Wonder Woman | Tú serás la heroína del mañana

Seamos honestos, completamente honestos: el universo cinematográfico de DC empezó con muy mal pie. El hombre de acero (Man of Steel, 2013), película que esperé impacientemente, engañado totalmente por uno de los mejores tráilers de aquel año, planteó los cimientos de esta megaestructura multimillonaria que no ha hecho más que traer un disgusto tras otro. Esta primera película, además, se asentó sobre una construcción de personaje bastante dudosa: Superman no es un héroe, o, por lo menos, no es un héroe al uso y, encima, está dispuesto a matar. Batman v Superman (íd., 2016) no hizo más que añadir leña al fuego. Zack Snyder volvía, esta vez colocando en pantalla a dos pesos pesados de DC Comics enfrentados el uno contra el otro. Sin embargo, a pesar de su clara apuesta por el puro espectáculo visual (y de empeñarse por mantener aquella estética deprimente y oscura que tanto aburre), la película no podía eludir una narrativa más que endeble, destruida por rupturas de tono y escenas que daban vergüenza ajena. Y después de eso llegó Escuadrón suicida (Suicide Squad, 2016), de la que no se puede decir apenas nada bueno y de la que ahora no vale la pena ya hablar.

Esa es parte del contexto en el que llega a las salas Wonder Woman (íd., 2017). Acompañada, por supuesto, de un importantísimo dato: es la primera película de superhéroes basada en cómics protagonizada por una mujer en los últimos 12 años. Incluso Marvel, quien se adelantó a la idea de los universos cinematográficos, y que lleva ya 15 películas estrenadas, no ha sido capaz de producir una película protagonizada por ninguno de sus personajes femeninos y se tendrá que esperar a 2019 para ver a Brie Larson interpretando a Carol Danvers en Capitana Marvel. Así que es lógico que la película llegue rodeada de escepticismo al mismo tiempo que, en el fondo, uno siempre desea que esta sea, por fin, la película que enderece las cosas para DC. Dirigida por la cineasta Patty Jenkins, recordada, aparte de por haber dirigido la multipremiada Monster (íd., 2003), por su tan sonada salida de Thor: El mundo oscuro alegando diferencias creativas cuando la película se encontraba en pre-producción. Mientras que la encargada de encarnar a Diana Prince en la gran pantalla vuelve a ser Gal Gadot, formalmente presentada en Batman v Superman, en donde se convirtió, sin mucho esfuerzo, en uno de los elementos más recordados de la película.

Wonder Woman es, lo primero, una película que sirve como secuela tanto como precuela. Los momentos iniciales de la cinta nos muestran a Diana recibiendo un paquete enviado por Bruce Wayne, cuyo contenido es la fotografía que ella tanto ansiaba recuperar en Batman v Superman. Al observar esta foto, Diana recuerda su pasado. Recuerda, en un principio, su niñez en la Isla Paraíso (o Temiscira, si se prefiere), cuando soñaba convertirse en una gran guerrera amazona, aun cuando su madre Hipólita tenía otros planes para ella. Diana, ya en edad adulta, conoce a Steve Trevor, piloto estadounidense que trabaja como espía para los británicos durante la Primera Guerra Mundial, tras rescatarle de morir ahogado en la costa de la isla al huir éste de soldados alemanes. A partir de ese momento, Steve se convierte en el billete de ida de Diana hacia la guerra, convencida de que sólo ella puede lograr la paz entre los hombres al derrotar a Ares, dios de la guerra y causante principal de este conflicto.

El esquema de la historia es, pues, bastante básico, el abc de las películas de superhéroes. Detalle relevante, ya que hasta la fecha, el dominio de Zack Snyder en DC había establecido discursos grandilocuentes (aunque fallidos, banales y muy poco lúcidos) sobre la condición humana, la relación entre el orden y el caos, y el sentimiento de otredad. Discursos, en otras palabras, sobre los que Zack Snyder tiene más bien poco que decir porque ha demostrado no saber qué quiere decir. Es enormemente disfrutable que una película de DC se decida por ser nada más que una película entretenida y contar de forma muy simple una historia de origen. Pero, como es normal, no todo está bien. Temiscira no es más que una anécdota dentro de la película. Es una localización llena de paisajes grandiosos totalmente desaprovechada, donde nada parece estar en un lugar único. Es algo muy poco definido y muy impersonal. Por eso me resulta extrañamente reconfortante que la película coja forma cuando sigue paso por paso la receta de siempre. Es allí donde realmente todo parece encajar, cuando Gal Gadot es más creíble como la Mujer Maravilla, y cuando la película adquiere un estilo visual espectacular.

