Speed Racer: ¿Genialidad, desastre o mero divertimento?

Queremos tomar como hábito el reunirnos todos los miembros de la página bajo un mismo techo —o artículo, mejor dicho— y brevemente dar nuestra opinión de una película en concreto. Hasta el momento han pasado por aquí La gran estafa americana y Spring Breakers, y no era mal momento para poner encima de la mesa la tercera seleccionada, la amada por muchos y odiada quizá por incluso más gente Speed Racer (íd., 2008).

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Daniel Escaners: ¿Pero esto va en serio?

Hay un momento en la carrera final de Speed Racer en el que el protagonista empieza a recordar —o eso nos insinúa uno de los peores montajes que he visto en bastante tiempo— conversaciones con seres queridos, instantes que le sirven de inspiración para hacer lo que tiene que hacer. Es ahí, en ese par de minutos, donde encuentro una rendija de luz, siento algo de emoción e implicación. ¿Cuál es el problema? Son dos minutos, y luchan contra más de dos horas que forman, sin despeinarse, un sofisticado atentado a la vista. Ese colorido mundo, en el que parece que en cualquier momentos van a aparecer los Lunnis y los Teletubbies en busca de un abrazo, está constituido por capas y capas de efectos digitales que ya no es que den sensación de falsedad, elemento que se puede utilizar sabiamente, sino que no aportan más que estímulos visuales que te golpean, una y otra vez, hasta la extenuación. Si al hecho de no dar crédito a lo que estás viendo en pantalla le sumas un guión que de gracioso tiene poco y de incoherente tiene mucho, voilá, te sale una cinta que me confirma, a falta de ver El atlas de las nubes, que los Wachowski hicieron una película buena, de nombre Matrix, de pura chiripa.

Daniblacksmoke: Cine del futuro

La película que tratamos hoy en esta querida sección comunitaria siempre me ha llamado la atención pero nunca me había puesto con ella. Cuanto más tiempo pasaba, más reticente me encontraba para ponerme a verla de una vez. Siempre la he considerado una película con malas críticas —que lo es— pero por eso precisamente me sorprende el número de gente que la tacha de obra maestra y que la defiende como “cine del futuro”. Si los Wachowski se han adelantado a su tiempo con esta cinta y el cine del futuro es algo similar a Speed Racer podemos dar por muerto nuestro amado séptimo arte, al menos desde mi punto de vista. Sinceramente, no me esperaba algo de mucha calidad pero lo que me he encontrado ha sido una cinta de dos horas y cuarto con un sentido del gusto más que cuestionable. No voy a hablar mucho más porque no voy a perder más tiempo del que ya he perdido viendo esto. Imagino que mis compañeros ya hablaran de esa trama infantiloide y ridícula del hermano pequeño del protagonista y su mono; los nefastos y sobreexplotados efectos digitales con una utilización de cromas dignas de cine de serie B; las sobreactuaciones de todos y cada uno de los actores que componen el reparto; y de su montaje, que redefine la palabra hortera —si es que no lo hacen ya todos los apartados artísticos de la película—. Espero, de verdad, que exista una versión buena de Speed Racer y que la que yo he visto sea una versión cutre hecha por un fan del anime original. Porque sobre el papel sí que podría haber sido cine del futuro.

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Alecxps: Go, Speed Racer, Go!

Venían de dirigir la trilogía Matrix cuando los Wachowski Bros. se pusieron detrás de las cámaras de un proyecto mucho más alegre y para todas las edades: Speed Racer. Aquí los Wachowski se sienten liberados y demuestran valentía —como ya hicieron con Matrix— al rodar una película estéticamente tan fuera de lo común y que podríamos definir como un espectáculo extremadamente colorido que coquetea al límite con la epilepsia del espectador. Este festival fluorescente está presente, principalmente, durante las dinámicas y vertiginosas carreras por diversos circuitos físicamente imposibles, secuencias que en ocasiones me hacían sentir como un niño pequeño cuando se queda embobado mirando brillantes lucecillas moverse. Pero no todo es tan perfecto ya que por desgracia todo este esplendor cromático no viene acompañado por un CGI de calidad y el resultado de algunas escenas es más bien cutre. También hay que mencionar las originales —pero a veces excesivas—transiciones con las caras de los personajes. ¿Genialidad? ¿Horror? No tengo ni idea. Entrando ya en el corazón de la película, dentro de su etiqueta de película infantil tiene toques de comedia muy tontos, la mayoría de la mano del hermano pequeño y el mono —tan odiosos como Jar Jar Binks—, y trata temas habituales como la familia, la pasión y los sueños, pero también tiene espacio para la crítica al lado negro del mundo empresarial. En definitiva, Speed Racer tiene innegables fallos que pueden lastrar mucho el visionado, pero también es atrevida y cuenta con secuencias automovilísticas de lo más estimulantes y emocionantes que pueden llegar a despertar al niño que uno lleva dentro.

