Mommy y el sueño eterno

Decidir que iba a llevar a esa obra maestra titulada Mommy (íd., 2014) a nuestra sección De escena en escena me brindaba la posibilidad no solo de volver a recomendar una de las grandes películas de los últimos años sino pararme detenidamente a hablar sobre uno de sus momentos. El problema también estaba ahí: qué escena, o secuencia, escoger. Toda la película es memorable, pero hay cuatro o cinco instantes que bien se podrían mostrar en las escuelas de cine. Hablemos, evidentemente con spoilers, de uno de ellos.

Podía haber escogido el momento Wonderwall, que hace un uso espectacular de la música y además es la primera vez que el formato cambia (a manos, literalmente, del protagonista); también podía haberme decantado por el On Ne Change Pas, una de las escenas más bonitas de la película y, de nuevo, con una sincronización musical perfecta (esa palmada); en definitiva, la oferta era enorme, pero finalmente me he decantado por la secuencia conducida por el tema Experience (compuesto por Ludovico Einaudi), cinco minutos de película que difícilmente se pueden olvidar.

Cuando vi el film por primera vez creía que era en este momento cuando la historia iba a encontrar su punto y final, con un cierre quizá demasiado bonito y optimista respecto a lo que veníamos viendo durante el metraje anterior, pero que no encontraba como incoherente: era, para mi júbilo, el triunfo de una persona con problemas, que por fin era feliz y provocaba orgullo en su madre. El formato volvía a cambiar, huyendo de la claustrofobia y buscando los grandes parajes (un puente, carreteras, una playa) y alcanzando el que es para mí uno de los momentos visualmente más potentes de la obra: ese Steve saliendo, con la triunfal carta en la mano, a la calle donde un chaparrón le cala de felicidad. Simplemente prodigioso.

Me fascina cómo está grabada la secuencia y cómo, a medida que avanzamos en ella y nos acercamos a su final (situado en la boda del chaval), los personajes y el entorno se vuelven más borrosos, más difuminados. ¿Qué pasa aquí? ¿Xavier Dolan yendo de listo? En absoluto: al final descubrimos, de una forma tajante, que nos encontrábamos en un sueño de la madre, en un “what if”, en lo que le gustaría que fuera el futuro de su hijo. Pero no lo es; como he dicho antes, demasiado bonito para ser verdad. Por suerte, Mommy es bonita, y Mommy es verdad.

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