Diana es una forastera durante toda la película, una extranjera que no sabe ni entiende por qué nuestra sociedad funciona como tal. Así, pues, se establece una dinámica de pez-fuera-del-agua y Gal Gadot es perfecta interpretando a una Diana que aún está descubriendo cosas sobre nosotros, los mortales. Esta dinámica permite que a través de su personaje se destaquen desequilibrios entre hombres y mujeres, especialmente en la época en la que la película está ambientada. No obstante, su posición se limita exclusivamente a ser una observadora de este escenario. Una escena que puede servir como ejemplo para ilustrar esto se podía encontrar ya en el tráiler de la peli, en la que a Diana se le explica lo que hace una secretaria y ella lo compara con la esclavitud. Después de eso, no pasa nada más. En ningún momento Diana está extrañada de que las mujeres no tengan otro lugar y su único comentario durante todo el largometraje sobre eso es aquella comparación que solo sirve como un simple gag. Y si bien es cierto que durante un momento los roles de género parecen revertidos, víctimas de una subversión importantísima, esto, a la larga, no sirve de mucho, porque termina desapareciendo del tono de la película.


Y si hablamos una vez más del tono de la película, es una pena que la cinta termine rindiéndose en el tercer acto a tener que compartir el empaque estético que sus predecesoras eligieron. Evidentemente, esto no se limita a esta película. Pero es curioso que me resulte imposible diferenciar una escena de la pelea entre Diana y Ares de alguna de las de la pelea entre Doomsday y Superman. Entiendo la intención, por supuesto. Todo debe tener señas reconocibles porque, de lo contrario, no están en el mismo universo, ¿verdad? Esa debe ser la razón. Pero a mi parecer es mucho mejor cuando las películas de este estilo deciden diferenciarse, que fue lo que funcionó tan bien con la propuesta visual de Guardianes de la Galaxia (Guardians of the Galaxy, 2014) en el lado de Marvel, aunque en su segunda entrega no estuviese ajena a tener en sus escena de pelea pequeños brotes de un sentido de la épica que recordaba (mínimamente, ojo) también a El hombre de acero.

Espero no ser malinterpretado, Wonder Woman es una película más que disfrutable. Tiene humor (aunque a mi parecer no sabe encontrar el ritmo para introducirlo) y se permite tener tiempo para construir ciertos momentos dramáticos. Es una película de aventuras con sus aciertos y desaciertos. Y se deberían hacer más (se deberían llevar haciendo durante mucho tiempo, en realidad) películas comerciales con protagonistas femeninas, con heroínas, con mujeres de todo tipo. Pero si la clave es hacer películas de heroínas, debería quedar claro que son eso… heroínas. A pesar de haber disfrutado de Wonder Woman (con defectos y todo), hay un detalle que me incomoda sobremanera y es el hecho de que Diana no sea la heroína de su propia película.

Me explico: el rescate a Steve es circunstancial, su ímpetu por matar a Ares es solo motivado por sus ganas de cumplir su destino y en ningún momento sacrifica nada. De hecho, es el capitán Steve quien: uno) la convence de ir a la guerra, dos) reúne y lidera el equipo para la misión, y tres) se sacrifica para salvar el mundo de los malos. Diana es testaruda y egoísta, mientras Steve se nos es presentado como metódico y con un gran sentido de la justicia. Ejemplo de esto es aquella escena en la que los alemanes están a punto de atacar cientos de ciudades con el arma química perfecta y mientras Steve quiere intentar detener las bombas lo antes posible, Diana lo detiene una y otra vez en un intercambio de diálogos totalmente innecesario.


Diana es un soldado más en su propia película. Es Steve quien dice algo en la línea de “yo seré el héroe hoy y tú serás la heroína de mañana”. Sí, ella aprende, supuestamente, lo que significa la paz, el amor y todos aquellos conceptos tan bonitos, en los dos minutos finales del largometraje. Ella, eventualmente, aprende una lección que le enseña él. Él debe ser el héroe ahora, ella ya mañana, si eso. Se puede discutir sobre que esto es una escena en la que Chris Pine le da “el relevo” a Gadot como quien establece que esta película es la puerta a que existan más filmes de superheroínas mañana… ¿pero por qué no hacerlo con ella como la heroína? ¿Por qué la necesidad de que él sea el verdadero sostén de la trama? Y aunque parezca descabellado, no estoy solo en esto. Rosie Fletcher, de Digital Spy, lo explica muchísimo mejor que yo en este artículo sobre la película. Y es que es, por supuesto, poco cambia cuando tu equipo de guionistas sigue estando conformado por hombres.

Dicho todo esto, Wonder Woman es una caricia después de las bofetadas que han significado para los espectadores películas como Batman v Superman o Escuadrón suicida. Y a pesar de sus errores es un salto enorme que, esperemos, facilitará las cosas para la siguiente película de este género que tenga una mujer en el papel principal. Me alegra muchísimo que haya sido un mayor éxito en taquilla que El hombre de acero y me alegra que eso sirva para callarle la boca a los cavernícolas que creen que una cinta protagonizada por una mujer no puede tener éxito. Incluso cuando siguen una narrativa tan conservadora, incluso cuando me dejan creyendo que lo mejor será esperar a que, de verdad, llegue la heroína del mañana. [★★★]

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