes de Mildred, convirtiéndose en toda una representante de la furia femenina en los tiempos que corren. No me extrañaría que lograra llevarse la estatuilla a principios de marzo por encima de Sally Hawkins, como ya ha sucedido en los Globos de Oro, aunque mi corazón ahora mismo se incline más por la intérprete de La forma del agua (The Shape of Water, 2017).

Tres filmes lleva a sus espaldas Martin McDonagh como realizador y cada vez me va gustando más en su forma de combinar crimen, violencia y comedia a través de guiones inteligentes y estimulantes. En Tres anuncios a las afueras no hay grandes alardes técnicos, sino un énfasis en el drama y la tragedia que le brinda una oportunidad de lujo para profundizar en el interior de sus personajes como nunca antes, algo a lo que hay que añadir un reparto en estado de gracia y una banda sonora de Carter Burwell que le va como anillo al dedo. Habrá que ver si en el futuro próximo logra convencer a los académicos y vemos al cineasta angloirlandés subir al escenario a recoger una estatuilla.  [★★★½]

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