Trolls | La felicidad comestible

Llevamos un año de locos para los amantes del cine de animación. Estamos hartos de repetir que no es un género, sino una herramienta para contar historias, pero a veces es inevitable compararlas unas con otras y crear una especie de subdivisión diferente al resto. Y es que las películas de animación pueden llegar donde otras de acción real ni imaginarían por mucho CGI que pongan, la animación no tiene límites creativos. Mi película favorita del año pasado —no de animación, sino en general—, Del revés (Inside Out, 2015), llevaba esta máxima por bandera; y uno de los mejores filmes que hemos podido ver este año en nuestros cines, El cuento de la princesa Kaguya (Kaguyahime no monogatari, 2013), es una muestra ejemplar de que, simplemente, algunas películas deben ser contadas a través de la animación, no hay alternativa posible. Podría pasarme todo el día poniendo ejemplos, y sin tener que irme muy lejos, que este año hemos tenido más de seis o siete películas bastante destacables en esto de la animación. Con esto claro como mero contexto, vamos a entrar en materia.

No he seguido mucho este último par de años a Dreamworks como estudio de animación, no obstante es una compañía que nos ha regalado grandes títulos como las prematuras Chicken Run: Evasión en la granja y La ruta hacia El Dorado o sagas como las de Shrek y Cómo entrenar a tu dragón. Concretamente, fue la segunda parte de dicha saga la última que vi del estudio que ahora estrena Trolls (íd., 2016). El estreno que hoy nos importa es una comedia musical basada en esos característicos muñecos Troll con pelo largo de colores llamativos que muchos de vosotros reconoceréis nada más verlos. Si bien el resultado final es un argumento de lo más previsible, su punto de partida es interesante: los trolls son criaturas que rebosan felicidad dedicadas a vivir en su mundo de arco iris cantando, abrazandose y dando fiestas happy flower, pero su destino se verá afectado cuando aparece una raza que les cuadriplica en tamaño y que no saben ser felices, cantar, ni dar abrazos pero que consiguen atisbar felicidad en su vida comiendose a los citados trolls. Así, estos seres se instalaron alrededor del árbol donde vivían estos alegres pequeñines y organizaron una festividad anual en la que les cocinarían y comerían para ser felices. Este, como veis, es un punto de partida que se separa un poco de lo que se podría prever para la trama del filme en un principio, y que por su parte, aún desarrollandose de forma predecible y yendo a lo fácil, acaba transmitiendo un mensaje importante para todo el público infantil.

Y es que, lamentablemente, creo que Trolls es una película más infantil que otra cosa. No es tan “apta para todos los públicos” como puede ser una película de Pixar. Si bien esto no tiene porque ser precisamente malo, pero el filme juega con unas pretensiones con las que no conecto. No me sorprendería, por otra parte, que triunfara entre l@s más pequeñ@s de la casa: entretiene, se pasa un buen rato y tiene criaturas de colores cantando y bailando felizmente. Si al principio hablaba de la animación como herramienta para no ponerse limites creativos era porque Trolls es una de esas películas con secuencias inconcebibles en acción real (sí, se podrían llegar a hacer, pero o bien serían extremadamente caras o bien serían lo más ridículo que se ha visto en el medio), y que saca partido de sus recursos a nivel creativo. En especial estoy pensando en una escena que sucede a lo largo de un número musical de una de las canciones originales de la película, en un viaje de la protagonista, que resulta bastante atractivo y divertido. Quitando un par de momentos más, no es que destaque mucho en lo técnico. De hecho, si miramos a las cifras, Trolls sería la película con el presupuesto más bajo de Dreamworks Animation desde 2006, y desde entonces han realizado una veintena de producciones. Aún así, dudo que esto signifique nada en especial, pues es una película que facilmente doblará lo que ha costado. En España, sin duda, hará buena taquilla. 

Trolls

Tras la dirección de Trolls nos encontramos a un debutante como Walt Dohrn junto a Mike Mitchell, que viene de dirigir películas como Sky HighAlvin y las Ardillas 3 o la cuarta entrega de Shrek. Con semejante curriculum era de esperar que nadie se fijase en quienes estaban a los mandos del filme, sin embargo el reparto sí que es lo suficientemente llamativo. El elenco de voces para Trolls no está nada mal, lo normal en una producción así, vaya. Capitaneados por Anna Kendrick y Justin Timberlake interpretando a los protagonistas de la historia y siendo las voces principales de la mayoría de las canciones, también les acompañan Zooey DeschanelJames CordenChristopher Mintz-PlasseJeffrey TamborKunal Nayyar  o Gwen Stefani, entre otros. Y sí, Trolls es un musical, algo muy poco habitual entre las cintas de animación de Dreamworks, la cual no realizaba uno casi desde sus inicios allá por finales de los noventa y principios de siglo. Pero a diferencia de aquellas, aquí no se explota tanto la vertiente original (aunque tiene unas cuantas compuestas para la película) sino la capacidad de versionar canciones reconocibles para el gran público. Y tiene un repertorio bastante digno, pero aún así me lo esperaba aún más redondo, con más hits. Lo bueno es que es a través de estas canciones y en su utilización donde consigue elevar los mejores puntos de comedia (hay un par de gags que te sacan la sonrisita) y los momentos más inevitablemente emotivos. He intentado esforzarme por no mencionar los artistas o canciones utilizadas en dichos momentos para que os sorprendan como a mí.

Trolls es en definitiva una película medianamente disfrutable, una que hará mover los pies a muchos niños y niñas (y seguro que a algún que otro adulto), y de paso reactivar la maquinaria del marketing comprando juguetes de los Trolls como locos. Que se siente como que tiene un bonito mensaje final y que busca hacer pasar un buen rato, pero, tengo que ser sincero, no va conmigo. Sí, tiene cosas buenas, faltaría más, pero no las suficientes para recomendárosla con ganas. No puedo decir que sea una mala cinta, pero tampoco la considero del todo buena. Se queda un poco en tierra de nadie, está bien y su hora y media se pasa como un tiro. Puro cine de evasión sin más pretensiones. Seré yo, que prefiero evadirme con otras cosas. [★★½]

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