Vaiana | La llamada del océano

Disney está cada día más cerca de dominar todo el mundo del entretenimiento. Las semillas mágicas que compraron hace unos años (Marvel, Lucasfilm, etc) están dando enormes frutos, y aún así hay rumores de que quieren hacerse con más. Y no hay que olvidar el merchandising que generan de todas sus marcas y franquicias, los parques temáticos a su nombre, o los canales de televisión como ABC o ESPN. Aún con todo esto, Disney no se olvida de la raíz y el corazón de este imperio del ocio: su estudio de animación. Walt Disney Animation Studios sigue dando guerra, y para algunos es de lo más interesante que tiene la compañía estadounidense. Ya se hacen lejanos aquellos años de la década pasada donde el estudio estaba en decadencia y la constante comparación con su hermana Pixar no hacía otra cosa que empequeñecerla aún más. Es, desde 2010 y el estreno de Enredados (Tangled, 2010) cuando comenzaría poco a poco un renacer del estudio al que muchos inevitablemente comparan con el que sufrió la compañía en los noventa. Con Frozen (íd., 2013) y todo su fenómeno viral se demostró que a nivel de interés general el estudio estaba más vivo que nunca; y desde entonces han tenido un par de éxitos que no han ido nada mal. A nuestros cines llega ahora Vaiana (Moana, 2016), la nueva promesa musical del estudio desde las dos hermanas del reino de hielo, tan solo diez meses después del estreno de Zootrópolis (Zootopia, 2016), siendo el primer año desde 2002 (que coincidió Lilo & Stitch con El planeta del tesoro) en el que se estrenan dos películas del estudio en menos de doce meses.

En Vaiana se siente ese aroma de puro Clásico Disney que definirían hasta nuestros días las películas del renacimiento de Disney en los noventa. Y no es de extrañar, dos de los mayores causantes de aquel renacimiento tienen nombres y apellidos: John Musker y Ron Clements. Dos directores que nunca se les reconocerá todo lo que hicieron por Disney en aquel entonces, sus películas más conocidas son las que dirigieron en esa etapa: La sirenita (The Little Mermaid, 1989), Aladdin (íd., 1992) y Hércules (Hercules, 1997). Pero suyas también son Basil, el ratón superdetective (The Great Mouse Detective, 1986), El planeta del tesoro (Treasure Planet, 2002), Tiana y el sapo (The Princess and the Frog, 2009) y ahora: Vaiana. Los veteranos directores vuelven a Disney para desarrollar un musical a lo broadway con esencia moderna pero respetando los cánones de la compañía a pesar de todo. Vaiana (que hasta en la versión original que se puede ver en España se llama así) es una joven que vive en una isla del Pacífico cuyo destino es liderar a su pueblo, ya que es la única hija del jefe de la isla. Ella desea explorar el mundo navegando por el océano, pero su padre solo tiene una norma: no cruzar más allá del arrecife que bordea la isla. Y hasta aquí puedo leer, si habéis visto trailers y demás sabréis que hay mucho más detrás de aquello. La película en definitiva es una road movie (aunque sobre el agua, claro) con un viaje del héroe de manual divertido, entretenido y con los puntos justos de emotividad. Por haber hay hasta homenajes que no soló se cierran a otros elementos del estudio, desde guiños a Mad Max: Fury Road hasta reminisencias de David Bowie.

