White God | Rebelión canina

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El perro es el mejor amigo del hombre. Esta archiconocida frase resume habitualmente la relación que hay entre el ser canino y el ser humano. Los que hemos tenido un perro sabemos que lo es todo para nosotros. Es mucho más que una simple mascota, se convierte en uno más de la familia, en un amigo fiel, le tenemos un cariño enorme y los momentos vividos juntos son inolvidables. Pero no siempre es así… Más de un año después de que ganara el premio Un Certain Regard en el Festival de Cannes de 2014 llega a las salas españolas White God (Fehér isten, 2014), un drama del húngaro Kornél Mundruczó que nos muestra las consecuencias de las malas acciones de las personas contra estos fieles animales.

En Hungría, una nueva ley a favor de las razas puras impone una tasa a los propietarios de perros de razas mestizas, lo que provoca un aumento vertiginoso del número de abandonos de éstos en la calle. White God se centra principalmente en Lili (Zsófia Psotta), una chica de trece años de padres divorciados que no se puede separar de su querido perro Hagen (Body y Luke). Vive con su madre, pero un viaje de negocios hace que ambos se muden con su padre Dániel (Sándor Zsótér). Ante la negativa su padre de pagar la tasa de mestizos y los problemas que el perro le provoca en casa, éste decide abandonar a Hagen en la calle. La película muestra de forma paralela la lucha de Hagen por sobrevivir en la ciudad tras haber sido abandonado y los intentos de búsqueda de Lili por todas partes, además las consecuencias emocionales de su separación. Pero todo esto no es más que el preludio de una inminente guerra entre los perros y la raza humana, con Lili y Hagen como figuras clave.

WG Hagen Lili

La película empieza con un flashforward de Lili en bicicleta siendo perseguida por una manada de perros en una desértica ciudad (escena que compone el tráiler del film). Una potente escena con tono apocalíptico que es suficiente para mantener la tensión y la curiosidad durante todo el tramo que el film tarda en llegar al conflicto final. En ese tramo vemos cómo el abandono divide la narrativa en dos partes, haciendo que el resultado sea un poco irregular. Por un lado tenemos un correcto drama familiar/adolescente centrado en Lili, constituyendo la parte más floja del film tanto de trama como de interpretaciones. Por el otro, un intenso drama animal en que las desgracias de Hagen y de otros perros (alrededor de 200 en la película) nos brindan unas actuaciones perrunas increíbles, premiadas con el Palm Dog Award en Cannes. Pero es en el tramo final cuando llega un mordisco con el que la película cambia radicalmente y mejora muchísimo. Un punto de inflexión en que las tramas se vuelven a unir y el drama que habíamos visto hasta ahora sufre una metamorfosis para convertirse en un terrorífico thriller. El desenlace bebe del suspense de Los pájaros (The Birds, 1963) de Hitchcock, aunque también acaba recordando bastante a El orígen del planeta de los símios (Rise of the Planet of the Apes, 2011), incluso encontrando ciertos paralelismos entre Hagen y César.

Muchas son las visiones que se pueden obtener de la película y especialmente de éste último acto. Se puede considerar que, siguiendo la estela de los films sci-fi de Neill Blomkamp, la película es una metáfora del maltrato de las clases altas contra las clases bajas y la rebelión de estas últimas cuando se hartan de aguantar estos abusos, pero también se la puede considerar como una película que denuncia desde muchos puntos el maltrato que sufren estos animales a manos de seres humanos despreciables sin consciencia ni alma. Seguramente sea el segundo mensaje, más impactante y directo, el que cale más hondo entre los espectadores, especialmente tras todo lo que sufre el pobre Hagen en su deriva personal por las calles de la ciudad.

WG Perrete

Porque si hay algo que destaca especialmente y se te queda gravado en la memoria es la crudeza de las escenas de maltrato animal. Un realismo extremo impregna estos momentos, tanto por el enorme trabajo de entrenamiento canino (necesitamos making-of) como por el temblor en los planos resultado de grabar cámara en mano, y hace que cada vez que un perro “sufre”, el espectador inevitablemente sufra con él (siempre que no odie a los perros). Ante esto hay que avisar a los futuros espectadores de que esta película no es para todos los gustos, ya que aquellos que se vean demasiado afectados por el sufrimiento animal van a pasarlo realmente mal.

Dejando de lado las ventajas emocionales implícitas de girar alrededor del “mejor amigo del hombre”, White God es una película muy recomendable que pese a ser algo irregular en su desarrollo por culpa de la narrativa partida, va de menos a más con un desenlace muy intenso que deja un gran sabor de boca. Mundruczó tiene la suerte de que se arriesga al trabajar en varios géneros pero acaba acertando en la mayoría de ellos. Además, el mensaje animalista y anti-maltrato del que hace gala, con algunos momentos emotivos y otros extremadamente impactantes, le dan un punto extra y te deja con muchas ganas de abrazar a tu mascota al llegar a casa. Porque es curioso que los animales que se revelan y asesinan son los que te llegan al corazón, mientras que acabas odiando a los seres humanos que son atacados. [★★★½]

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