La red social y la importancia del diálogo

El diálogo puede ser un elemento clave en determinadas escenas de una película. Aunque el cine sea un medio predominantemente visual, el guion no deja de ser un factor esencial para el desarrollo de según qué historias y de según qué situaciones. En la cara literaria del cine nos encontramos con la diferencia entre un buen y un mal diálogo: el primero es que el desarrolla a los personajes y la propia escena, conduciendo el momento por unos senderos que sirvan y encajen con el conjunto de la obra; y el segundo es el que no aporta nada más allá de palabras que pueden hacer avanzar la trama pero sin mayor interés, ni subtexto ni intencionalidad. Si hay un guionista al que se le relaciona con el predominante uso del diálogo en la actualidad ese es Aaron Sorkin, con un estilo ingenioso y punzante muy marcado, que a pesar de visitar territorios comunes (suele escribir personajes bastante antipáticos) nunca deja que ese lucimiento, o esa marca, esté por delante de los intereses narrativos de la película o serie que está escribiendo. Siempre te está contando algo, no deja de construir. Para hablar de todo esto he escogido la escena inicial del biopic del creador de Facebook dirigido por David Fincher, La red social (The Social Network, 2010), una obra maestra con uno de los mejores arranques que un servidor ha visto jamás.

La escena nos sitúa en un bar, donde Mark Zuckerberg está teniendo una conversación con Erica Albright, la chica con la que aparentemente lleva un tiempo teniendo citas. Desde los primeros segundos se deja clara la personalidad de cara uno, haciendo especial incapié en el egocentrismo de Mark. Es una persona confiada en sí misma, sabe de su gran inteligencia y, como se desarrolla durante la película, a menudo no es capaz de establecer una conexión personal con otra gente debido a que siempre se sitúa por encima de ellos, en un comportamiento agotador que se desarrolla a lo largo del filme pero que se establece desde aquí, el mismísimo principio. Lo primero que escuchamos de la conversación es a Mark diciendo que en China hay más gente con más de 1600 en sus SAT que gente total en Estados Unidos, algo que Erica no se termina de creer. La charla avanza, y no tardamos en darnos cuenta del egocentrismo de él, además de su manía por saltar de un tema a otro sin previo aviso:

Desde este momento sabemos las posiciones de ambos personajes: ella quiere establecer una conversación normal, mientras que él cambia de un tema a otro, dándonos a entender algo que se desarrollará posteriormente con mayor profundidad: nadie puede seguir el ritmo de Mark, que bien podría ser considerado un sociópata. Y tan importante es para la construcción de un momento así la agudeza de los diálogos como la composición por parte de Fincher (apoyado, cómo no, por el montaje de Kirk Baxter y Angus Wall), que crea una especie de partido de tenis, utilizando el plano contra plano con los dos personajes en plano medio, y sabe adaptar (o mejor dicho: hacer suyo) el ritmo de las palabras escritas por Sorkin. Los guiones de Sorkin tienen un flow determinado, y necesitan de una precisión concreta en la realización y un timing muy ensayado por parte e los actores para que, a pesar de saber que nadie habla así de rápido y de forma tan brillante en la vida real, no nos suenen falsos. Por ello Fincher se centra principalmente en las interpretaciones y en los cortes de un plano medio a otro, que se ven interrumpidos ocasionalmente en momentos señalados en los que se menciona algo que afecta al rumbo de la conversación, pasando así a primeros planos. Un ejemplo de ello es cuando Erica menciona los finals clubs, que es un tema esencial para el devenir del resto de la conversación, o cuando le pregunta esto:

Los primeros planos enfatizan el carácter relevante de lo que acaba de ocurrir, y este es un ejemplo claro: la pregunta que le hace Erica resulta muy ofensiva para él, ya que da a entender que Mark solo podrá entrar en el club más accesible. Lo que puede parecer una pregunta inofensiva, pues Erica lo pregunta sin mala intención, se convierte en otro elemento más de cara a la tensión que se está construyendo en la conversación; porque Mark se siente insultado, pintado como un incompetente no lo suficientemente bueno como para llegar a las grandes ligas, y eso no lo va a permitir. Así comienza una conversación alrededor de estos clubs, con los que Mark parece realmente obsesionado; Erica le pregunta le motivo, a lo que él responde: “Porque son exclusivos. Y divertidos, y te llevan a una mejor vida”. Es interesante cómo estos dos últimos apuntes, “divertidos, y te llevan a una mejor vida”, parecen querer tapar el verdadero motivo por el que quiere estar en uno de estos clubs, y lo ha dicho al principio: “Porque son exclusivos.” De nuevo, construcción de personajes: con esto sabemos que Mark quiere entrar para formar parte de un grupo elitista y así certificar que de veras es uno de los mejores estudiantes dentro de una institución educativa tan competitiva como en la que se encuentra.

Tras un rato de conversación alrededor de estos clubs, con Erica insistiendo en que debería de estar menos obsesionado con ellos, Mark hace un comentario que hace girar toda la escena hacia un lugar más bronco y hostil, y no es para menos:

La cara de Erica lo dice todo, y este fragmento supone el desencadenante de todo lo que van a hablar hasta el final de la escena. Ella no puede creer lo que acaba de oír: ¿va a depender de él para conocer a gente interesante? ¿De qué va? Y no solo eso, sino que ante su cara de sorpresa a Mark no se le ocurre otra cosa que enfatizar su postura acusándola de que están sentados en ese bar solo porque ella se acostó con el tipo de la puerta, algo que Erica, primero, niega, y segundo, señala que ese “tipo de la puerta” es una buena persona, dando a entender de forma indirecta que seguramente Mark no lo sea. Ese comentario hace que Erica le diga que es la última cita que tienen, que pasa de él; es interesante porque en este momento es cuando podemos ver a un Mark más nervioso al no tener el control de la situación, enfrentándose a un problema que no preveía. Él, con ese nerviosismo y ante la intención de marcharse de ella para ir a estudiar, intenta arreglar las cosas, intentando tranquilizarla, hasta que suelta esto:

Mark termina de cavar su tumba de forma definitiva con otro comentario ofensivo. Es realmente brillante la forma en la que Sorkin controla los tiempos, desarrollando una estructura interna muy compleja en la que cada frase nos lleva a la siguiente, que sirve para construir tanto a los personajes (a estas alturas de la escena, es decir, cinco minutos de película en total, ya conocemos a Mark, su forma de pensar y su manera de comportarse). También ayuda el hecho de contar con dos intérpretes de la capacidad de los que nos ocupan: no se me ocurre a nadie mejor que Jesse Eisenberg para este papel, pocos actores son capaces de hablar tan rápido tanto tiempo y sonar creíbles; y comentar las virtudes de Rooney Mara parece una pérdida de tiempo a estas alturas, pero el caso es que vuelve a demostrar su capacidad para expresar todo con los ojos.

Tras esta creciente tensión entre los dos, en lo que empezó como una cita aparentemente normal entre estudiantes, llegamos al que supone el clímax de la escena y la materialización en palabras de lo que el espectador lleva pensando durante estos minutos:

Erica se levanta y se va, dejando a Mark solo y concluyendo una de las mejores escenas de los últimos años. Si algo admiro de guionistas como Aaron Sorkin o, por decir otro, Tarantino, es su capacidad para desarrollar diálogos que parecen alejados de la historia principal que se está contando, o que aparentemente son insustanciales, y convertirlos en subtexto, en construcción de personajes, en combustible para hacer avanzar la trama sin que casi te des cuenta, dándoles la importancia que a menudo merecen en el devenir de fragmentos de un filme. En esta escena (y en toda la película) se junta un guionista a su más alto nivel y un director brillante desarrollando la mejor de sus obras. Para terminar, Fincher nos vuelve a situar en el plano general del principio, para que asimilemos todo lo que acaba de ocurrir y comparemos con el inicio. Volvemos al plano medio por última vez, con un Mark confundido y sobrepasado por lo acontecido, que parece querer terminarse la bebida pero que, finalmente, también se marcha, dando paso a los créditos del filme y arrancando una obra maestra.

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