Triple 9 | Fallida carne de blockbuster

Es necesario preguntarse cómo es que una cinta como Triple 9 (íd., 2016), que cuenta con un reparto lleno de actores de primer nivel (entre los que se encuentran los comerciales rostros de Norman Reedus y Aaron Paul) y un argumento atractivo que propone un escenario de thriller de acción y suspense, ha pasado casi totalmente desapercibida en la previa a su llegada a los cines. Esta película, debido a una serie de factores, bien podría haber sido un thriller de autor que cautivara a la crítica o, con más probabilidades, un blockbuster llamativo que llevara gente a las salas. Sin embargo, el último largometraje de John Hillcoat no ha despertado especialmente la atención de ninguno de estos dos colectivos, siendo recibida sin pena ni gloria por los medios especializados y recaudando bastante menos de su presupuesto en su estreno en Estados Unidos. Entonces, ¿qué pasa? ¿Por qué a la gente no le gusta? Y más importante, ¿por qué a la gente ni siquiera le atrae?

Antes de arrojar posibles respuestas, empecemos por lo primero. Triple 9 sigue la historia de un grupo de criminales (conformado por ex agentes especiales del ejército y policías corruptos) que, tras robar un banco, obtiene una caja de seguridad que contiene información que podría servir para revertir el encarcelamiento de un capo de la mafia rusa. Cuando el líder de esta banda (Chiwetel Ejiofor) pide el pago correspondiente por esta misión, este es obligado por su despiadada ex esposa y empleadora (Kate Winslet)  a cumplir un nuevo trabajo. Ahora, en el punto de mira de la policía, este grupo de delincuentes tiene que cumplir su trabajo más peligroso todavía, especialmente después de que uno de ellos proponga que para realizar la misión se recurra a levantar una alerta del tipo 999 (o triple 9), código policial que indica “oficial caído” y así distraer la atención de las autoridades.

Alrededor de esta premisa, el guión firmado por Matt Cook se desarrolla como un thriller de acción que busca llenar la pantalla con una atmósfera de constante tensión. No obstante, esa tensión, solo existente en las escenas de más intensas, se desinfla en poco tiempo, con interacciones predecibles o personajes que rozan la parodia. Después de los minutos iniciales de metraje, Triple 9 sufre de una pérdida significativa de emoción, sin saber aprovechar para sí misma el mundo que ha construido. El ligero sinsabor con el que uno termina tras ver esta película se traduce en la inevitable necesidad de recordar cintas de temática similar que sabían mantener su solidez con una personalidad incuestionable. Ahí está The Town: Cuidad de ladrones (The Town, 2010), Infiltrados (The Departed, 2006), Heat (íd., 1995) o incluso la irregular Ladrones (Takers, 2010). Pero, por supuesto, Hillcoat no es ni Michael Mann ni  mucho menos Scorsese.

De forma casi inexplicable, la red de corrupción, crimen y mentiras que plantea la puesta en escena de Hillcoat se ve minimizada, reducida, cada vez más apartada. Lo único que, en ese sentido, mantiene su peso en esta película son las interpretaciones (cómo no rendirse, por ejemplo, ante esa Kate Winslet de acento ruso y poder inimaginable que es casi lo mejor de la cinta) y es una auténtica lástima que el todo en el que están envueltas sea una obra tan poco memorable. Todos los nombres del reparto cumplen con creces, e incluso las estrellas televisivas de Reedus y Paul se sacuden (solo mínimamente, ojo) un poco el rastro que los liga aún a sus personajes más conocidos (Daryl de The Walking Dead y Jesse Pinkman de Breaking Bad, respectivamente). Hasta el más caricaturizado Woody Harrelson hace un trabajo fantástico al ponerse en la piel de un sargento de policía que parece sacado de una película distinta (y una más graciosa, sin duda).

Así, ¿por qué no encaja del todo Triple 9? Porque a pesar de las interpretaciones, a pesar de la genial fotografía de Nicolas Karakatsanis, a pesar de la intensidad de la violencia y lo serio de su trama, Hillcoat termina dirigiendo una película que es demasiado solemne para su propio bien. No es lo que promete ni parece saber lo que quiere ser. Por eso, cuando quiere ser una película de suspense, desacierta y cuando quiere ser una película de atracos nos ofrece más de lo mismo, más de lo que ya hemos visto antes mejor ejecutado en otros largometrajes. Triple 9 empieza con la fuerza de una bestia y, tras unos cambios de ritmo mal jugados, termina siendo nada más que un animal sosegado al que las explosiones no pueden salvar. Es imposible que eso atraiga a la gente, ya que por definición es lo que provoca aburrimiento. Y, por supuesto, es afectada por un problema principal muy grande: no posee una escena de acción que quede grabado en la retina. A excepción quizá de su escena inicial, claro, en la que… bueno, déjalo, que ya no la recuerdo. [★★]

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