Entrevista con el equipo de Sexo fácil, películas tristes (I)

En La Pantalla Invisible tuvimos la oportunidad de conversar con el director y guionista Alejo Flah y con gran parte del reparto de Sexo fácil, películas tristes, que llega a nuestras salas este viernes 24 de abril después de su paso por el Festival de Málaga.

Alejo Flah

Esta es tu primera película como director ¿Por qué elegir la comedia romántica y, sobre todo, por qué desmenuzarla?

Cuando elegí la comedia romántica, que me parece un género tan repetido, parecía casi un oxímoron hacer una comedia romántica que fuera personal. Pero no quería abordarlo con cinismo, quería hacer una comedia romántica que emocione y que tenga esos elementos reconocibles: un Madrid construido como el Nueva York de una película del género, personajes que viven en pisos que nunca se podrían pagar… Es inevitable que, cuando trabajas con un género y lo conoces bien, juegues con él, empieces a deconstruirlo y yo quería jugar con esas líneas, con saber qué va a pasar.

El personaje de Camila (María Alche), la estudiante de Pablo, que termina compartida entre la realidad y la ficción, ¿representa esta transformación de la que hablas?

Exactamente. Ella es el reflejo de esto que estamos hablando. Ella en la realidad está perdida, no sabe qué hacer con su vida, abandona carreras… y luego el personaje de Ernesto la convierte en una directora de teatro exitosa en la ficción. Todos los elementos de la realidad puedes llevarlos a un terreno nuevo en la ficción y ella lo demuestra muy bien, por eso me gusta tanto su personaje. Me gustan esas dos versiones que ella tiene: en la realidad es más perdida y más oscura, mientras que en la ficción se convierte en algo mejor sin dejar de ser ella misma. Ejemplifica muy bien la relación que yo veo entre la realidad y la ficción. Además, María es una muy buena actriz.

Al personaje de Ernesto le toca escribir una comedia romántica mientras se encuentra en la peor etapa de su relación, ¿qué se te pasó por la cabeza cuando escribiste esta película?

Hay una frase de Billy Wilder que yo me puse en la primera página del guión cuando lo escribía que decía “Cuando estaba deprimido escribía comedias y cuando estaba feliz escribía dramas”. La película muestra eso, cómo la ficción puede ser un lugar de refugio, de revancha, donde uno logra hacer cosas que no hace en su vida normal. El personaje de Ernesto, prácticamente no habla durante toda la película; él mira, observa, escucha. El personaje de Quim Gutiérrez, en cambio, no para de hablar, como si a través de la ficción hiciera lo que no puede hacer en su vida, no sólo enamorarse, muchas otras cosas más.

Hablando de Billy Wilder, ¿Cuáles han sido los referentes a la hora de hacer una película de este género?

Son muchos. Siempre que me piden que elija una, digo Los Viajes de Sullivan (Sullivan’s Travels, 1941) de Preston Sturges, que además está protagonizada por un guionista que a mí me gusta mucho. Pero, bueno, luego es inevitable que cuando uno ve el final de El Apartamento (The Apartment, 1960) y el final de Cuando Harry conoció a Sally (When Harry Met Sally, 1989) vea que es el mismo final. Final que es el comienzo de esta película: fin de año en que un personaje sale corriendo. Entonces yo quería jugar con toda esa tradición de la comedia romántica. También, en los años 90, que fue mi adolescencia, hubo una serie de directores norteamericanos Kevin Smith, Cameron Crowe, Richard Linklater que tomaron la comedia romántica clásica y la llevaron a un lugar nuevo. Entonces también yo, seguro que habré sacado cosas de ahí… después todo se mezcla un poco.

¿Hubo alguna escena que se quedo fuera del metraje final? ¿por qué se eliminaron?

Tuve que quitar la escena más cara de la película, en la que Quim y Marta se tiraban en paracaídas, la rodé y no quedó al final. Yo he tenido suerte de ser montador antes y en el montaje de la película uno se tiene que desligar de lo que fue el rodaje. Al igual que una escena genial de Carlos y Bárbara en la puerta de la Filmoteca, mi cine favorito de Madrid, pero la sensación narrativa de esa escena era que contaba lo mismo que otra anterior. Creo que esta es una película que se completa con las ausencias, habían cosas que no había necesidad de contarlas, se completaban por sí mismas.

Preguntando ya más por lo técnico, me llamó mucho la atención la escena con la que abre la película, que comentabas antes: fin de año y en la Puerta del Sol, ¿cómo se rodó esa escena?

Contratamos a cincuenta mil extras (bromea). No, no hicimos eso. El 30 de diciembre se hace un ensayo de las uvas, a los que últimamente va casi más gente de la que va el 31. Metimos a Quim en medio de eso y lo rodeamos de figurantes para que no lo agobien. Fue mi primer día de rodaje, ahí me estrené como director. Había una cámara arriba y dos abajo, entre la gente, y yo estaba con las cámaras de abajo. Las imágenes de la cámara de arriba yo no pude verlas hasta el día siguiente, así que yo estaba preocupado. Si teníamos que hacer una retoma, teníamos que hacerla un año después. En realidad, al día siguiente podríamos haberla hecho, pero habría sido muy difícil convencer a Quim y a todo el equipo de rodar un 31, así que hubiésemos tenido que esperar un año.

Al tener experiencia en el cine argentino y al haber participado ahora en una coproducción en España, ¿nos puedes hablar un poco del panorama de la industria de cine argentino y la industria del cine español? ¿Qué opinión te merecen?

