La gran estafa americana y lo cierto de su título

Durante mucho tiempo hemos sido solo dos personas al mando de La Pantalla Invisible, y por ello hace unos meses tomamos la muy afortunada decisión de fichar a colaboradores que nos echaran una mano con el proyecto. Hemos creado una familia (con grupo de Whatsapp loco incluido), todos nos llevamos bien y estamos muy a gusto. Y por ello, saltando a la piscina sin saber ni siquiera si había agua en ella, hemos decidido iniciar una nueva sección en la que todos, los seis de nosotros, damos nuestro punto de vista (de una forma limitada, en un párrafo por cabeza, para no tentar al Dios de lo reiterativo) sobre una película. La primera que hemos escogido, aunque de una forma casi accidental y con alguna que otra protesta interna, ha sido la cinta de David O’Russell, La gran estafa americana (American Hustle, 2013). Que comiencen los juegos.

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Daniel Escaners: Amy Adams, y lo demás

Supongo que los queridos individuos que han escrito más abajo su opinión al respecto de La gran estafa americana hablarán de la película en general, de por qué les gusta o por qué no y de sus aspectos a grandes rasgos. En cualquier caso, el revisionado de la película (y ya van tres) para esta sección me ha recordado más sus problemas que su virtudes: es una obra tremendamente artificial, dirigida y montada con una torpeza notable y que no sabe aprovechar un reparto muy destacable. Pero yo venía aquí a hablar de una actriz que bueno, no sé si sabréis que me gusta mucho, ya que apenas hablo de ella (que se note la ironía, por favor): Amy Adams. Una de mis intérpretes favoritas y lo mejor de la cinta de David O’Russell, aquí realiza un papel muy diferente a lo que veníamos viendo a lo largo de su carrera: está lejos de la monja de La duda (Doubt, 2008) o incluso de la mujer en la sombra que desarrollaba en The Master (íd., 2012). Embutida en trajes que enseñan más carne que pescado, interpreta a una mujer vacía y triste que a lo largo del metraje va mostrando sus colores; una pena que el guión no esté a la altura de una actriz (bueno, de un reparto) tan enorme. Este proyecto se lo das a Scorsese y te hace la película del año. Pelazos incluidos.

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Daniblacksmoke: Everyday I’m hustlin

La primera escena de la película empieza con el personaje de Christian Bale intentado arreglar su desastroso pelo. Es una metáfora de todo lo que supone toda La gran estafa americana, en esencia, como el propio título indica, una gran estafa. Una obra aplaudida por la crítica y nominada a numerosos premios pero que a criterio personal peca de ser demasiado superficial y con muchos artificios. La dirección es un desastre que intenta simular al Scorsese de Casino (íd, 1995) o Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990) pero quedándose a kilómetros de distancia de dicho nivel. Los zooms loquísimos e innecesarios, las voces en off que van rotando de protagonista y la narración estrepitosa con flashbacks que atropellan el ritmo son algunos de los múltiples defectos que pueblan el film. El metraje es exageradamente largo, lo que no ayuda en una trama repetitiva y llena de banalidades, aunque entretiene, no lo niego. David O. Russell reúne un reparto lleno de estrellas reconocidas donde suma actores y actrices que ya trabajaron con él en sus anteriores producciones. Y una cosita, no hace falta que griten en cada escena en la que están enfadados o tristes, que por cierto es más de la mitad de la película. Aparte de todo lo malo y un vestuario/peluquería sobresaliente, cuenta con un soundtrack maravilloso que puede que sea lo mejor de la película junto a la breve escena del Lip Sync de Jennifer Lawrence con el Live and Let Die de Paul McCartney y los Wings. 