Hablemos claro: lo mejor de Vaiana es su banda sonora. Y el mayor mérito de esto lo tiene Lin-Manuel Miranda (creador de Hamilton, el musical del que todo el mundo habla), con unas letras que fluyen como nunca en un clásico Disney y que condensa muchísima información en unos pocos minutos de canción. Pero también lo ayudan Opetaia Foa’i (del grupo Te Vaka) para las letras en lenguas samoanas y el compositor Mark Mancina, cuyo trabajo en las bandas sonoras Disney de Oliver y su pandilla, El rey león (junto a Hans Zimmer) y las de Tarzán y Hermano Oso (junto a Phil Collins) es más que notable. Decir que sus canciones no se me van de la cabeza es quedarse corto, no paro de canturrearlas y ponérmelas en bucle cada vez que puedo. Pero nada como lo que sentí escuchando por primera vez How Far I’ll Go en la película —probablemente mi canción favorita de este recital de buena música broadwayiana—, una mezcla perfecta del típico soliloquio musical del protagonista (como el Go the Distance de Hercules, por poner un ejemplo) y que a gusto personal está un peldaño por encima de la ya quemada Let it Go de Frozen. Siempre hay canciones que definen toda una película y que guarda toda su esencia, en este caso la tremenda We Know The Way ocupa ese papel. Pero creo que la canción pegadiza de esta producción no es otra que la divertida You’re Welcome, que define a Maui, el personaje de Dwayne Johnson, que sorprendentemente lo hace genial con su trabajo vocal y con esta canción en especial. Y hablando de esto, Jemaine Clement está que se sale en los pocos minutos que le permiten lucir su voz en pantalla, y es que Shiny es una de las canciones de villano más particulares de todo Disney. Hay otras canciones como Where You Are que como decía antes cuentan mucho en muy poco, en tres minutos de canción entendemos a la perfección el contexto de la película y el dilema interno que tiene la protagonista con su rol en el mundo. En definitiva, una banda sonora para el recuerdo.

Pero es que resulta que la música no lo es todo aquí. Vaiana luce increíble en lo visual, cuenta con un apartado artístico para echarse a llorar de lo bonito que es. Si en Zootrópolis todos los esfuerzos técnicos fueron a parar a mostrar en pantalla un sinfín de detallitos escondidos por toda la ciudad, aquí todo ha ido a parar a crear unos paisajes y unas texturas impresionantes. El nivel que ha conseguido este año Disney (entre Pixar y Walt Disney Animation Studios) en lo que se refiere a animación digital —porque los de Laika son los reyes de lo suyo— la coloca a años luz de otros estudios de animación actuales. Personalmente me ha encantado ver a Eric Goldberg volver a Disney en 2016, cuando ya prácticamente toda la compañía se ha volcado a la animación en 3D, Musker y Clements llamaron a uno de los maestros de la animación 2D para que se encargara de animar los tatuajes de Maui, y se nota mucho su mano. Ya que, por si no lo sabéis, Goldberg es el que le dio vida a Genio de Aladdin, así como a Phil en Hércules; aparte de haber dirigido Pocahontas y dos de los mejores segmentos de Fantasía 2000. Los personajes de Vaiana no son nada novedosos, resultando más una mezcla de otros más que algo 100% original, pero son realmente carismáticos y funcionan bastante bien entre sí, empezando por el semidios Maui, la propia Vaiana, su abuela, el gallo Heihei, el ya citado cangrejo Tamatoa e incluso el propio océano (con reminiscencias a la alfombra mágica de Aladdin). Al igual que sus personajes, la trama de la película, sin ser nada del otro mundo y con tics predecibles desde el principio (algo que no me cuesta obviar: sé que esto es una de Disney), consigue una aventura muy digna y con voz propia. Saben qué palos tocar para emocionar al espectador, qué cosas mover o decir para hacerlo reir y durante casi dos horas trasladarlo a su infancia; eso es Disney.

En el trasfondo de la película hay dos mensajes bastante positivos e importantes que me gusta que hayan tocado. Por una parte el evidente trato feminista de la película, con ciertas líneas de diálogo que incluso ridiculizan la visión de las princesas que los propios Musker y Clements construyeron en sus primeras películas. Me encanta que Vaiana vaya a ser el ídolo de muchas niñas a partir de ahora, guiándose por sus instintos y sus sueños más que por llegar a conocer su amor verdadero. De hecho, si en Frozen estas barreras se estaban empezando a derribar, ahora es que directamente no existen: en Vaiana no hay trama amorosa. El otro mensaje es el ecológico, apenas palpable al principio del filme pero evidenciado en un tercer acto del que Miyazaki estaría orgulloso. Estoy verdaderamente contento de que esto haya salido bien, tenía ciertas reservas porque no soy muy fan de la anterior de los directores (Tiana y el sapo), pero aquí han demostrado todo lo bien que lo saben hacer y más. Vaiana es una película de la que es muy fácil encariñarse, y a la que volver (ya sea por su banda sonora, ya sea por su animación, ya sea por vivir una aventura que es puro Disney) no va costar mucho. Diría que es de lo mejor que ha hecho el estudio en esta etapa, y en general una de las mejores que ha estrenado jamás. Vaiana corona un año de animación estupendo, de esos que esperamos que se repitan. [★★★½]

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