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GabriL0L: Lo cutre puede ser interesante

Tras las pocas imágenes que había visto y lo poco que conocía sobre esta película, lo que menos me apetecía probablemente para pasar la tarde era gastar mi tiempo en ver Speed Racer, pero daba la casualidad de que no era decisión mía, así que tocaba ponerse a ello. Tras un primer contacto algo extraño, acabé acostumbrándome a lo cutre y extravagante —por llamarlo de alguna manera— de su estilo visual e incluso acabó por llamarme la atención, cosa que hizo que viese con algo más de ganas esta cinta. El guión es flojo, con algunos momentos que dan hasta algo de vergüenza ajena, y las actuaciones tampoco es que sean para matarse pero, incluso después de todo, la maldita película me ha gustado. Será porque lo cutre me llama la atención o por ese recuerdo que me trae a la serie de animación, pero finalmente he acabado aprobando este conjunto de sinsentidos porque, aun tras todo, he sido capaz de encontrarle cierto encanto. La película resulta entretenida y la acción en las carreras, aunque bastante cutre —siento repetirme, pero creo que es la palabra que mejor define al conjunto—, me ha gustado y mantenido con un mínimo de interés todo el tiempo, el justo para aguantar la película. En resumen, no es una cinta recomendable pero tampoco es algo insufrible. Si te toca verla, pues bien, si no, tampoco te pierdes nada en absoluto. Y oye, digo yo que ya podrían haber reciclado el CGI, haber añadido unos caparazones y unos plátanos y les sale un live action de Mario Kart 8 que telita… Y, en este caso, teniendo en cuenta como ha sido el paso de Super Mario por el cine, yo me conformaría, la verdad.

TooGeek: Si no fuese por el mono y el niño…

Tras escuchar lo peor y más de Speed Racer intenté ir lo más abierto de mente a ver la película y… Tampoco es que me haya sorprendido, pero desde luego creo que hay cosas buenas de las que hablar. Los Wachowski son de las personas que, desde Matrix, mejor han entendido el cambio del cine tradicional al cine digital, un cambio que quizás desde fuera parezca superficial, pero que a efectos de creación es un cambio increíble. Y esto es pertinente pues Speed Racer es una película especialmente hecha para el medio digital, aprovechando sus puntos fuertes (y los débiles). Así tenemos una película que, aunque algunos la tachen de “cutre”, tiene una estética única y que no podría haberse hecho si no fuese por el cine digital. Una estética que oscila entre Spy Kids (íd., 2001) y Charlie y la fábrica de chocolate (Charlie and the Chocolate Factory, 2005), además de utilizar los recursos estilísticos del anime en el que se basa y un gran abanico de referencias a la cultura popular de los videojuegos. Y todo esto sería muy bonito si no fuese por una historia típica, que no funciona del todo y que tiene a ese niño y a ese mono tan insoportables.

Charlie Simons: Cómo pudo haber salido tan mal

Se discute hacer una adaptación familiar de Speed Racer (Meteoro, para los amigos) y cuando alguien propone darle el proyecto a los Wachowski, se cree que puede ser una buena idea —y quién los puede culpar si ahí está Matrix, una entretenida película de acción, éxito de taquilla y con un fiel grupo de seguidores que le atribuyen una profundidad filosófica envidiable—. Con respecto al casting, se barajan distintos actores y se termina por escoger a Emile Hirsch, el protagonista de La vecina de al lado, para el papel principal y se cree que puede ser una buena idea —y, claro, el tipo ha hecho un buen trabajo en Hacia rutas salvajes y, una vez más, cómo podemos culparlos—. ¿Que John Goodman sea el padre y Susan Sarandon la madre? Maldita sea, toma mi dinero, las llaves de mi coche y de mi casa. ¿No? Pues resulta que no, que todo queda en intento fallido, en un gran esfuerzo que desatina, que no cuaja y no se entiende. No extraña que esta sea una de las películas que más se la pegó en la taquilla de la década pasada y es que, visto lo visto, al espectador, tanto casual como fan de Meteoro como cinéfilo acérrimo, ¿cómo podemos culparlos? Speed Racer no es otra cosa que un disparate audiovisual plagado de transiciones y momentos artificiales que hacen que uno se pregunte el porqué del esfuerzo sobrehumano de que todo parezca de plástico, de neón, de mentira, que parezca que nada está ahí y, finalmente, que nada importa. Cuando las interpretaciones son tan dignas como en esta película, tan genuinas y maduras, da mucha pena—y un poco de rabia— que el resto de elementos se termine cargando una película que, además, es excesivamente larga y a la que le sobran, probablemente, dos horas y veinte.

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