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Alecxps: El gran pelazo americano

Es difícil condensar mis pensamientos sobre La gran estafa americana pero haré un intento y espero saber hacerlo mejor que David O. Russell, quien no se esfuerza por condensar su ¿comedia? y prefiere extenderla hasta unos interminables ciento treinta y ocho minutos. Porque aunque la trama de la ABSCAM sea atractiva, que lo es, no creo que mirar al reloj unas ciento cincuenta veces durante la película sea señal de que es muy entretenida. Se puede hacer cine de estafas muy entretenido, hay mil ejemplos, pero aquí Russell prefiere darle más importancia de la necesaria a la vida personal de los protagonistas y, aunque lo haga de una manera bastante histriónica, en mi caso solo hacía que desconectara de la película y me aburriera. Lo único positivo es que debido a esta importancia de los personajes, las interpretaciones son mejores de lo normal, especialmente las de “Fat” Christian Bale y Amy “Escotes” Adams. Por último, destacar los pelazos que se gastan los personajes, con el estratosférico tupé de Renner, la horrible permanente de Cooper y el verdadero protagonista del film, el complicado peluquín de Bale. Yo creo que reorientar la película a hacer una (verdadera) comedia llamada American Hairstyle sobre quien tiene el peor peinado nos hubiese dado algo mucho más entretenido y divertido.

Rosalyn Rosenfeld (Jennifer Lawrence) & Sydney Prosser (Amy Adams) in the Grand Old AC Hotel powder room in Columbia Pictures' AMERICAN HUSTLE.

GabriL0L: Buena historia, terrible dirección

La gran estafa americana peca de una duración absurda para una cinta que podría haber sido perfectamente resumida en un tiempo bastante menor: ni los extravagantes peinados, ni algunos momentos locos logran hacer de la obra algo más ameno. Aunque, si bien este defecto existe, no me parece que merezca las críticas negativas tan duras que ha llegado a recibir. Me parece una película prescindible, no es una obra que requiera un visionado obligado, pero tampoco creo que sea tan mala como muchos dicen que es. La gran estafa americana entretiene, con un reparto muy bueno limitado por una dirección bastante floja –por no decir horrible- pero con interpretaciones decentes, destacando a Amy Adams y Jennifer Lawrence, y una buena historia, aunque esta última podría haber dado más de sí. En resumen, aunque no te pierdes nada por no verla, es una película que entretiene y que podría llegar incluso a gustar al espectador. No es una cinta que volvería a ver, pero no he sentido que he perdido el tiempo al verla.

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TooGeek: Hablemos del engaño

Voy a ser sincero: David O. Russell no me gusta, algo que no puedo argumentar pues es totalmente subjetivo. Dicho esto, La gran estafa americana creo que fue rodeada de un halo de ‘hateo’ por gente como yo que al final impidió que se viese la película de una manera objetiva. Pero bueno, tengo un mini parrafito para deciros algo sobre esta película, y creo que tiene poco sentido ya hablar de su falta de originalidad, de lo buenas que son sus interpretaciones, etc. Más allá de eso, prestemos atención a lo que nos quiere contar la película: las apariencias engañan. Lo que se dice, no tiene por qué ser lo que se piensa. Y esto, desde un punto de vista metaficcional es muy interesante, pues a veces como espectadores olvidamos que lo que un personaje dice, no tiene por qué ser lo que piense. Y eso es precisamente lo que quiere ser La gran estafa americana, un juego de mentiras constantes que llegue al punto en el que ya no sepas lo que piensa cada uno. Eso es lo que quiere ser. Que lo consiga o no, queda a juicio de cada uno.

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Charlie Simmons: Suéltate el pelo

David O. Russell, oye, es hora de que lo sepas y, mira, no es fácil decirlo, pero, efectivamente, me caes mal. Y con La gran estafa americana, déjame añadir, has logrado dos cosas importantísimas: primero, has logrado que esta película me caiga igual de mal que tú; segundo, tienes el mérito de dirigir una película no solamente sin personajes interesantes, sino, directamente, sin ningún personaje. Y para mí ninguna peluca, peinado extravagante o barriga puede sustituir un guión bien estructurado, personajes con más de una característica y una película de duración más adecuada a la historia que nos estás contando (que, al final del día, por cierto, no sé bien cuál quieres que sea). Eso sí, los actores se merecen todos los premios por soportarte y por intentar realmente que esta película tenga algún tipo de forma aceptable. Y es el único premio que se merecen, la verdad, porque el resto es sobreactuación. Con todo esto, David, tengo dos cosas que decirte, una buena y una mala. La buena es que la música que escogiste es deliciosa; la mala es que no eres Tarantino, ni mucho menos Scorsese. Besis.

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