Creo que en ambos casos lo de ‘industria’ les queda grande (ríe). Esto es más “artesanado con esfuerzos”, digamos. Hay distintas cosas: por un lado, una de las cosas en común es que, a estas alturas, se necesita de una televisión para tener cierta visibilidad en la promoción y eso es peligroso. Que el poder del cine esté en manos de la televisión siempre es peligroso. Por otro lado, en Argentina hay una ley del año ’94 por la que los fondos para la producción de cine nacional surgen directamente de la venta de entradas, lo que es bueno. Actualmente en España, hay una ley de cine bloqueada y los productores se enfrentan a una incógnita de cómo abordar el problema. Lo que ha pasado aquí, y ojalá pase en Argentina, es que España ha logrado crear una serie de directores visibles internacionalmente, se esperan en todos los lugares del mundo películas de Bayona, de Álex de la Iglesia, de Collet-Serra o de Almodóvar. En Argentina eso está aún muy verde, pero parece que Damián Szifrón va por esa línea. Lo que también sucede en Argentina es que es muy difícil hacer una película con cierto peso que no sea una coproducción.

¿Tienes en marcha algún proyecto nuevo?

Acaban de rodar un guión que escribí, La Espera, que ha dirigido Daniela Féjerman en Lituania. Y luego, bueno, hay proyectos que están buscando financiación. El más concreto es una película, como director, de aventuras entre España y Francia.

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Ernesto Alterio

¿Qué fue lo que te atrajo del proyecto? ¿Qué te convenció a sumarte?

Conocí a Alejo cuando coincidimos en la serie Vientos de agua, dirigida por Juan José Campanella, en la que él era guionista, y luego en otros proyectos. Cuando preparó la película, pensó en mí y me pasó el guión. El guión me gustó, me pareció original en cuanto a su estructura y me gustó mucho el reparto, a pesar de que no tuve que interactuar con los actores españoles porque todas mis escenas las hice en Argentina. Trabajar con Luis Luque, Julieta Cardinalli, Mónica Antonopolus y especialmente me parecía interesante, y me gustaba este juego entre Argentina y España, entre la realidad y la ficción.

Tu personaje, Pablo, es un guionista al que le encargan escribir una comedia romántica y Alejo empezó como guionista también. ¿Hay algo de álter ego en tu personaje o no?

Yo creía que sí, pero Alejo siempre dice que no. O sea, que no es tan autobiográfica la película. Yo cuando leí el guión le pregunté: “Yo tengo que hacer de ti, ¿no?” y él me decía “ no, no, para nada, yo no soy así”, pero inevitablemente hay mucho de Alejo en la película. Él también ha vivido mucho aquí, ha trabajado como guionista aquí… No es que lo haya imitado, pero hay cosas de él en las que me he fijado sin que él se dé cuenta.

Y en la película vemos a tu personaje meterse en el entramado de la producción de una película que se tiene que hacer como una producción entre dos países, ¿hay algo de real metido sobre este tema en la cinta?

Sí, veo ahí como una doble vuelta de tuerca. Alejo para hacer la película habrá tenido reuniones como las que tiene mi personaje. Lo que pasa es que no es lo mismo, porque para mi personaje esto es un encargo, algo que no le apetece hacer. Lo hace porque tiene la necesidad de ganar algo de dinero, el dinero es un tema para él, el productor no le paga… Eso es muy diferente para Alejo porque es una película muy personal, una película a la que ama, su primera película, y algo que ha generado él, no por encargo.

Antes decíamos que tú eres un nexo dentro de la película para los espectadores españoles y los argentinos, al haber hecho carrera en ambos países. ¿Con tu experiencia, qué opinión tienes de los panoramas de producción cinematográfica tanto en Argentina como en España?

Tengo una opinión triste. El panorama del cine actual no hace falta que lo explique, en España es bastante preocupante. El tema de la cultura, en general, con cuestiones como las del IVA, la crisis económica… eso ha influido en todo y, en particular, en el cine. La situación aquí es complicada y en Argentina es igual de complicada, pero están más acostumbrados, creo yo. Siempre han hecho cosas sea de la manera que sea, siempre han estado en crisis. Pero siento que es un lugar de proyectos muy interesantes y muy diferentes de los que se hacen aquí. Yo tengo la oportunidad de hacer cosas diferentes, hay directores muy originales en Argentina, hay un montón de escuelas de cine, hay un movimiento muy fuerte y la gente, con lo poco que tiene, hace un montón de cosas.

El personaje que interpretas en la película es un escritor, pero también vemos su faceta de amante, de profesor y hasta de mentor, en algún momento, ¿cómo te preparas para un papel como ese? ¿Cómo te metes en la cabeza del personaje?

Casi siempre empiezo haciendo lo que hace el personaje. Es decir, me senté y empecé a ver cómo es idear una historia. Eso y escribir. Escribir mucho en el ordenador, tratar de pensar mucho, y así va cambiando tu mirada o te vas a acercando a la manera de ver el mundo de este personaje. A través de la imaginación, se va moldeando tu cuerpo, tu manera de caminar, tu manera de mirar. Y después está el guión, las palabras que uno dice y cómo se expresa, cómo articula el lenguaje. Cada personaje me dicta sus propios caminos, siempre hay un camino diferente. En este caso sí que me acuerdo de que estuve escribiendo y haciendo las cosas que él hace. Y, luego, construyendo el sistema de relaciones, ya no tanto mi personaje, sino cómo mira a los demás, qué significan los otros para él. Moldeo a los otros y esos otros me moldean a mí.

Esta película juega y explora los clichés propios del género, ¿qué clichés odias y qué clichés te gustan de las comedias románticas?

No me gusta ningún cliché, en realidad. Me gusta que las películas me sorprendan, no me gustan los lugares comunes. Pero, en cierta medida, se agradece también transitar un camino ya conocido y que sepas por dónde va a ir la cosa. Todo tiene su momento.

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